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Juan 16: Advertencia y desafío

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Aquí tenemos el secreto del asunto. La Revelación nos viene, no de un libro o una doctrina, sino de una Persona viva. Cuanto más cerca vivamos de Jesús, mejor Le conoceremos. Cuanto más lleguemos a parecernos a El, más podrá comunicarnos. Cuanto más nos rindamos a Su señorío, más disfrutaremos de Su Revelación.

LA TRISTEZA QUE SE VUELVE ALEGRÍA

Juan 16:16-24

-Dentro de poco dejaréis de verme; pero un poco después Me volveréis a ver otra vez.

Algunos de Sus discípulos se preguntaban unos a otros:

-¿Qué querrá decir con eso de «dentro de poco dejaréis de verme, pero un poco después Me volveréis a ver?» ¿Y qué es lo que quiere decir con «Voy a Mi Padre?»? ¿Qué quiere decir cuando habla de « dentro de poco»? ¡No Le entendemos!

Jesús Se daba cuenta de que querían preguntarle varias cosas, así que les dijo:

-Estáis discutiendo entre vosotros lo que Yo quería decir con aquello de « Dentro de poco dejaréis de verme; pero un poco después Me volveréis a ver.» Lo que os digo es la pura verdad: Vosotros lloraréis y os lamentaréis, pero el mundo se alegrará. Vosotros lo sentiréis mucho, pero vuestra tristeza se cambiará en alegría. Cuando una mujer está para dar a luz se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha nacido el bebé ya no se acuerda del dolor, de la alegría de que haya nacido una criatura en el mundo. Así vosotros, de momento estáis tristes; pero os volveré a ver, y se os alegrará el corazón, y ya nadie os quitará la alegría. Ese día no tendréis nada que preguntarme. Lo que os digo es la pura verdad: El Padre os dará todo lo que Le pidáis en Mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en Mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestra alegría llegue a su plenitud.

Aquí Jesús está mirando más allá del presente a la nueva era que va a amanecer. Los judíos creían que la Historia se dividía en dos partes: la edad presente y la por venir. La edad presente era rematadamente mala y estaba bajo condenación; y la por venir era la edad de oro de Dios. Entre las dos edades, antes de la venida del Mesías, que era el que introduciría la nueva edad, estaba el Día del Señor, que iba a ser un día terrible en el que el mundo sufriría grandes sacudidas antes que amaneciera la edad de oro. Los judíos solían llamar a ese tiempo de prueba «el alumbramiento de los días del Mesías.»

El Antiguo Testamento y la literatura intertestamentaria están llenos de descripciones del terrible tiempo intermedio. «He aquí viene el Día del Señor, terrible y de indignación y ardor de ira, para convertir la Tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores» (Isa_13:9 ). «Tiemblen todos los moradores de la Tierra, porque viene el Día del Señor que está cercano; día de tinieblas y de oscuridad» (Joe_2:1-2 ). «El honor se convertirá en vergüenza, y la fortaleza será humillada despectivamente, y la probidad será destruida, y la belleza se transformará en fealdad» (2 Baruc 27). «El Día del Señor vendrá como ladrón, y en él los cielos pasarán con un ruido terrible y los elementos se disolverán con fuego, y la Tierra y las obras que están sobre ella se quemarán» (2Pe_3:10 ). Tal era la descripción de los dolores de parto de la nueva era, que habían de coincidir con la venida del Mesías.

Jesús conocía esa literatura, y tenía en mente sus imágenes. Y ahora estaba diciendo a Sus discípulos: «Ahora os dejo solos, pero volveré otra vez. Llegará el día en que empiece Mi Reinado y venga Mi Reino, pero antes tendréis que pasar cosas terribles, con dolores como los de una mujer cuando está de parto. Pero, si los sufrís con fidelidad, las bendiciones serán maravillosas.» Y de ahí pasó a describir la vida del cristiano que soporte la prueba.

(i) La tristeza se convertirá en alegría. Habrá un tiempo que parecerá que ser cristiano no trae más que sufrimiento, y ser del mundo nada más que bienestar; pero llegará el día en que se volverán las tornas. La alegría descuidada del mundo se cambiará en tristeza, y la aparente tristeza del cristiano se tornará alegría. El cristiano debe recordar siempre, cuando tenga que pagar cara su fe, que ese no es el fin de todo, y que la tristeza se tornará alegría.

(ii) La alegría cristiana tendrá dos preciosas características. (a) Nunca nos será arrebatada. Estará libre de los azares y avatares de la vida. Es un hecho innegable que, en cada generación, los que más han sufrido testifican de haber tenido dulces experiencias con Cristo. La alegría que produce el mundo está a merced del mundo; la que da Cristo es independiente de todo lo que el mundo pueda hacer. (b) Será completa. En la alegría del mundo siempre hay algo que falta. Puede que sea porque, de alguna manera, contiene algo de remordimiento; que hay en su cielo una nube no más grande que la palma de la mano pero que la estropea; que el saber que no puede durar no se nos aparta de la mente. En la alegría cristiana, en el gozo de la presencia de Cristo, no hay ningún vestigio de imperfección. Es perfecto y completo.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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