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Marcos 2: La fe que mueve obstáculos

Conforme nos vamos haciendo más viejos, casi todos desarrollamos un rechazo instintivo de todo lo que es nuevo y no nos resulta familiar. Nos volvemos reacios a hacer cualquier ajuste en nuestros hábitos y formas de vida. Lesslie Newbigin, que estuvo implicado en las discusiones que dieron origen a la Iglesia Unida de la India del Sur, nos cuenta que una de las cosas que más detenían las cosas era que algunos no hacían más que preguntar: «Pero, si hacemos eso, ¿adónde vamos a parar?» Al final, alguien tenía que decir tajantemente: « El cristiano no tiene derecho a preguntar adónde va.» Abraham salió sin saber adónde iba (Hebreos 11:8). Hay un gran versículo en ese mismo capítulo de Hebreos: «Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre el extremo de su bastón» (Hebreos 11:21). Con el aliento de la muerte ya sobre él, el viejo viajero todavía tenía el bordón de peregrino en la mano. Hasta el fin del día, con el ocaso a la vista, seguía dispuesto a emprender el camino. Si vamos a ponernos de veras a la altura del desafío cristiano debemos conservar la mente aventurera. Yo recibí una vez una carta que terminaba: « Tu amigo de 83 años, todavía creciendo…» -Y con las inescrutables riquezas de Cristo por delante, ¿por qué no?

PIEDAD, VERDADERA Y FALSA

Marcos 2:23-28 Cierto sábado, Jesús iba pasando por unos trigales. Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas cuando iban pasando por allí y a comerse los granos. Los fariseos empezaron a decirle a Jesús: – ¡Fíjate! ¿Por qué están haciendo lo que no es permitido hacer en sábado?

-¿Es que no habéis leído nunca – les contestó, Jesús- lo que hizo David cuando él y sus amigos estaban necesitados y hambrientos? ¿No habéis leído nunca entró en la Casa de Dios, cuando Abiatar era el s sacerdote, y comió los panes de la proposición, que podía comer nadie más que los sacerdotes, y les dio también a sus amigos? El sábado -continuó diciéndoles Jesús- se hizo para el servicio de las personas; no las personas para el servicio del sábado. Por tanto el Hijo del Hombre también es el Señor del sábado.

Una vez más Jesús entró en conflicto con las reglas y normas de los escribas. Cuando Él y Sus discípulos iban pasando por unos trigales en sábado, Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cualquier otro días de la semana aquello estaba totalmente permitido (Deuteronomio 23:25). Siempre que el viajero no usara una hoz, podía` arrancar las espigas. Pero esto lo hicieron un sábado, y el, sábado estaba terminantemente prohibido hacer ningún trabajo. Los trabajos se clasificaban en treinta y nueve categorías diferentes, que se llamaban  los trabajos padres, cuatro de los cuales eran segar, aventar, trillar y preparar una comida. Con su acción, los discípulos eran culpables de haber quebrantado estas cuatro prohibiciones. A nosotros nos parecerá algo fantástico; pero para los rabinos judíos era una cuestión de pecados mortales y de vida o muerte. Los fariseos aprovecharon inmediatamente la ocasión para acusar a los discípulos de Jesús de quebrantar la Ley. Sin duda esperaban que Él los parara inmediatamente. Pero Jesús les contestó en su propio lenguaje. Citó la historia que se cuenta en 1 Samuel 21:1-6. David iba huyendo para salvar la vida; llegó al tabernáculo de Nob; pidió algo de comida, y no había más que los panes de la proposición. Éxodo 25:23-30 nos dice lo que era este pan. Consistía en doce panes que se colocaban en una mesa de oro de un metro de longitud por medio de anchura y medio de altura. La mesa estaba en el tabernáculo delante del lugar santísimo, y los panes eran una especie de ofrenda a Dios. Se cambiaban una vez por semana; los que se retiraban podían comerlos los sacerdotes, pero nadie más (Levítico 24:9). Sin embargo entonces, en su necesidad, David y sus amigos comieron de aquel pan. Jesús mostró que la misma Escritura contiene un precedente de que la necesidad humana tiene prioridad aun sobre la Ley divina.

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