Bien puede ser, sin embargo, que esta historia nos quiera decir más que eso. Los judíos establecían esa relación entre la enfermedad y el pecado, y bien puede ser que en este caso la conciencia del hombre estuviera de acuerdo, y bien puede ser que esa conciencia de pecado hubiera producido de hecho la parálisis. El poder de la mente, especialmente del inconsciente, sobre el cuerpo es sorprendente e innegable.
Los psicólogos citan el caso de una chica que tocaba el piano en un cine en los tiempos del cine mudo. Normalmente se encontraba bien; pero, en cuanto se apagaban las luces, y el local se llenaba del humo de los cigarrillos, empezaba a paralizarse. Ella trataba de combatirlo; pero la parálisis acabó por hacerse permanente, y había que hacer algo. Un examen reveló que no había ninguna causa física. Bajó hipnosis se descubrió que cuando era muy pequeña, una bebé de pocas semanas, estaba acostada en una de aquellas cunas antiguas muy elaboradas, con un lazo de tul por encima de la cara. Su madre se inclinó una vez hacia ella fumando un cigarrillo, y se prendieron los adornos de la cuna. El fuego se apagó inmediatamente, y ella no sufrió ningún daño físico; pero su mente inconsciente recordaba aquel terror. La oscuridad, además del olor del tabaco, actuaba en su inconsciente y le paralizaba el cuerpo -y ella no sabía por qué.
El hombre de esta historia puede ser que estuviera paralítico porque, consciente o inconscientemente, su conciencia le acusaba de que era pecador, y ese pensamiento le produjo la enfermedad que él creía que era la consecuencia inevitable del pecado. Lo primero que Jesús le dijo fue: «Hijo, Dios no está enfadado contigo. No te preocupes.» Era como hablarle con cariño a un chiquillo atemorizado en la oscuridad. La carga del terror de Dios y del alejamiento de Dios desaparecieron de su corazón, y aquel mismo hecho fue decisivo para su curación.
Es una historia preciosa, porque lo primero que Jesús hace por cada uno de nosotros es decirnos: Hijo, Dios no este enfadado contigo. Vuelve a casa, y no tengas miedo.»
LA PRUEBA IRREFUTABLE
Marcos 2:7-12 Algunos de los maestros de la Ley estaban allí sentados, y se pusieron a cavilar para sus adentros: -¿Cómo puede hablar así este tipo? ¡Está blasfemando! ¿Es que hay alguien que pueda perdonar l pecados más que Dios? Jesús Se dio cuenta inmediatamente en Su interior lo que se les estaba pasando a ellos por la mente, así e, que les dijo: -¿Por qué estáis cavilando en vuestro interior? ¿Que es más fácil, decirle a un paralítico: «Tus pecados está perdonados>, o decirle: «Levántate, carga con tu camilla, y ponte a andar»? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la Tierra para perdonar los pecados -entonces le dijo al paralítico- , esto te lo digo a ti: ¡Levántate, carga con tu camilla y vete a casa! Y el paralítico se levantó, e inmediatamente cargó con su cama y salió delante de todos ellos. Todos reaccionaron quedándose alucinados, y no dejaban de alabar a Dios ni de repetir: – ¡Esto es algo que no se había visto nunca en la vida!
Jesús, como ya hemos visto, ya había atraído a las multitudes. En consecuencia, también había suscitado la atención de, los responsables oficiales-de los judíos. El Sanedrín era su: tribunal supremo, y una de sus funciones era ser guardián de< la ortodoxia. Por ejemplo: uno de los deberes del Sanedrín era descubrirla los falsos profetas. Aquí parece que el Sanedrín había mandado un comando teológico para comprobar quién era Jesús; y allí estaban en Cafarnaum. Sin duda se habían reservado unos puestos honorables en primera fila, y estaban sentados observando críticamente todo lo que sucedía.
