Tan pronto como llegaron a este punto, se metieron en otro problema. Si la materia es esencialmente mala y Dios es esencialmente bueno, Dios no podía haber tocado esta materia. Así es que empezaron otra serie de especulaciones. Decían que Dios había producido una emanación, y esta a su vez otra, y la segunda una tercera, y así sucesivamente hasta que hubo una emanación tan distante de Dios que podía manejar la materia; y que no había sido Dios, sino esa emanación la que había creado el mundo.
Y llegaban aún más lejos. Mantenían que cada emanación sucesiva conocía menos a Dios que las anteriores, hasta el punto de que llegó una etapa en la serie cuando las emanaciones Le desconocían totalmente, y más: hubo una etapa final cuando las emanaciones, no solo no conocían a Dios, sino Le eran activamente hostiles. Así es que llegaron a la ideas de que el dios que había creado el mundo desconocía y era hostil al verdadero Dios. Más tarde llegaron aún más lejos identificando al Dios del Antiguo Testamento con ese dios creador, y al Dios del Nuevo Testamento con el verdadero Dios.
Además proveían a cada una de las emanaciones con una biografía completa. Así es como construyeron una mitología elaborada de dioses y emanaciones, cada una con su historia, y biografía, y genealogía. No cabe duda que el mundo antiguo se enredaba en esa clase de pensamientos; y que esto también penetró en la Iglesia. Hacía de Jesús si acaso la más grande de las emanaciones, la más próxima a Dios. Le catalogaba como el primer eslabón de la cadena interminable que iba desde Dios hasta el hombre.
Esta línea gnóstica de pensamiento tenía ciertas características que aparecen por todas partes en las Epístolas Pastorales como las de aquellos cuyas herejías amenazaban a la Iglesia y la pureza de la fe.
(i) El gnosticismo está claro que era altamente especulativo, y era por tanto intelectualmente cursi. Creía que toda esta especulación intelectual estaba muy por encima de la percepción mental de la gente corriente, y no era nada más que para unos pocos escogidos, la elite de la Iglesia. Así es que se advierte a Timoteo contra «la charla impía y las contradicciones de lo que llaman falsamente conocimiento» (1 Timoteo 6:20). Se le advierte contra una religiosidad de cuestiones especulativas en lugar de una fe humilde (1 Timoteo 1:4). Y se le advierte contra el hombre que está orgulloso de su inteligencia, pero que realmente no sabe nada de nada, y no hace más que inventar cuestiones y luchas de palabras (1 Timoteo 6:4). Se le dice que evite la «charla impía,» porque no produce más que impiedad (2 Timoteo 2:16). Se le dice que evite «controversias estúpidas e insensatas» que no acaban más que en peleas (2 Timoteo 2:23). Además, las Epístolas Pastorales dejan bien claro que esta idea de una aristocracia intelectual es totalmente errónea, porque el amor de Dios es universal. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, y que todos vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Dios es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes (1 Timoteo 4:10) La Iglesia Cristiana no debe tener nada que ver con ninguna especie de fe que se base en la especulación intelectual y que presuponga una aristocracia intelectual arrogante.
(ii) El gnosticismo investigaba la larga serie de emanaciones. Le daba a cada una de ellas una biografía y un pedigrí y una importancia relativa en la cadena entre Dios y los hombres. Estos gnósticos se interesaban por «genealogías interminables » (1 Timoteo 1:4). Les encantaban «los mitos impíos y estúpidos» acerca de las emanaciones (1 Timoteo 4:7).
Apartaban los oídos de la verdad, y los aguzaban a los mitos (2 Timoteo 4:4). Traficaban en fábulas como los mitos judíos (Tito 1:14). Lo peor de todo era que pensaban en términos de dos dioses, y en Jesús como uno de una serie de mediadores entre Dios y los hombres; mientras que « no hay más que un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Jesucristo» (1 Timoteo 2:5). No hay más «que un solo Rey de los siglos, inmortal, invisible; no hay más que un solo Dios (1 Timoteo 1:17). El Cristianismo tuvo que repudiar una religión que despojaba a Dios y a Jesucristo de Su unicidad.
La ética de la herejía
El peligro del gnosticismo no era solamente intelectual. Tenía serias consecuencias morales y éticas. Debemos recordar que su creencia básica era que la materia era esencialmente mala, y solo el espíritu era bueno. Aquello producía dos resultados opuestos.
(i) Si la materia es esencialmente mala, el cuerpo también lo es; y hay que despreciar y humillar el cuerpo. Por tanto, el gnosticismo podía conducir a un ascetismo riguroso. Prohibía casarse, porque había que suprimir los instintos del cuerpo. Establecía severas leyes alimentarias, porque había que suprimir las necesidades del cuerpo en la medida de lo posible. Así es que las Epístolas Pastorales hablan de los que prohíben casarse y mandan abstenerse de viandas (1 Timoteo 4:3). La respuesta a esas personas es que todo lo que Dios ha creado es bueno y se ha de recibir con acción de gracias (1 Timoteo 4:4). Los gnósticos consideraban la creación una cosa mala, la obra de un dios malo; el Cristianismo considera la creación una cosa noble, el don de un Dios bueno. El cristiano vive en un mundo en el que todas las cosas son puras; el gnóstico vivía en un mundo en el que todo era inmundo (Tito 1:15).
(ii) Pero el gnosticismo podía conducir a la actitud ética totalmente opuesta. Si el cuerpo es malo, no importa lo que se haga con él. Por tanto, se le puede permitir que sacie sus apetitos. Tales cosas no tienen ninguna importancia. Por tanto, uno puede usar su cuerpo de la manera más licenciosa, porque todo es exactamente lo mismo. Así es que las Epístolas Pastorales hablan de los que descarrían a mujeres débiles hasta que están cargadas de pecado y son víctimas de toda clase de concupiscencias (2 Timoteo 3:6). Tales hombres profesan conocer a Dios, pero Le niegan con sus obras (Tito 1:16). Usaban sus creencias religiosas como licencia para la peor inmoralidad.
