Error y herejía
Te estoy escribiendo ahora para insistir en la petición que ya te hice cuando te exhorté a que te quedaras en Efeso mientras yo iba a Macedonia para que transmitieras la advertencia a algunos de los de allí de que no enseñaran errores novedosos, ni prestaran atención a leyendas improductivas y a genealogías interminables que solo consiguen producir vanas especulaciones más bien que la edificación efectiva del pueblo de Dios que debe basarse en la fe. La instrucción que te di estaba diseñada para producir el amor que brota de un corazón puro, de la buena conciencia y de la fe firme auténtica. Pero algunas de estas personas de las que estoy hablando no han tratado nunca de encontrar el verdadero camino, y se han desviado siguiendo vanas e inútiles discusiones en su pretensión de llegar a ser maestros de la Ley, aunque no saben de lo que están hablando ni se dan cuenta del verdadero significado de las cosas sobre las que dogmatizan.
Está claro que por detrás délas Epístolas Pastorales se encuentra alguna herejía que amenazaba a la Iglesia. Desde el mismo principio será bueno tratar de ver cuál era esa herejía. Por tanto, recojamos los datos acerca de ella.
Este mismo pasaje nos coloca cara a cara con dos de sus grandes características. Trataba de leyendas improductivas y genealogías interminables. Estas dos cosas no eran peculiares de esta herejía, sino estaban profundamente enraizadas en el pensamiento del mundo antiguo.
Primero, las leyendas improductivas. Una de las características del mundo antiguo era que los poetas, y aun los historiadores, se deleitaban en desarrollar historias románticas y ficticias sobre la fundación de ciudades y familias. Hablaban de algún dios que había venido a la tierra y fundado la ciudad, o tomado en matrimonio a alguna joven mortal y creado una familia.
El mundo antiguo estaba lleno de historias por el estilo.
Segundo, las genealogías interminables. El mundo antiguo tenía verdadera pasión por las genealogías. Podemos ver esto hasta en el Antiguo Testamento, con sus capítulos de nombres, y en el Nuevo Testamento con las genealogías de Jesús que se encuentran en los evangelios de Mateo y Lucas. Un hombre como Alejandro Magno hizo que le construyeran un pedigrí totalmente artificial en el que trazaba su ascendencia por una parte hasta Aquiles y Andrómaca, y por la otra hasta Perseo y Hércules.
Sería la cosa más fácil del mundo para el Cristianismo el perderse en historias interminables y fabulosas acerca de sus orígenes, y en genealogías elaboradas e imaginarias. Ese era un peligro inherente en la situación en la que se iba desarrollando el pensamiento cristiano.
Era especialmente amenazador desde dos direcciones.
Amenazaba desde la tradición judía. Para los judíos no había libro en el mundo que se pudiera comparar con el Antiguo Testamento. Sus investigadores se pasaban la vida estudiándolo y exponiéndolo. Muchos capítulos y secciones del Antiguo Testamento son largas genealogías; y una de las ocupaciones favoritas de los estudiosos judíos era construir una biografía imaginaria y edificante de cada uno de los nombres de la lista; uno podía dedicarse a eso interminablemente, y puede ser que eso fuera lo que Pablo tuviera en mente. Puede que estuviera diciendo: «Cuando deberíais estar trabajando en la vida cristiana, estáis elaborando biografías y genealogías imaginarias. Estáis perdiendo el tiempo en curiosidades elegantes, cuando deberíais dedicaros a vivir íntimamente la vida cristiana.» Esta puede ser una advertencia para nosotros para que no dejemos nunca que nuestro pensamiento se pierda en especulaciones que no aprovechan.
Las especulaciones de los griegos
Pero este peligro presentaba una amenaza aun más grande desde el lado griego. En aquel tiempo de la Historia se estaba desarrollando una línea de pensamiento griego que llegó a conocerse como el gnosticismo. Lo encontramos especialmente en el trasfondo de las Epístolas Pastorales, la carta a los Colosenses y el Cuarto Evangelio.
El gnosticismo era totalmente especulativo. Empezaba con el problema del origen del pecado y del sufrimiento. Si Dios es totalmente bueno, no podía haberlos creado. Entonces, ¿cómo se introdujeron en el mundo? La respuesta gnóstica era que la creación no había sido de la nada, sino que desde toda eternidad había existido la materia. Creían que esta materia era esencialmente imperfecta, una cosa mala, y de esta materia fue creado el mundo.
