(ii) El recuerdo de su pecado era la manera más segura de mantener la llama de su gratitud. El recordar que hemos sido perdonados es la manera más segura de mantener vivo nuestro amor a Jesucristo. F. W. Boreham cita una carta que le escribió el antiguo puritano Thomas Goodwin a su hijo: «Cuando yo amenazaba con enfriarme en mi ministerio, y cuando sentía llegar el domingo por la mañana y que no tenía lleno el corazón con la maravilla de la gracia de Dios, o cuando me estaba disponiendo a administrar la Cena del Señor, ¿sabes lo que solía hacer? Solía darme un repaso arriba y abajo por todos los pecados de mi vida pasada, y siempre volvía con el corazón contrito y humillado, dispuesto a predicar como se predicaba antes, el perdón de los pecados.» «No creo -lecíaque he subido nunca las escaleras del púlpito sin detenerme un momento al pie de ellas y darme un repaso por los pecados de mis años pasados. No creo que he preparado nunca un sermón sin darme una vuelta alrededor de mi mesa de despacho mirando atrás a los pecados de mi juventud y de toda mi vida hasta el presente; y muchas mañanas de domingo, cuando estaba con el alma fría y seca por falta de oración durante la semana, volvía a dar un repaso a mi vida pasada antes de entrar en el púlpito, quebrantaba mi duro corazón y me aplicaba el Evangelio a mi propia alma antes de empezar a predicar.» Cuando recordamos como hemos herido a Dios y a los que nos aman y a nuestros semejantes, y cuando recordamos cómo nos han perdonado Dios y los hombres, ese recuerdo debe despertar la llama de la gratitud en nuestros propios corazones.
(iii) El recuerdo de su pecado era un acicate constante para realizar un mayor esfuerzo. Es absolutamente cierto que un hombre no puede ganar nunca la aprobación de Dios, o merecer Su amor; pero es igualmente cierto que no puede nunca dejar de tratar de hacer algo para mostrar hasta qué punto aprecia el amor y la misericordia que le han hecho lo que es. Siempre que amamos a una persona no podemos evitar el tratar siempre de demostrar nuestro amor. Cuando recordamos cuánto nos ama Dios, y lo poco que lo merecemos, cuando recordamos que fue por nosotros por lo que Jesucristo pendió de la Cruz y murió en el Calvario debe impulsarnos a un esfuerzo que Le diga a Dios que nos damos cuenta de lo que ha hecho por nosotros, y que Le muestre a Jesucristo que Su Sacrificio no fue en vano.
(iv) El recuerdo de su pecado no podía por menos de ser un aliento constante para otros. Pablo usa una imagen plástica. Dice que lo que le sucedió a él era una especie de boceto de lo que les iba a suceder a los que aceptaran a Cristo en los días por venir.
La palabra que usa es hypotyposis, que quiere decir un croquis, bosquejo, esquema, esbozo, apunte, proyecto. Es como si Pablo dijera: « ¡Fijaos en lo que Cristo ha hecho por mí! Si uno como yo se puede salvar, hay esperanza para todo el mundo.»
Supongamos que un hombre está sumamente grave, y tiene que someterse a una operación peligrosa; sería el máximo ánimo que se le pudiera dar si hablara con alguien que había pasado aquella operación y había quedado totalmente curado. Pablo no ocultaba tímidamente su pasado; se lo presentaba claramente a otros para que tuvieran coraje y se llenaran de esperanza de que la gracia que le había cambiado a él podía cambiarlos igualmente a ellos.
El gran-corazón de El Peregrino les decía a los chicos: «Tenéis que saber que el Prado del Olvido es el lugar más peligroso de todos estos parajes.» El pecado de Pablo era algo que él se negaba a olvidar; porque cada vez que recordaba la grandeza de su pecado recordaba la aún mayor grandeza de Jesucristo. No era que estuviera obsesionado de una manera enfermiza con su pecado; era que lo recordaba para regocijarse en la maravilla de la gracia de Jesucristo.
El alistamiento irrenunciable
Te encargo esta responsabilidad, joven Timoteo, porque es la consecuencia natural de los mensajes que recibieron de Dios los profetas, y que te marcaron como el hombre preciso para esta tarea; para que, obedeciendo a estos mensajes, pelees una buena campaña, manteniendo todo el tiempo la fe y la buena conciencia, porque hay algunos que, en lo relativo a la fe, han rechazado la dirección de la conciencia y han sufrido un naufragio. Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a los cuales ya he entregado a Satanás para que por medio de la disciplina salgan de sus insultos a Dios y a Su Iglesia.
La primera sección de este pasaje está sumamente comprimida. Lo que se ve detrás de él es lo siguiente. Tiene que haber habido una reunión de los profetas de la Iglesia. Eran hombres a los que se notaba que eran de la confianza de Dios y que Él los admitía a Sus consejos. «Porque no hará nada el Señor Dios sin revelar Su secreto a Sus siervos los profetas.» (Amós 3:7). En la referida reunión se pensó sobre la situación que amenazaba a la iglesia, y se llegó a la conclusión de que Timoteo era el hombre ideal para hacerse cargo. Podemos ver a los profetas actuando exactamente de esta manera en Hechos 13:13. La Iglesia se encontraba ante la gran decisión de si llevar el Evangelio a los gentiles o no; y fueron los profetas los que recibieron el mensaje del Espíritu Santo: «Apartadme a Bemabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado» (Hechos 13:7). Eso había sido lo que había sucedido con Timoteo. Había sido señalado por los profetas como el hombre para hacerse cargo de la situación de la Iglesia. Bien puede haber sido que él se encogiera ante la grandeza de la tarea que se le presentaba; y en este pasaje Pablo le anima con ciertas consideraciones.
