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Introducción a la Carta de Santiago

Hay cosas difíciles de explicar si se da por seguro que Santiago el hermano del Señor fue el autor de esta carta. La evidencia a favor o en contra está muy equilibrada.

La fecha de la carta

Cuando consideramos la evidencia para la fecha de la carta la encontramos igualmente equilibrada. Es posible deducir que es muy temprana, e igualmente que es tardía.

(i) Cuando Santiago estaba escribiendo, está claro que la esperanza de la Segunda Venida de Cristo era aún muy real (5:7-9). Esta esperanza no se perdió nunca en la Iglesia Primitiva, pero sí se desvaneció en parte del centro de su pensamiento cuando parecía que se atrasaba considerablemente. Esto sugeriría una fecha temprana.

(ii). En los primeros capítulos de Hechos y en las cartas de Pablo hay un trasfondo continuo de controversia con los judeocristianos para aceptar a los gentiles en la Iglesia sobre la base de la sola fe. Dondequiera que iba Pablo le seguían los judaizantes, y la aceptación de los gentiles no fue una batalla que se ganara fácilmente. En Santiago no hay ni una sugerencia de esta controversia judeo-gentil, hecho doblemente sorprendente si recordamos que Santiago el hermano del Señor representó un papel decisivo en la decisión del Concilio de Jerusalén. En ese caso, esta carta podría ser o muy temprana, anterior a la mencionada controversia, o tardía y escrita cuando ya se había acallado el último eco de la controversia. El hecho de que esta no se mencione se puede usar a favor de cualquiera de las dos fechas.

(iii) La evidencia del orden eclesiástico que se refleja en la carta también es conflictiva. El lugar donde se reúne la iglesia todavía se llama synagógué (2:2), lo que indicaría una fecha temprana; más tarde los cristianos usaron sistemáticamente ekklésía, porque el término judío se había descartado. Los ancianos de la iglesia se mencionan (5:14), pero no los obispos ni los diáconos, cosa que parece indicar fecha temprana otra vez, y posiblemente la continuación del orden judío, ya que los ancianos eran una institución judía antes de serlo cristiana. Santiago está preocupado con la existencia de muchos maestros (3:1), que es otro detalle que puede apuntar a una situación muy temprana, antes de que la Iglesia sistematizara su ministerio e introdujera ningún tipo de orden; aunque también podría indicar una fecha tardía, en la que los falsos maestros habían invadido la Iglesia como una plaga.

Hay dos hechos de carácter general que parecen indicar más bien una fecha tardía. El primero que, como ya hemos visto, apenas se menciona a Jesucristo. El tema de esta carta son, de hecho, las inconveniencias e imperfecciones, y los pecados y errores de los miembros de la iglesia. Esto parece apuntar a una fecha bastante tardía. La predicación original irradiaba la gracia y la gloria del Cristo Resucitado; la posterior pasó a ser, como sucede ahora, una diatriba contra las imperfecciones de los miembros de la iglesia. El segundo hecho general es la condenación de los ricos (2:1-3; 5:1-6). La discriminación a su favor y su arrogancia parecen haber sido un verdadero problema cuando se escribió esta carta. Ahora bien: en la Iglesia original había muy pocos ricos, si es que había alguno (1. Corintios 1:26s). Santiago parece ser el exponente de un tiempo en que la Iglesia, antes pobre, se veía amenazada por la mundanalidad.

Los predicadores del mundo antiguo

Nos ayudará a fechar esta carta llamada de Santiago, y a identificar a su autor, el colocarla en su contexto del mundo antiguo.

El sermón se identifica con la Iglesia Cristiana, pero no fue ni mucho menos su invención. Tenía sus raíces tanto en el mundo helenístico como en el judío; y cuando comparamos Santiago con los sermones helenísticos y judíos no podemos por menos de sorprendernos de sus semejanzas.

Consideremos en primer lugar a los predicadores griegos y sus sermones. El filósofo ambulante era una figura corriente en el mundo antiguo. Algunas veces era estoico, pero las más de las veces cínico. Dondequiera se reunía la gente, se le podía encontrar exhortando a la virtud, ya fuera en una esquina o en una plaza, en las grandes concentraciones de público que se reunían para los juegos, hasta en las luchas de gladiadores, y a veces hasta dirigiéndose al emperador para reprenderle por su lujo o tiranía y exhortarle a la virtud y a ¡ajusticia. El antiguo predicador, el filósofo-misionero, era una figura frecuente en el mundo antiguo. Había habido un tiempo cuando la filosofía era asunto de escuelas, pero en este su voz y sus exigencias éticas se podían oír diariamente en las plazas públicas.

Estos sermones antiguos tenían ciertas características. El método, era siempre el mismo; y ese método había influido profundamente en la presentación que hacía Pablo del Evangelio, y Santiago tenía los mismos precursores. Alistaremos algunos de los trucos comerciales de esos predicadores antiguos advirtiendo cómo se presentan en Santiago, y tendremos presente cómo escribía Pablo a las iglesias. El principal objetivo de esos predicadores antiguos, debe recordarse, no era descubrir ninguna nueva verdad, sino despertar a los pecadores del error de su camino, e impulsarlos a mirar las verdades que ya conocían pero habían olvidado o abandonado. Su propósito era desafiar a la gente con la vida noble para apartarla de la vida irresponsable e impía.

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