(iii) Está el Santiago que se llama Santiago el Menor, y que se menciona en Marcos 15:40 (cp. Mateo 27:56; Juan 19:25). Tampoco de este sabemos nada más, así es que no debe de ser el autor de esta carta.
(iv) Está el Santiago, hermano de Juan e hijo de Zebedeo, miembro de los Doce (Mateo 10:2; Marcos 3:17; Lucas 6:14; Hechos 1:13). En la historia evangélica nunca se menciona a Santiago independientemente de su hermano Juan (Mateo 4:21; 17. 1; Marcos 1:19, 29; 5:37; 9:2; 10:35, 41; 13:3; 14:33; Lucas 5:10; 8:51; 9:28, 54). Fue el primero de la compañía de los apóstoles que sufrió el martirio, porque fue decapitado por orden de Herodes Agripa 1 el año 44 d. C. Se le ha relacionado con la carta. El Códice latino corbeiense del siglo IV, al final de la epístola tiene una nota en la que la adscribe claramente a Santiago hijo de Zebedeo. El único lugar en el que se tomó en serio esta adscripción de autoría fue la iglesia española, que le siguió considerando el autor hasta el fin del siglo XVII. Esto fue debido al hecho de que Santiago de Compostela, el santo patrón de la católica España, se identificaba con Santiago hijo de Zebedeo; y era natural que la iglesia española estuviera predispuesta a querer que el patrón de su país fuera el autor de un libro del Nuevo Testamento. Pero el martirio de Santiago se produjo demasiado pronto para que tuviera tiempo de escribir la carta, y además no hay más alusión que la del Códice corbeiense que le relacione con ella.
(v) Por último, está el Santiago al que se llama hermano de Jesús. Aunque la primera vez que se establece una conexión entre él y la carta no surge hasta Orígenes, en la primera mitad del siglo III, esta es la hipótesis que se mantiene tradicionalmente. La Iglesia Católica Romana está de acuerdo con ella, porque en 1546 el Concilio de Trento estableció que Santiago es un libro canónico y fue escrito por un apóstol.
Vamos a reunir la evidencia acerca de este Santiago. Por el Nuevo Testamento sabemos que era uno de los hermanos de Jesús (Marcos 6:3; Mateo 13:55). Más adelante discutiremos en qué sentido se ha de tomar la palabra hermano. Durante el ministerio de Jesús está claro que su familia no Le comprendía ni simpatizaba con Él, y habría querido impedirle que cumpliera Su obra (Mateo 12:46-50; Marcos 3:21, 31-35; Juan 7:3-9). Juan dice claramente que «Sus hermanos no creían en Él» (Juan 7:5). Así que, durante el ministerio terrenal de Jesús, Santiago era uno de Sus opositores.
Con Hechos se presenta un cambio repentino e inexplicado. Cuando empieza Hechos, la Madre y los hermanos de Jesús forman parte del pequeño grupo de cristianos (Hechos 1:14). Desde entonces, está claro que Santiago ha llegado a ser el líder de la iglesia de Jerusalén, aunque no se nos explica cómo se produjo esa situación. Es a Santiago a quien Pedro manda la noticia de que está fuera de la cárcel (Hechos 12:17). Santiago preside el concilio de Jerusalén que abrió las puertas de la Iglesia Cristiana a los creyentes gentiles (Hechos 15). Fue con Santiago y Pedro con los que se reunió Pablo cuando fue por primera vez a Jerusalén después de su conversión; y fue con Santiago, Pedro y Juan, las columnas de la Iglesia, con los que Pablo decidió la esfera de su trabajo (Gálatas 1:19; 2:9). Fue a Santiago a quien se dirigió Pablo con la colecta de las iglesias gentiles en su visita a Jerusalén que habría de ser la última y que habría de conducir a su detención y envío a Roma para ser juzgado por el césar (Hechos 21:18-25). Este último episodio es importante, porque nos presenta a Santiago en tal simpatía con los judíos cristianos que todavía cumplían la ley judía, y tan interesado en que los escrúpulos de estos no se exacerbaran, que convenció a Pablo para que diera muestras de su lealtad a la ley asumiendo responsabilidad por los gastos de algunos cristianos judíos que estaban cumpliendo el voto de los nazareos.
Como se ve, está claro que Santiago era el líder de la iglesia de Jerusalén. Como seria de esperar, eso era algo que la tradición desarrollaría considerablemente. Hegesipo, el historiador tempranero, dice que Santiago fue el primer obispo de la iglesia de Jerusalén. Clemente de Alejandría añade que le escogieron para ese ministerio Pedro y Juan. Jerónimo, en su libro Sobre hombres famosos, dice: «Inmediatamente después de la pasión del Señor, los apóstoles consagraron a Santiago como obispo de Jerusalén… cuya iglesia gobernó durante treinta años, es decir, hasta el año séptimo del reinado de Nerón» . Las Recognitiones clementinae dan el último paso del desarrollo de la leyenda al decir que Santiago fue ordenado obispo de Jerusalén nada menos que por el mismo Jesús. Clemente de Alejandría refiere una extraña tradición que aplica al principio de la Iglesia lo que decían los judíos sobre la Torá (Dichos de los padres, de la Mishná): «El Señor impartió conocimiento después de la Resurrección a Santiago el Justo, a Pedro y a Juan; ellos se lo transmitieron a los demás apóstoles, y estos a los setenta.» El desarrollo posterior no hay por qué aceptarlo; pero queda el hecho escueto de que Santiago fue el cabeza indiscutible de la iglesia de Jerusalén.
Santiago y Jesús
Tal cambio debe tener alguna explicación. Bien puede ser que la tengamos en una frase del Nuevo Testamento. En la primera lista de las apariciones del Señor Resucitado, que es la que escribió Pablo, encontramos estas palabras: «Después Le vio Santiago» (1 Corintios 15:7). A esto puede ser que se hiciera referencia en el Evangelio según los hebreos, que fue uno de los primeros evangelios, que no se incluyó en el Nuevo Testamento pero que, a juzgar por los fragmentos que se conservan, tenía un valor indudable. Jerónimo nos transmite el siguiente pasaje: «Ahora bien: el Señor, después de darle el paño de lino al siervo del sumo sacerdote, Se dirigió a Santiago y se le apareció. (Porque Santiago había jurado que -no tomaría alimento desde el momento en que tomó la copa del Señor hasta que Le viera resucitado de entre los que duermen). Y después de un poquito, dijo el Señor: «Poned la mesa y traed pan.» E inmediatamente después se añade que «tomó el pan, y lo bendijo, y lo partió, y se lo dio a Santiago el Justo mientras le decía: «Hermano, come tu pan; porque el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los que duermen.»
