(i) Pablo le dice: «Tú eres el hombre que ha sido escogido, y no puedes rechazar la responsabilidad.» Algo así le sucedió al reformador escocés John Knox. Había estado enseñando en Saint Andrews. Se suponía que su enseñanza era privada, pero muchos acudían a él porque era obvio que era un hombre con un mensaje. Así es que le exhortaron a «que se hiciera cargo del ministerio de la predicación. El se negó en redondo, alegando que no podía meterse donde Dios no le había llamado… A lo cual ellos, después de tener una consulta privada con sir David Lindsay of the Mount, concluyeron que debían encargar al dicho John, y públicamente por boca de su predicador.»
Así que llegó el domingo, y Knox estaba en la iglesia, y John Rough estaba predicando. «El dicho John Rough, el predicador, dirigió sus palabras al dicho John Knox diciéndole: «Hermano, no te debes dar por ofendido de que yo te diga lo .que me han encargado todos los que están aquí presentes, que es lo siguiente: En nombre de Dios, y de Su Hijo Jesucristo, y en el nombre de estos que en el momento presente te llaman por mi boca, te exhorto que no rehúses esta santa vocación, sino… que asumas la responsabilidad pública y el ministerio de la predicación, tan ciertamente como tratas de evitar la seria desaprobación de Dios y deseas que multiplique Sus gracias sobre ti.» Y acabó diciendo a los que estaban presentes: «¿No fue esto lo que me encargasteis? ¿Y no aprobáis esta vocación?» Ellos respondieron: «En efecto; y nosotros lo aprobamos.» A lo cual el dicho John Knox, humillado, rompió en abundantísimas lágrimas, y se retiró a su habitación. Su aspecto y comportamiento, desde aquel día hasta el día en que se vio obligado a presentarse en el lugar público de la predicación, declaraban con suficiente claridad la angustia y preocupación de su corazón; porque nadie vio la menor señal de ligereza en él, ni tampoco encontró placer en estar en compañía de nadie durante muchos días.»
John Knox fue elegido; no quería aceptar la vocación, pero tuvo que aceptar porque la elección la había hecho Dios. Años después, el regente Morton pronunció su famoso epitafio junto a la tumba de Knox: «Con respecto a cómo asumió el mensaje de Dios, porque es a Él a Quien debe atribuirse, él (aunque era débil y una criatura indigna, y un hombre tímido, no temió ante ningún hombre.» La conciencia de ser elegido le infundió el coraje que necesitaba.
Así es que Pablo le dice a Timoteo: «Tú has sido escogido; no Le puedes fallar a Dios, ni a los hombres.» A cualquiera de nosotros llega la elección de Dios; y cuando se nos convoca para un trabajo para Él, no osaremos rechazarlo.
(ii) Puede ser que Pablo estuviera diciendo a Timoteo: «Sé fiel a tu nombre.» Timoteo -la forma completa de su nombre era Timótheos- se compone de dos palabras griegas: timé, que quiere decir honor, y theós, Dios; así es que Timótheos quiere decir el honor de Dios. Si nos llamamos cristianos, del rebaño de Cristo, debemos ser fieles a ese nombre.
(iii) Por último, Pablo le dice a Timoteo: « Te encargo de esta responsabilidad.» La palabra que usa Pablo para encargar es paratízesthai, que es la que se usa para confiar algo valioso a alguien para que lo mantenga a salvo. Se usa, por ejemplo, de hacer un depósito en un banco, o de confiar algo al cuidado de alguien. Siempre quiere decir que se le ha confiado a alguien un depósito del que luego se le pedirán cuentas. Así es que Pablo dice: « Timoteo, estoy poniendo en tus manos un depósito sagrado. Mírate muy mucho que no falles.» Dios deposita Su confianza en nosotros; deja en nuestras manos Su honor y el de Su Iglesia. Nosotros también debemos asegurarnos de no fallarle.
Lanzado a la campaña de Dios
Entonces, ¿qué es lo que se le ha confiado a Timoteo? Se le ha destinado a realizar una buena campaña. La alegoría de la vida como campaña siempre ha fascinado los pensamientos de los hombres. Máximo de Tiro decía: «Dios es el general; la vida es la campaña; el hombre es el soldado.» Séneca decía: «Para mí la vida, mi querido Lucilio, es una milicia.» Cuando uno mostraba interés en convertirse en seguidor de la diosa Isis y se iniciaba en los misterios relacionados con el nombre de la diosa, la llamada que se le dirigía era: « ¡Alístate en el ejército sagrado de Isis!»
Hay tres cosas que se deben notar.
(i) No es para una batalla para lo que se nos alista; es para una campaña. La vida es una larga campaña, un servicio del que no se licencia uno; no es una lucha breve y aguda después de la cual uno puede dejar las armas y descansar en paz. Cambiando la metáfora, la vida no es un sprint; es una carrera de maratón. Ahí es donde radica su peligro. Es menester estar siempre alerta. «La vigilancia eterna es el precio de la libertad.» Las tentaciones de la vida no cesan nunca en su búsqueda de una grieta en la armadura del cristiano. Es uno de los peligros más corrientes de la vida el proceder en una serie de espasmos. Debemos recordar que se nos alista para una campaña que se prolonga tanto como la vida.
(ii) Fue a una campaña preciosa a la que se convocó a Timoteo. Aquí tenemos de nuevo la palabra kalós, que gusta tanto a las Pastorales. No quiere decir solamente algo que es bueno y fuerte; quiere decir algo que es también precioso y atractivo. El soldado de Cristo no es un forzado que sirve lúgubremente y de mala gana. Es un voluntario que sirve con la ilusión y dedicación de un caballero andante. No es un esclavo del deber, sino un siervo de la alegría.
