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Introducción a la Carta de Santiago

Ese pasaje no carece de dificultades. Al principio parece querer decir que Jesús, después de resucitar y de salir de la tumba, entregó el sudario de lino con el que había sido sepultado al siervo del sumo sacerdote, y fue a reunirse con Su hermano Santiago. También parece implicarse que Santiago estuvo presente en la última Cena. Pero, aunque el pasaje está confuso, una cosa sí está clara: Algo acerca de Jesús en Sus últimos días u horas en la Tierra había impactado el corazón de Santiago de tal manera que este había jurado no probar bocado hasta que Jesús resucitara; así que Jesús volvió a él, y le dio la seguridad que esperaba. Que hubo un encuentro entre el Señor Resucitado y Santiago es indudable. Los detalles, tal vez no los sabremos nunca: Pero sí sabemos que a partir de ese momento Santiago, que había estado tan en contra de Jesús, fue Su servidor durante todo el resto de su vida, y Su mártir en el momento de su muerte.

Santiago, Mártir de Cristo

Que Santiago murió mártir es una afirmación consecuente en la tradición antigua. Los relatos presentan variantes en las circunstancias y en los detalles, pero coinciden en que acabó su vida como mártir de Cristo. El relato de Josefo es muy breve (Antigüedades 20:9. 1):

Así es que Anano, como era esa clase de hombre y creía que se le ofrecía una buena oportunidad después de la muerte de Festo y antes de la llegada de Albino, convocó un consejo judicial, le presentó al hermano de Jesús al que llamaban el Cristo, que se llamaba Santiago, y a algunos otros, acusándolos de violar la ley, y los entregó para que los lapidaran.
Anano era el sumo sacerdote judío; Festo y Albino eran los procuradores de Palestina, en el puesto que había ostentado Pilato. El detalle de la historia es que Anano aprovechó el interregno entre la muerte de uno y la llegada de su sucesor para eliminar a Santiago y a otros líderes de la Iglesia Cristiana. Esto coincide perfectamente con el carácter de Anano por lo que sabemos de él; y supondría que el martirio de Santiago tuvo lugar en el año 62 d. C.

Hegesipo nos dejó en su historia un relato mucho más extenso. La obra de Hegesipo se ha perdido, pero Eusebio nos ha conservado su relato de la muerte de Santiago en su totalidad (Historia Eclesiástica 2:23). Es largo; pero de tal interés que debe citarse completo.

«Jacobo, el hermanó del Señor, es el sucesor, con los apóstoles, del gobierno de la iglesia. A éste todos le llaman «Justo» -ya desde el tiempo del Señor y hasta nosotros, porque muchos se llamaban Jacobo.

No obstante, sólo él fue santo desde el vientre de su madre; no bebió vino ni bebida fermentada; ni tocó carne; no pasó navaja alguna sobre su cabeza ni fue ungido con aceite; y tampoco usó del baño.

Sólo él tenía permitido introducirse en el santuario, porque su atuendo no era de lana, sino de lino. Asimismo, únicamente él entraba en el templo, donde se hallaba arrodillado y rogando por el perdón de su pueblo, de manera que se encallecían sus rodillas como las de un camello, porque siempre estaba prosternado sobre sus rodillas humillándose ante Dios y rogando por el perdón de su pueblo.

Por la exageración de su justicia le llamaban «Justo» y «Oblías» , que en griego significa protección del pueblo y justicia, del mismo modo que los profetas dan a entender acerca de él.

Algunas de las siete sectas del pueblo, las que ya mencioné antes (en las Memorias), procuraban aprender de él acerca de la puerta’ de Jesús, y él les decía que se trataba del Salvador. Unos cuantos de ellos creyeron que Jesús era el Cristo.
Pero las sectas, a las que hemos aludido; no creyeron en la resurrección ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sus obras; no obstante, todos los que creyeron lo hicieron por medio de Jacobo.

Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales; y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo. Reuniéndose entonces ante la puerta de Jacobo .
La palabra puerta usada aquí por Eusebio significa el medio cristiano de acceso a Dios por Jesucristo, le decían: «Te lo rogamos: sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca de Jesús y creen que él es el Cristo. Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan el día de la Pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces acepción de personas. Así pues, persuade a la multitud para que no yerre acerca de Cristo. Pues todo el pueblo y nosotros te obedecemos. Mantente en pie sobre el pináculo del templo, para que desde esa altura todo el pueblo te vea y oiga tus palabras. Ya que por la Pascua se unen todas las tribus, incluyendo a los gentiles.»

De este modo los aludidos escribas y fariseos colocaron a Jacobo sobre el pináculo del templo, y estallaron a gritos diciendo: «¡Tú, el Justo, al que todos nosotros debemos obedecer, explícanos cuál es la puerta de Jesús, pues todo el pueblo está engañado, siguiendo a Jesús el Crucificado.»

Entonces él contestó con voz potente: «¿Por qué me interrogáis acerca del Hijo del Hombre? ¡El está sentado a la diestra del gran Poder, y pronto vendrá sobre las nubes del cielo!»

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