Esta historia nos revela algunas cosas tanto de Mateo como de Jesús.
(i) Mateo era un hombre muy odiado. Los cobradores de impuestos nunca son populares en ninguna comunidad, pero en el mundo antiguo eran odiados. La gente no sabía nunca exactamente cuánto tenía que pagar; los cobradores de impuestos les sacaban todo lo que podían y se forraban los bolsillos con el extra que les quedaba después de pagar al estado la parte convenida. Hasta un escritor griego como Luciano asocia a los cobradores de impuestos con «adúlteros, alcahuetes, aduladores y sicofantas.» Jesús quiso al que nadie quería. Le ofreció Su amistad al que todos se habrían avergonzado de considerar su amigo.
(ii) Mateo tiene que haber sido en aquel momento un hombre con un gran vacío en el corazón. Tiene que haber oído acerca de Jesús, o probablemente había escuchado Su mensaje desde el borde de la multitud; y algunas veces tiene que haberle vibrado el corazón. No podría haberse dirigido a los buenos ortodoxos de su tiempo. Para ellos eran inmundo y se habrían negado a relacionarse con él. Hugh Redwood nos cuenta la historia de una mujer que vivía en el distrito de los astilleros de Londres, que venía a la reunión de señoras. Había estado viviendo con un chino, y te un bebé mestizo que llevaba con ella. Le gustaba la reuní y volvía una y otra vez. Entonces el pastor se dirigió a ella t le dijo: < Debo pedirle que no vuelva por aquí.» La mujer l devolvió la pregunta con la mirada; y él le contestó: « otras mujeres dicen que dejarán de venir si usted continua viniendo.» Ella se le quedó mirando con una sorpresa dolorida y le dijo: «Señor, ya sé que soy una pecadora; ¿pero no hay ningún sitio adonde pueda ir una pecadora?» Afortunadamente el Ejército de Salvación encontró a aquella mujer y la rescató para Cristo.
Eso era precisamente lo que Mateo tenía que arrostrar h que encontró a Uno que vino al mundo a buscar y a salvar 1 que se había perdido.
(iii) Esta historia nos dice algo acerca de Jesús. Fue cuando iba paseando por la orilla del lago cuando llamó a Mateo. Como decía un gran profesor: «Hasta cuando estaba dándose un paseo estaba buscando oportunidades.» Jesús no estaba nunca fuera de servicio. Si podía encontrar a una persona para Dios mientras se estaba dando un paseo, la encontraba. ¡Qué cosecha. podríamos reunir si buscáramos gente para Cristo cuando vamos andando por ahí!
(iv) De todos los discípulos, Mateo fue el que renunció a más. Literalmente lo dejó todo para seguir a Jesús. Pedro y Andrés, Santiago y Juan podían volver a la pesca. Siempre habría peces que pescar y siempre podrían volver a su antiguo trabajo; pero Mateo quemó las naves definitivamente. En una sola acción, en un momento del tiempo, con una rápida decisión, se excluyó de su trabajo para siempre; porque una vez que se dejaba el trabajo de cobrador de impuestos, ya no se podía recuperar. Requiere un gran hombre el hacer una gran decisión; y sin embargo, a toda vida le llega el momento de decidir.
Cierto hombre famoso tenía la costumbre de darse largos paseos por el campo en Dartmoor. Cuando llegaba a un arroyo demasiado ancho para cruzarlo fácilmente, lo primero que hacía era tirar la chaqueta al otro lado. Así se comprometía a no darse la vuelta. Hacía la decisión de pasar al otro lado, y se aseguraba de no claudicar.
Mateo fue un hombre que se lo jugó todo por Cristo, y no se equivocó.
(v) De su decisión sacó Mateo por lo menos tres cosas.
(a) Salió con las manos limpias. Desde aquel momento podía mirarle a la cara a todo el mundo. Puede que fuera mucho más pobre, y que la vida le resultara mucho más dura, y que se le acabaran los lujos y las comodidades; pero desde`aquel momento tuvo las manos limpias; y, porque tenía las manos limpias, tenía la mente en paz.
