A estos argumentos Lightfoot añade dos más de carácter general. El primero es que esta es la teoría de la tradición cristiana; y el segundo, que cualquier otra explicación sería «escandalosa para el sentimiento cristiano.» Pero lo básico de esta teoría procede del mismo origen que la teoría jeronimiana. Su intención es garantizar la virginidad perpetua de María, de la que no hay ni evidencia ni sugerencia en el Nuevo Testamento, y es la razón por la cual surgieron estas explicaciones posteriores.
La teoría helvidiana
Así se llama la tercera teoría. Afirma sencillamente que los hermanos y hermanas de Jesús eran en realidad Sus hermanos y hermanas en el sentido más pleno de la palabra; que, para usar el término técnico, eran Sus hermanos uterinos. No se sabe nada del Helvidius de quien toma nombre esta teoría, excepto que escribió un tratado en su defensa al que contestó Jerónimo con otro en el que la rebatía enfáticamente. ¿Qué se puede decir en su favor?
(i) Ninguna persona que leyera el Nuevo Testamento sin presuposiciones teológicas sacaría otra conclusión. A la vista de los hechos, la historia evangélica no da a entender que hubiera ningún misterio en el parentesco de los hermanos y hermanas de Jesús.
(ii) Los relatos de la Navidad, tanto en Mateo como en Lucas, dan por sentado que María tuvo otros hijos. Mateo escribe: «Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús» (Mateo 1:24s, R- V; la palabra primogénito falta en algunos manuscritos y traducciones): La implicación obvia es que José hizo vida marital normal con María después del nacimiento de Jesús. De hecho Tertuliano cita este pasaje para demostrar que tanto la virginidad como el matrimonio están santificados en Cristo por el hecho de que María fue primero virgen y luego esposa en el sentido pleno de la palabra. Lucas, escribiendo acerca del nacimiento de Jesús dice: «Y dio a luz a su hijo primogénito» (Lucas 2:-7). Al llamar a Jesús su hijo primogénito se indica claramente que tuvo otros hijos después:
(iii) Como ya hemos dicho, el hecho de que Jesús se quedara en Nazaret como carpintero hasta la edad de treinta años es por lo menos una indicación de que era el hijo mayor y tenía que asumir la responsabilidad del mantenimiento de la familia después de la muerte de José.
Creemos que los hermanos y hermanas dé Jesús eran realmente Sus hermanos y hermanas. Cualquier otra teoría surge de un deseo de glorificar el ascetismo (Doctrina y actitud que busca la perfección del hombre por sus propios medios mediante la práctica de una vida austera y mortificante) y de demostrar que María permaneció siempre virgen. Es indudablemente más hermoso creer en la santidad del hogar que creer en el celibato como un estado superior al matrimonio. Así pues, creemos que Santiago, al que llamaban el hermano del Señor, era en todos los sentidos Su hermano.
Santiago, el autor de esta carta
¿Podemos decir entonces que fue este Santiago el autor de esta carta? Vamos a recoger la evidencia a favor de esta idea.
(i) Si es verdad que Santiago escribió una carta, sería de esperar que fuera una epístola general, como lo es esta. Santiago no era como Pablo, viajero y hombre de muchas congregaciones. Era el moderador de la sección judía de la Iglesia; y la clase de carta que esperaríamos de él sería una especie de encíclica dirigida a todos los cristianos judíos.
(ii) Nos costaría encontrar nada en esta carta que no fuera aceptable para cualquier buen judío; hasta tal punto que hay intérpretes que dicen que se trata de hecho de un tratado ético judío que se ha introducido en el Nuevo Testamento. Alan Hugh McNeile, teólogo de 1800, indica que se encuentran en Santiago frases tras frases que se podrían tomar tanto en un sentido cristiano como judío. Las Doce Tribus de la Diáspora (1:1) se podría referir tanto a los judíos exiliados esparcidos por todo el mundo como a la Iglesia Cristiana, el nuevo Israel de Dios (Gálatas 6:16; cp. Apocalipsis 21:12 y 14). «El Señor» se puede entender una y otra vez en esta carta tanto refiriéndose a Jesús como a Dios. (1:7; 4:10, 15; 5:7, 8, 10, 11, 14, 15). El que Dios nos engendrara o hiciera nacer por la Palabra de Su Verdad para que fuéramos los primeros frutos de Su Creación (1:18) se puede entender igualmente bien en relación con la primera Creación de Dios y con la re-creación en Jesucristo. La perfecta ley y la ley regia (1:25; 2:8) se- pueden entender igualmente bien como la ley ética de los Diez Mandamientos o como la nueva ley de Cristo (Cp. 1 Corintios 9:21).
Los ancianos de la iglesia, la ekklésía (5:14), se pueden entender igualmente bien como los ancianos de la iglesia cristiana o como los ancianos judíos, porque en la Septuaginta, ekklésía es el título del pueblo es cogido de Dios. En 2:2, «vuestra congregación» traduce synagogue, que puede querer decir sinagoga más normalmente que congregación cristiana. La costumbre de dirigirse a sus lectores como hermanos es totalmente cristiana, pero también totalmente judía. La venida del Señor y la descripción del Juez esperando a la puerta (5:7, 9) son tan corrientes en el pensamiento cristiano como en el judío: La acusación de haber matado al justo (5:6) es una frase que aparece una y otra vez en los profetas, pero que los cristianos entenderían como una referencia a la Crucifixión de Cristo: No hay nada en esta carta que un judío ortodoxo no pudiera aceptar cordialmente si la leía desde su entorno: Se podría decir que todo esto le va perfectamente a Santiago: era el líder de lo que podríamos llamar la cristiandad judía, y el cabeza de la parte de la Iglesia con sede en Jerusalén. Tiene que haber habido un tiempo en que la Iglesia estaba muy próxima al judaísmo y parecía un judaísmo reformado más que otra cosa. Hubo una clase de cristianismo que no tenía la amplitud universalista que aportó la mente de Pablo. El mismo Pablo decía que la esfera gentil le correspondía a él, y la judía a Pedro, Santiago y Juan (Gálatas 2:9). La carta de Santiago puede que represente una clase de cristianismo que se mantenía en su forma más primitiva. Esto explicaría dos cosas:
(a) Explicaría la frecuencia con que Santiago repite la enseñanza del Sermón del Monte. Podríamos, entre muchos otros ejemplos, comparar Santiago 2:12s con Mateo 6:14s; Santiago 3:11-13 con Mateo 7:16-20; Santiago 5:12 con Mateo 5:34-37. Sería normal esperar que cualquier cristiano judío mostrara un interés especial en la enseñanza ética de la fe cristiana.
