Jerónimo insiste en que la segunda manera es la correcta; y por tanto la hermana de la Madre de Jesús y María la mujer de Cleofás son la misma persona. En ese caso tiene que ser la misma que en las otras listas figura como la madre de Santiago y de José. El Santiago que es su hijo es el que se conoce como Santiago el Menor, y como Santiago el hijo de Alfeo, y como Santiago el hermano del Señor. Esto quiere decir que Santiago es el hijo de la hermana de María, y por tanto primo de Jesús.
Hasta aquí el argumento de Jerónimo, al que se pueden oponer por lo menos cuatro objeciones.
(i) Una y otra vez se llama a Santiago hermano de Jesús; o se le, cuenta entre los hermanos de Jesús. La palabra que se usa en todos los casos es adelfós, que generalmente quiere decir hermano. Es verdad que puede describir a personas que pertenecen a una cierta comunión, como hacemos corrientemente entre cristianos. Y también es verdad que se puede usar afectuosamente con una persona con la que nos une una gran intimidad personal. Pero cuando se usa dentro de la familia es, para decir lo menos, muy dudoso que quiera decir primo. Si Santiago era primo de Jesús, es muy poco probable, por no decir imposible, que se le conociera como el adelfós de Jesús.
(ii) Jerónimo se equivocó al suponer que el término apóstol sólo se les aplicaba a los Doce. Pablo era un apóstol (Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1. ; Gálatas 1:1). Bernabé era un apóstol (Hechos 14:14; 1 Corintios 9:6). Silas también era apóstol (Hechos 15:22): Andrónica y Junias eran apóstoles (Romanos 16:7). Es imposible limitar el título de apóstol a los Doce; y si no hace falta buscar a Santiago el hermano del Señor entre los Doce, el argumento de Jerónimo se viene abajo.
(iii) A la vista de los hechos es mucho más probable que Juan -19:25 sea una lista de cuatro mujeres y no de tres; porque, si María de Cleofás fuera hermana de María la Madre de Jesús, habría dos hermanas con el mismo nombre, lo cual es sumamente improbable.
(iv) Hay que recordar que la Iglesia no sabía nada de esta teoría hasta, el año 383 d. C. cuando Jerónimo la concibió. Y es absolutamente cierto que la propuso por la única razón de garantizar la doctrina de la virginidad perpetua de María. La teoría de que los llamados hermanos de Jesús eran de hecho Sus primos tiene que descartarse a la vista de los hechos.
La teoría epifánica
La segunda de las grandes teorías acerca del parentesco de Jesús con Sus «hermanos» propone que estos eran, de hecho, Sus «hermanastros» si acaso, hijos de José de un matrimonio anterior pero no de María, mientras que Jesús era hijo de María pero no de José. El nombre de esta teoría se deriva del de Epifanio, que la propuso enfáticamente hacia el año 370 d. C. No fue él quien la diseñó. Ya existía desde bastante antes, y puede decirse que era la opinión más corriente en la Iglesia Primitiva.
En líneas generales ya aparece en un libro apócrifo llamado el Libro de Santiago o el Protoevangelio, que data de mediados del siglo II. Ese libro cuenta que había una pareja piadosa, Joaquín y Ana, cuyo único dolor era que no tenían hijos. Para su gran alegría, les nació en su ancianidad una niña, cosa que, al parecer, se consideró un nacimiento virginal. Llamaron a la niña María, la que habría de ser la Madre de Jesús. Joaquín y Ana consagraron a su hija al Señor; y, cuando llegó a los tres años de edad, la llevaron al templo y la dejaron allí a cargo de los sacerdotes. María creció en el templo; y, cuando llegó a la edad de doce años, los sacerdotes hicieron planes para casarla. Reunieron a los viudos del pueblo, diciéndoles que trajera cada uno su bastón. Entre ellos vino José el carpintero. El sumo sacerdote recogió los bastones, y el de José fue el último. Con los demás no pasó nada, pero del de José salió volando una paloma que fue a posarse sobre su cabeza. De esta manera reveló Dios que José había de tomar a María por esposa. Al principio, José no estaba muy conforme. «Tengo hijos -dijo- y ya soy un anciano, mientras que ella es una joven; no quiero ser el hazmerreír de los hijos de Israel» (Protoevangelio 9:1). Pero, por último, la tomó por esposa en obediencia a la voluntad de Dios, y a su debido tiempo nació Jesús. El contenido del Protoevangelio es, por supuesto, legendario; pero es señal de que a mediados del siglo II ya existía la teoría que había de conocerse bajo el nombre de Epifanio.
No hay ninguna evidencia directa que apoye esta teoría, y todas las razones a su favor tienen un carácter indirecto.
(i) Se pregunta: ¿Habría confiado Jesús Su Madre al cuidado de Juan si ella hubiera tenido otros hijos además de Él? (Juan 19:26s). La respuesta sería que, por lo que sabemos, la familia de Jesús no simpatizaba con Él en lo más mínimo, y no habría tenido ningún sentido el confiársela.
(ii) Se objeta que el comportamiento de los, «hermanos» de Jesús para con Él parecía el de los hermanos mayores para con el menor entre ellos. Pusieron en duda Su sensatez, y quisieron llevársele a casa (Marcos 3:21, 31-35); Le eran hostiles (Juan 7:1-5). Pero también podría entenderse que pensaban que estaba metiendo a la familia en líos, independientemente de Su edad o la de ellos.
(iii) Se da por supuesto que José tiene que haber tenido más edad que María porque desaparece totalmente de la historia evangélica, lo que hace suponer que ya habría muerto cuando empezó el ministerio público de Jesús. La Madre de Jesús estaba en las bodas de Caná de Galilea, pero no se menciona a José (Juan 2:1). A Jesús se Le llama, por lo menos a veces, el hijo de María, lo que hace suponer que José ya había muerto y María era viuda (Marcos 6:3). Por último, la permanencia de Jesús en Nazaret hasta la edad de treinta años (Lucas 3:23) se explica suponiendo que José había muerto, y Jesús quedó a cargo de una familia en la que había varios de menos edad que Él. Pero el hecho de que José fuera mayor que María (lo que no deja de ser una suposición, aun en el caso de que muriera mucho antes), no demuestra que no tuviera otros hijos de ella; y el hecho de que Jesús se quedara en Nazaret a cargo del taller de carpintero para mantener a Su familia parecería indicar mucho más naturalmente que Él era el hijo mayor, y no el más pequeño de todos.
