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Marcos 2: La fe que mueve obstáculos

La mejor manera de consagrarle cosas a Dios es usándolas para ayudar a los necesitados. Se ha sabido de niños a los que no se permitía entrar en una iglesia porque era un monumento y estaba llena de cosas valiosas. Desgraciadamente puede que una iglesia esté más preocupada por la solemnidad de su ritual que de ayudar a los humildes y aliviar a los pobres. Pero las cosas realmente sagradas se deben usar para remediar el dolo y la necesidad. Los panes de la proposición no fueron nunca tan sagrados como cuando se usaron para alimentar a un hambrientos.
El sábado no fue nunca tan sagrado como cuan se usó para ayudar a los necesitados. El árbitro final acerca del uso de todas las cosas es el amor y no la ley.
La necesidad del paralítico movió a sus amigos a la acción y lo llevaron a Jesús. ¿Actúa cuando reconoce la necesidad de alguien? Muchas personas tienen necesidades físicas y espirituales que usted puede suplir por usted mismo o junto con otros que también tienen compasión o interés en el caso. La necesidad humana movió a estos cuatro hombres. Deje que otras necesidades también le conduzcan a usted a una acción compasiva.

Las casas en los tiempos bíblicos se construían de piedra. Tenían techos planos hechos con barro mezclado con paja, y escaleras exteriores que conducían al techo. Estos amigos quizás llevaron al inválido por las escaleras exteriores hasta el techo. Allí, fácilmente, pudieron haber roto el techo de lodo y paja para bajar a su amigo hasta donde estaba Jesús.

En lugar de decirle al paralítico: «Estás sano», Jesús le dijo: «Tus pecados te son perdonados». Para los líderes judíos era una blasfemia pretender hacer algo que solo Dios podía hacer. De acuerdo a la Ley judía, este pecado merecía la muerte (Lev_24:15-16).

Los líderes religiosos entendieron muy bien que Jesús afirmaba que era el Mesías, pero el juicio que emitieron fue erróneo. Jesús no blasfemó, porque lo que dijo era cierto. Jesús es Dios y lo demostró sanando al paralítico (Lev_2:9-11).

Esta es la primera vez en Marcos que Jesús se refiere a sí mismo como el «Hijo del Hombre». El título Hijo del Hombre enfatiza que es totalmente hombre, mientras que Hijo de Dios (véase como ejemplo Joh_20:31) enfatiza que es totalmente Dios. Como Hijo de Dios, Jesús tiene la autoridad de perdonar pecados. Como hombre, puede identificarse con nuestras profundas necesidades y sufrimientos y ayudarnos a vencer el pecado (véase la nota a 8.29-31).

Leví es otro nombre con el que se conoce al discípulo Mateo, el que escribió el Evangelio que lleva su nombre. Si desea más información acerca de Mateo, véase su perfil en Mateo 9.

Capernaum era un centro militar clave para las tropas romanas, así como una floreciente comunidad comercial. Varios caminos de importancia se cruzaban en Capernaum y por ellos pasaban los comerciantes que viajaban a Egipto, en el sur, o a Mesopotamia, en el norte.

Leví (Mateo) era un judío nombrado por los romanos para recolectar impuestos en aquella zona. Recaudaba no solo de los habitantes de la ciudad, sino también de los comerciantes que pasaban por la misma. El sistema establecía que estos funcionarios podían quedarse con un porcentaje de los impuestos que cobraban, pero se quedaban con mucho más, con lo que se enriquecían desmesuradamente. Los judíos odiaban a los cobradores de impuestos por su fama de estafadores y por estar al servicio de Roma. A los judíos les dolía pensar que parte del dinero recolectado era para financiar religiones y templos paganos.

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