El día que Leví se encontró con Jesús, organizó una reunión en su casa para presentarlo. No desperdició ni un minuto en empezar a testificar. Algunas personas creen que los nuevos creyentes deben esperar, madurar o recibir preparación antes de empezar a hablar de Cristo. Pero como Leví, los nuevos creyentes deben enseguida hablar a otros de su fe, sea cual fuere el conocimiento, los recursos o la experiencia que tengan.
«Esa chusma», decían los fariseos santurrones para describir a la gente con la que Jesús comía. Pero la asociación de Jesús con los pecadores obedecía a que los amaba y a que sabía que necesitaban lo que tenía que decirles. Le dedicó tiempo a quien necesitaba o quería escuchar su mensaje: pobres, ricos, malos, buenos. Nosotros también debemos ser amistosos con quienes necesitan a Cristo, aunque sean personas que no se vean como la mejor compañía. ¿Habrá personas ante cuya reputación usted se comporta con negligencia? Quizás esas personas sean las más necesitadas de ver y oír el mensaje del amor de Cristo en usted y a través de usted.
Juan tenía dos propósitos: hacer que la gente se arrepintiera de sus pecados y prepararla para la venida de Cristo. Este fue un tiempo de seria reflexión que incluía ayuno, señal externa de humillación y pena por el pecado. El ayuno despoja al cuerpo de comida; el arrepentimiento despoja nuestra vida de pecado. Los discípulos de Jesús no necesitaban ayunar en preparación para su venida, porque El estaba con ellos. Jesús, sin embargo, no condena el ayuno. El mismo ayunó cuarenta días (Mat_4:2). Pero enfatiza el ayuno con buen propósito. Los fariseos ayunaban dos veces a la semana para mostrar cuán santos eran. Jesús explicó que el que ayuna solamente para impresionar a otros lo hace por gusto.
Jesús se comparó a sí mismo con un esposo porque en el Antiguo Testamento el término equivalente a esposa se aplica a menudo a Israel y esposo a Dios que ama a Israel (Isa_62:5; Mat_25:1-14; Rev_21:2).
Un odre era una piel de cabra cocida por los bordes para formar una bolsa hermética. El vino nuevo, al fermentar con el tiempo, hace que el odre se estire. El vino nuevo, sin embargo, no puede ponerse en un odre estirado porque la piel demasiado rígida se rompe.
Los fariseos eran tan rígidos como aquellos viejos odres. No podían aceptar que la fe en Jesús no fuera restringida ni limitada a ideas o reglas de hombres. Nuestro corazón, al igual que un odre, se puede endurecer e impedir que aceptemos la nueva vida que Cristo nos ofrece. Mantengamos nuestros corazones abiertos y dóciles para aceptar la verdad del mensaje transformador de Jesús.
Jesús y sus discípulos no robaban cuando recogieron granos de trigo en aquel sembrado. Lev_19:9-10 y Deu_23:25 dicen que los agricultores judíos tenían que dejar sin segar las esquinas y los lados de las porciones de tierra que sembraron para que los viajeros y los pobres lo tomaran y comieran. Jesús, al caminar junto al sembrado, no violaba la propiedad privada, pues comía del trigo dejado para ese propósito.
La Ley de Dios decía que las cosechas no podían recogerse en el día de reposo (Exo_34:21). Esta Ley prevenía a los agricultores de codicia y les exigía no olvidarse de Dios en el día de reposo. También protegía a los cosechadores de que los sometieran a un exceso de trabajo.
Los fariseos creían que Jesús y sus discípulos, al arrancar las espigas y frotarlas en sus manos para limpiar el trigo, cosechaban. De ahí que acusaron a Jesús de quebrantar la Ley. Pero era evidente que Jesús y sus discípulos no arrancaban el trigo por lucro, sino que buscaban algo de comer. Los fariseos interpretaron tan obcecadamente la Ley, que pasaron por alto su verdadera intención.
Los dirigentes religiosos judíos estaban tan enredados en sus leyes que perdieron de vista lo que era bueno y correcto. En Mar_3:4 Jesús enmarca que el día de reposo es para descansar y adorar, pero que eso no significa que no movamos un dedo para ayudar a otros. No dejemos que nuestro día de reposo llegue a ser un tiempo de egoísta indulgencia.
