Logo

Juan 16: Advertencia y desafío

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

La versión Reina-Valera.09 ponía que Jesús había hablado hasta entonces en Proverbios, y R-V.60 en alegorías. La palabra griega es paroimía, que es la que se usa para las parábolas de Jesús, pero que significa básicamente algo que es difícil de entender, un dicho cuyo sentido está velado para el que lo escucha casualmente, que requiere meditación para descubrir lo que quiere decir. Se puede usar, por ejemplo, de las sentencias de los sabios cuya concisión las hace preñadas de contenido, o de los acertijos que desafían a la imaginación.

Jesús les quiere decir: «Hasta ahora os he estado haciendo sugerencias e indicaciones, dándoos la verdad cubierta con un velo; os he estado diciendo cosas que os hacían pensar o que os dejaban confusos; pero desde ahora os voy a decir la verdad con toda claridad.» Y pasa a decirles sencillamente que vino de Dios y que vuelve a Dios. Ese era Su secreto: no era sino el Hijo de Dios, y la Cruz no iba a ser la muerte de un criminal sino el camino de vuelta a Dios.

Y entonces Jesús dice una cosa que no debemos olvidar. Los suyos tienen acceso directo a Dios porque Dios los ama; Jesús no tiene necesidad de presentarle a Dios las súplicas de los Suyos; ellos lo pueden hacer por sí mismos. Aquí tenemos la prueba definitiva de algo que no se debe olvidar jamás. Muchas veces se piensa en términos de un Dios airado y de un Jesús benévolo, y que Jesús hizo algo que obligó a Dios a cambiar de actitud hacia la humanidad, haciendo que fuera un Dios de amor y no de juicio. Pero aquí Jesús nos dice: «Podéis acercaros a Dios, porque Él os ama.» Y eso lo dice antes de la Cruz. Jesús no murió para hacer que Dios nos amara, sino porque Dios nos ama; no para hacer que Dios sea un Dios de amor, sino para demostrar que Dios es amor. Jesús vino, no porque Dios odiaba al mundo, sino porque lo amaba de tal manera. Jesús ha traído a la humanidad el amor de Dios.

Jesús les dice a Sus discípulos que Su obra está concluida. Vino del Padre y ahora, por el camino de la Cruz, vuelve a Él. Y el acceso a Dios está abierto para todas las personas. Jesús no tiene que presentarle a Dios nuestras oraciones; cada cual puede presentárselas. Dios ama a los que aman a Cristo.

CRISTO Y SUS DONES

Juan 16:29-33

-¡Ves -dijeron los discípulos-, ahora hablas claro y no dices cosas raras! Ahora nos damos cuenta de que lo sabes todo, y no necesitas que nadie Te pregunte nada. Por eso creemos que has venido de Dios.

-¿Así es que ahora sí creéis? -les contestó Jesús¡Fijaos! Está llegando el momento, y es ahora mismo, cuando os desperdigaréis cada uno por su lado y Me dejaréis solo; aunque no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Todo esto os lo he dicho para que estéis en paz conmigo. En el mundo vais a pasar angustias; pero, ¡ánimo! ¡Yo he conquistado al mundo!

Aquí se ilumina extrañamente cómo, por fin, los discípulos se rindieron a Jesús. De pronto dieron el gran salto de la fe porque se dieron cuenta de que Jesús no tenía necesidad de preguntarle a nadie nada. ¿Qué querían decir? Atrás, en los versículos 17 y 18, los encontrábamos Hechos un lío con lo que les había dicho Jesús. Empezando en el versículo 19, Jesús se pone a contestarles sus preguntas sin que ellos las hubieran formulado. En otras palabras: podía leerles los corazones como si fueran libros abiertos. Por eso fue por lo que creyeron en Él. Uno que iba viajando por Escocia en el pasado describió a dos predicadores a los que había oído. De uno dijo: «Me mostró la gloria de Dios.» Y del otro: «Me mostró todo mi corazón.» Jesús podía hacer las dos cosas como nadie. Fue Su conocimiento de Dios y de sus corazones lo que convenció a Sus discípulos de que era el Hijo de Dios.

Pero Jesús era realista. Les dijo que, a pesar de su fe, se acercaba la hora en que Le abandonarían. Aquí tenemos algo que es tal vez lo más extraordinario de Jesús. Sabía lo vacilantes que eran Sus hombres, y sus fracasos; sabía que Le fallarían en el momento en que más los necesitara; pero, sin embargo, los amaba; y, lo que es todavía más maravilloso: ¡todavía confiaba en ellos! Conocía a las personas en su peor momento, pero seguía amándolas y confiando en ellas. Es perfectamente posible el perdonar a una persona y, al mismo tiempo, dejar bien sentado que nunca más nos fiaremos de ella. Pero Jesús dijo: «Sé que, en vuestra debilidad, me desertaréis; pero todavía estoy convencido de que seréis conquistadores.» Jamás se habían combinado así el perdón y la confianza. ¡Qué lección tenemos aquí! Jesús nos enseña a perdonar, y a confiar en la persona que nos ha fallado.

Aquí hay cuatro cosas bien claras acerca de Jesús.

(i) Está la soledad de Jesús. Los Suyos Le iban a dejar solo; y, sin embargo, Él no Se sentía solo, porque tenía a Dios. Nadie que esté de parte del bien está nunca solo: Dios siempre está con él. Ninguna persona que sea buena está totalmente abandonada, porque Dios no abandona.

(ii) Está el perdón de Jesús. De esto ya hemos hablado. Sabía que Sus amigos Le abandonarían, y sin embargo no se lo echó en cara, y después no les guardó rencor. Los amaba con todas sus debilidades; los veía y los amaba tal como eran. Si idolatramos a una persona y la consideramos impecable, estamos condenados a llevarnos una desilusión. Debemos amar a las personas tal como son en realidad.

Deja una respuesta

Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

Comparte en tus Redes Favoritas

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Sermones

Ilustraciones

Estudia La Biblia

Pide información sobre Nuestra Alianza

Al enviar esta solicitud aceptas los Términos y Condiciones de ACPI PR