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Juan 16: Advertencia y desafío

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

En primer lugar, nuestro Señor probablemente quiso manifestarles lo que el Espíritu Santo haría con los judíos incrédulos. Los convencería «de pecado, y de justicia, y de juicio..

Los convencería «de pecado.» Los obligaría a reconocer y confesar que al rechazar a Jesús Nazareno habían cometido un gran pecado, y se habían hecho culpables de una incredulidad atroz.

Los convencería de justicia. Les haría sentir la convicción de que Jesús Nazareno no era un impostor y un engañador, como ellos habían dicho, sino un Ser santo, justo e inocente, a quien Dios había reconocido como tal recibiéndolo allá en los cielos.

Los convencería de juicio. Les haría reconocer que el Profeta de Nazaret había vencido y juzgado a Satanás y a su legión innumerable, y que había sido exaltado a la diestra de Dios como Príncipe y como Salvador.

Que realmente el Espíritu Santo convenció así a los judíos después del día de Pentecostés, puede verse en los Actos de los Apóstoles. Fue él quien dio a los humildes pescadores de Galilea tanto poder y tanta unción para anunciar el Evangelio, que sus adversarios tuvieron que guardar silencio. No pocos de la nación judaica fueron convertidos, como San Pablo, y gran número de sacerdotes profesaron su fe en el Salvador. No hay duda de que muchísimos más experimentaron una convicción mental, aunque no tuvieron el valor suficiente para dar a conocer sus sentimientos y para tomar sobre sí la cruz de la persecución y del sufrimiento. Si se examina la parte final de los Actos de los Apóstoles se percibirá que los Judíos ya no abrigaban para con el Cristianismo ese odio y ese desprecio que se nos describen al principio del mismo libro. Tal cambio no pudo ser otra cosa que el resultado do la convicción. Es, pues, bien seguro que eso fue a lo que nuestro Señor quiso referirse cuando dijo que el Espíritu Santo reprendería y convencería.

En segundo lugar, nuestro Señor probablemente quiso predecir lo que el Espíritu Santo haría por toda la humanidad, por los gentiles, así como por los judíos.

Improbaría en todos los ámbitos del mundo las opiniones en boga acerca del pecado, de la justicia, del juicio, y les inculcaría a los hombres ideas mucho más elevadas sobre estos puntos. Les haría percibir con más claridad la verdadera naturaleza del pecado, lo necesario de la justicia y lo infalible del juicio. En una palabra, gradualmente vendría a ser un Abogado de la justicia divina por todo el mundo, y establecerla un código de moral, de pureza y de ciencia tales cuales los hombres no habían alcanzado jamás a concebir.

La historia prueba que todo esto se verificó así después del día de Pentecostés. Los humildes e iliteratos judíos que, guiados e iluminados por él, fueron por todas partes a predicar el Evangelio, después de la ascensión de nuestro Señor, revolucionaron el mundo, trasformando los hábitos, inclinaciones y prácticas de todos los pueblos civilizados. El poder del demonio fue reprimido de una manera decisiva. Aun los infieles no se atreven a negar que las doctrinas del Cristianismo produjeron un influjo maravilloso en las costumbres y opiniones que prevalecían en aquellos remotos siglos, y que los predicadores no tenían prendas o dotes especiales que explicasen ese influjo por los trámites naturales. a la verdad, el mundo había sido «redargüido y convencido,» a despecho de sí mismo; y aun los que no abrazaron la fe mejoraron de vida.

Finalmente, tengamos presente una promesa consoladora que dicho pasaje contiene. «El Espíritu de verdad,»dijo nuestro Señor a sus débiles e ignorantes discípulos, «os guiará a toda verdad.» Esa promesa fue hecha a nosotros así como a ellos. Todo lo que nos sea necesario saber para obtener la paz y la santificación, el Espíritu Santo tiene voluntad de enseñárnoslo. Por supuesto que en la promesa citada no están incluidas las verdades científicas y filosóficas.

Pero el Espíritu se digna guiarnos a toda verdad espiritual que pueda sernos provechosa y que nuestro débil entendimiento alcance a comprender. Por lo tanto, cuando leamos la Biblia, no olvidemos implorar el auxilio del Espíritu Santo. Si no lo hiciéremos, no debemos sorprendernos si la Palabra que inspiró nos pareciere difícil de entender.

Juan 16:16-24

Los discípulos no siempre entendieron las palabras de Jesucristo. Esto nos lo enseña el pasaje que empezamos a examinar. «¿Qué es esto?» decían. «No sabemos lo que dice.» Jamás persona alguna habló con más claridad que Jesús, y ningunos estaban tan acostumbrados como los apóstoles a su método de enseñar. Y, sin embargo, ni aun ellos comprendieron siempre el sentido de sus dichos y sentencias. Nosotros, por lo tanto, no debemos sorprendernos, si tampoco podemos a veces comprenderlos. Los pensamientos que algunos de ellos expresan son tan profundos que nuestro entendimiento no alcanza a sondearlos. Mas, por otra parte, damos gracias a Dios porque hay muchos que ninguna persona sincera puede dejar de comprender. Hagamos diligente uso de los conocimientos que poseemos, no dudando que al que tiene le será dado más.

En estos versículos se nos enseña que la época en que Jesucristo esté ausente de la tierra será de tristeza para los creyentes y de gozo para el mundo. «Vosotros llorareis y lamentareis, el mundo empero se alegrará..

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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