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1 Timoteo: 1 El real decreto

(i) Su pensamiento se basa en la fe. La fe quiere decir tomarle a Dios la palabra. Quiere decir creer que Dios es como Jesús nos Le ha presentado. Es decir: parte de la base de que Jesucristo nos ha dado la plena revelación de Dios.

(ii) Su pensamiento está motivado por el amor. Lo que Pablo se propone por encima de todo es producir amor. El pensar con amor siempre nos librará de ciertas cosas. Nos librará de pensar arrogantemente. Nos librará de pensar despectivamente. Nos librará de condenar, ya sea aquello con lo que no estamos de acuerdo, o lo que no entendemos. Nos librará de expresar nuestros puntos de vista de tal manera que hiramos a tras personas. El amor nos libra del pensamiento destructivo y de hablar destructivamente. Pensar con amor es siempre pensar con simpatía. El que conversa con amor no trata de derrotar a sus oponentes, sino de ganárselos.

(iii) Su pensamiento procede de un corazón puro. La palabra que se usa aquí es significativa, katharós, que quería decir en un principio simplemente limpio como opuesto de sucio o inmundo. Más tarde llegó a tener ciertos usos de lo más sugestivos. Se usaba del grano que se había trillado y aventado y estaba limpio de polvo y paja. Se usaba de un ejército que hubiera sido purgado de todos los soldados cobardes o indisciplinados hasta tal punto que no quedaban en él más que luchadores de primera clase. Se usaba de algo que no tenía ninguna mezcla que lo empobreciera. Así pues, un corazón puro es un corazón cuyos motivos son absolutamente limpios y sin mezcla. En el corazón del pensador cristiano no existe el deseo de demostrar lo inteligente que es, ni de ganar una victoria puramente polémica, ni de demostrar la ignorancia del oponente. Su único deseo es ayudar e iluminar y guiar hacia Dios. El pensador cristiano no tiene más móvil que el amor a la verdad y a las personas.

(iv) Su pensamiento viene de una buena conciencia. La palabra griega para conciencia es syneídésis, que quiere decir literalmente conocer con. El verdadero sentido de la palabra es conocer con uno mismo. Tener una buena conciencia es poder mirar a la cara el conocimiento que uno no comparte con nadie más que consigo mismo, y no avergonzarse. Emerson comentaba de Séneca que decía las cosas más encantadoras, pero sin tener derecho a decirlas. El pensador cristiano es aquel cuyos pensamientos y cuyas acciones le dan derecho a hablar -y esa es la prueba más definitiva de todas.

(v) El pensador cristiano es la persona de fe auténtica. La frase quiere decir literalmente una fe en la que no hay hipocresía. Eso quiere decir sencillamente que la gran característica del pensador cristiano es la sinceridad. Es sincero tanto en su deseo de encontrar la verdad como en el de comunicarla.

Los que no necesitan ninguna ley

Todos sabemos que la ley es buena, siempre que se use legítimamente, sabiendo que no se ha establecido para tener a raya a las buenas personas, sino a los sin ley y a los rebeldes, a los irreverentes y pecadores, a los desvergonzados y contaminados, a los que han caído tan bajo que llegan hasta a golpear a su padre y a su madre, son asesinos, inmorales, homosexuales, traficantes de esclavos y secuestradores, mentirosos, perjuros, y todos los que son culpables de todo lo que es el reverso de la sana enseñanza, de la que está de acuerdo con el glorioso Evangelio del Dios bendito. Ese es el Evangelio que se me ha confiado.

Este pasaje empieza con un pensamiento favorito del mundo antiguo. La ley está para tener a raya a los malhechores. Una buena persona no necesita ninguna ley para controlar sus acciones que la amenace con castigos; y en un mundo de buenas personas no harían falta leyes.

El griego Antífanes decía; « El que no hace nada malo no necesita ley.» Aristóteles proclamaba que « la filosofía le permite a una persona hacer sin control externo lo que otros hacen por miedo a las leyes.» El gran obispo cristiano Ambrosio escribió: «El justo tiene la ley de su propia mente, de su propia .equidad y de su propia justicia como su principio; y por tanto no se retiene de cometer una falta por miedo al castigo, sino por regla de honor.» Los paganos y los cristianos estaban de acuerdo en considerar la verdadera bondad como algo que tiene su fuente en el corazón de la persona; como algo que no depende de las recompensas y los castigos de la ley.

Pero en una cosa diferían los paganos y los cristianos. Los paganos recordaban con añoranza una edad de oro pasada en la que todos eran buenos y no se necesitaban leyes. El poeta latino Ovidio trazó una de las descripciones más famosas de aquella edad de oro imaginaria: « Dorada fue la primera edad, en la que, sin nadie que lo impusiera, sin ninguna ley, por propia voluntad, se guardaba la fe y hacía lo recto. No existía el miedo al castigo, ni había que leer palabras amenazadoras en tablas de bronce; ninguna multitud suplicante miraba con temor el rostro del juez; sino, sin jueces, la gente vivía segura. Todavía no se había talado el pino de sus montañas nativas, y ya descendía de ellas a la llanura regada para visitar otras tierras; la gente no conocía más orillas que las propias. Ni tampoco había ciudades ceñidas con fosos profundos; no había trompetas de alarma, ni cornetines de bronce, ni espadas, ni cascos. No había necesidad en absoluto de gente armada, porque las naciones, libres de las alarmas de la guerra, pasaban los años en benigna paz.» (Metamorfosis 1:90-112). El historiador romano Tácito nos deja la misma descripción: «En los primeros tiempos, cuando las personas todavía no tenían malas pasiones, vivían vidas inocentes, intachables, sin castigos ni limitaciones. Guiados por su propia naturaleza para proponerse solamente fines virtuosos, no requerían recompensas; y, como no deseaban nada contrario al derecho, no había necesidad de penas ni castigos.» El mundo antiguo añoraba los remotos días ideales. Pero la fe cristiana no mira hacia atrás a una supuesta edad de oro pasada; mira hacia adelante, al día en que la única ley será el amor de Cristo en cada corazón; porque el día de la ley no podrá terminar hasta que amanezca el día del amor.

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