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Introducción a la Carta de Santiago

(b) Ayudaría a explicar la relación de esta carta con la enseñanza de Pablo. En una primera lectura, Santiago 2:14-26 parece un ataque frontal al paulinismo. «Toda persona se justifica por las obras, y no por la fe exclusivamente» (Santiago 2:24) parece estar en flagrante oposición a la doctrina paulina de la justificación por la fe sola. Pero lo que Santiago está atacando es una mal llamada fe que no tiene resultados éticos; y una cosa está meridianamente clara: que cualquiera que acusara a Pablo de haber predicado tal «fe» no es posible que hubiera leído sus cartas sin prejuicios. Estas están llenas de exigencias éticas, como ilustra, por ejemplo, el capítulo 12 de Romanos. Ahora bien: Santiago murió el año 62 d. C. , y por tanto no podía haber leído las cartas que no llegaron a ser propiedad universal de la Iglesia hasta el año 90 d. C. Por tanto, lo que Santiago ataca no es sino un malentendido de lo que Pablo decía, y una tergiversación de ello; y en ningún sitio era más probable que surgiera ese malentendido o esa tergiversación que en la misma Jerusalén, donde el hincapié que hacía Pablo en la fe y en la gracia, y su presentación del Evangelio como opuesto al legalismo judío se mirarían con más suspicacia que en ningún otro sitio.

(iii) Se ha hecho notar que Santiago y la carta del Concilio de Jerusalén a las iglesias gentiles tienen por lo menos dos curiosas semejanzas. Las dos empiezan con la palabra Saludos (Santiago 1:1; Hechos 15:23). La palabra griega es jairein, que era la manera corriente de empezar una carta en griego, pero que no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento salvo en la carta del jefe militar Claudio Lisias al gobernador de la provincia (Hechos 23:26-30). La segunda coincidencia es la frase que se aplica a todos tos gentiles sobre los cuales es invocado mi nombre (Hechos 15:17), el buen nombre que fue invocado sobre vosotros (Santiago 2:7). Es curioso que la carta del Concilio de Jerusalén, que redactaría probablemente Santiago, y la epístola que lleva su nombre, sean los únicos lugares del Nuevo Testamento en los que aparecen estas dos frases características.

Así es que hay evidencias que le dan credibilidad a la creencia de que Santiago fue la obra de Santiago, hermano del Señor y cabeza de la iglesia de Jerusalén. Por otra parte, hay hechos que nos hacen ponerlo en duda.

(i) Si el autor fue el hermano del Señor, habríamos esperado que hiciera alguna referencia a ese hecho. El único titulo que se aplica es «siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (1:1). Tal referencia no habría sido para su gloria personal en ningún sentido, sino sencillamente para prestarle autoridad a su carta. Y tal autoridad habría sido especialmente útil fuera de Palestina, en países en los que no se le conocería. Si el autor era de veras el hermano del Señor, nos sorprende que no haga referencia a ese hecho, directa o indirectamente.

(ii) Faltando la referencia a su parentesco con Jesús, se habría esperado que se la hiciera al hecho de que era un apóstol. Era costumbre de Pablo el empezar sus cartas haciendo referencia a su apostolado. No se trata de una cuestión de prestigio personal, sino de garantía de autoridad para escribir. – Si este Santiago era el hermano del Señor y el cabeza de la iglesia de Jerusalén, habríamos esperado que mencionara al principio de su carta que la escribía en calidad de apóstol.

(iii) Lo más sorprendente de todo es lo que hizo que Lutero pusiera en duda el derecho de esta carta a estar en el Nuevo Testamento: la casi total carencia de referencias al Señor Jesucristo mismo. Sólo dos veces en toda, la carta se menciona Su nombre, y las dos veces son casi idénticas (1:1; 2:1).No hace la menor referencia a la Resurrección de Cristo. Sabemos muy bien que la Iglesia Primitiva se levantaba sobre la base de la fe en el Cristo Resucitado. Si esta carta era la obra de Santiago, es contemporánea de los acontecimientos de Hechos; donde la Resurrección se menciona no menos de veinticinco veces. Lo que lo hace todavía más sorprendente es que Santiago tenía un motivo personal para escribir acerca de las apariciones de Jesús, una de las cuales cambió radicalmente el curso de su vida. Es sorprendente que nadie que escribiera en ese tiempo de la historia de la Iglesia no hiciera referencia a la Resurrección de Jesús; y doblemente si el autor era Santiago el hermano del Señor. Tampoco hace referencia a Jesús como el Mesías. Si Santiago, el cabeza de la iglesia de Jerusalén, estaba escribiendo a los judíos cristianos en aquellos días tempraneros, uno habría creído que su objetivo principal habría sido presentar a Jesús como el Mesías, o que por lo menos habría dejado bien clara su fe en ello; pero la carta ni lo menciona.

(iv) Está claro que el autor de esta carta está empapado del Antiguo Testamento; y también que conoce íntimamente la literatura sapiencial, cosas ambas que se podían esperar en Santiago. Hay en su carta veintitrés posibles citas del Sermón de la Montaña, cosa que también se puede entender fácilmente porque, desde el principio, desde antes que se escribieran los evangelios, deben de haber circulado compendios de las enseñanzas de. Jesús. Algunos suponen que tiene que haber conocido las cartas de Pablo a los Romanos y a los Gálatas para decir lo que dice acerca de la fe y las obras, pero a eso se objeta razonablemente que un judío que nunca hubiera salido de Palestina y que hubiera muerto el año 62 d. C. no tendría por qué haber conocido esas cartas. Como ya hemos visto, esas suposiciones no se pueden mantener, porque la crítica de la doctrina de Pablo en Santiago podría haber surgido sólo de alguien que no había leído esas cartas de primera mano, y que estaba enfrentándose con algo que no era más que un malentendido o una tergiversación de la doctrina paulina. Pero la frase en 1:17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto,» es un perfecto verso exámetro que tiene todo el aspecto de ser una cita de algún poeta griego; y la frase en 3:6: «el ciclo de la naturaleza» puede ser una expresión órfica procedente de las religiones misteriosas. ¿De dónde se habría sacado un judío que no hubiera salido de Palestina tales citas?

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