Exactamente de la misma manera podemos perder la facultad de reconocer a Dios. Si persistimos en rechazar su Palabra, y no seguimos más que nuestro propio criterio, cerrando los ojos y los oídos para no ver ni oír a Dios, podemos llegar a la condición de no poder reconocerle cuando le veamos u oigamos, y para nosotros el bien sea como el mal y el mal como el bien. Eso es lo que les había sucedido a los escribas y fariseos: habían llegado a ser tan sordos y ciegos para Dios que cuando Él vino le tomaron por el diablo.
¿Por qué es imperdonable ese pecado? Porque en ese estado el arrepentimiento ya es imposible. Si una persona ni siquiera se da cuenta de que es pecadora, si la bondad ya no la atrae, no se puede arrepentir. No es Dios quien la ha excluido: se ha excluido a sí misma con su actitud cerrada. Eso quiere decir que el que teme haber cometido el pecado imperdonable, no lo ha cometido; porque, si lo hubiera cometido estaría tan muerto para Dios que ya no le preocuparía esa posibilidad.
(iv) Aquí se nos habla de la lealtad recompensada. Esa recompensa no es una cosa material. Es que, en el Cielo, Jesús dirá de nosotros: «Esa persona era mía. ¡Bien hecho!»
(v) Aquí se nos habla de la ayuda del Espíritu Santo. En el cuarto evangelio, el título preferido del Espíritu Santo es el Paráclito. En griego, parakletos es uno que está cerca para ayudar. Se puede referir a un testigo, o a un abogado que nos defiende en un juicio. En el día de la prueba no tenemos por qué temer, porque nada menos que el Espíritu Santo de Dios estará a nuestro lado para defendernos.
EL LUGAR DE LAS POSESIONES EN LA VIDA
Lucas 12:13-34
Uno de tantos se dirigió a Jesús, y le pidió:
Maestro, hazme el favor de decirle a mi hermano que reparta la herencia conmigo.
-¡Pero, hombre! -le contestó Jesús- ¿quién me ha puesto a mí de juez o repartidor entre vosotros? -Y entonces se dirigió a todos-: ¡Guardaos muy mucho de toda clase de avaricia! La vida humana no consiste en la cantidad de riquezas que se tienen-. Y entonces les contó una parábola-: Érase una vez un tío muy rico, y su hacienda producía unas cosechas de miedo. Y él cabilaba y se decía para sus adentros: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque ya no tengo sitio donde meter toda la cosecha.» Y tuvo una idea: «¡Ya sé lo que voy a hacer! Voy a derribar los almacenes y a construirlos más grandes, y así podré guardarme todas mis cosechas y mis riquezas. Y entonces me diré: ¡Venga, tú! ¡Ahora sí que tienes un montón de cosas buenas seguras para mucho tiempo! ¡Deja ya de trabajar, y dedícate a comer y a beber lo que te dé la gana, y a pasártelo bien!» Pero entonces Dios le dijo: «¡Idiota! Esta misma noche te vas a morir, ¿y quién va a disfrutar de todo lo que has almacenado?» Eso es lo que le pasa al que no se preocupa más que de amasar riquezas, y para Dios es un pobre hombre.
Luego les dijo Jesús a sus discípulos:
-Por eso Yo os digo que no os aperreéis por las cosas de la vida como qué vais a comer o qué os vais a poner; porque la vida es mucho más que lo que se come, y el ser persona es mucho más que lo que se lleva puesto. Fijaos en los pájaros, que ni siembran, ni siegan, ni tienen frigorífico ni despensa, y Dios los alimenta. ¿Es que no valéis vosotros más que los pájaros? ¿Podéis acaso añadirle un palmo a vuestra vida a base de preocuparon? Pues, si no os sirve para cambiar lo que tiene menos importancia, ¿para qué preocuparos por lo que está por encima de vosotros? Fijaos en cómo crecen los lirios, que ni labran la tierra, ni hilan, ¡pero os aseguro que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos! Pues si Dios viste así a la hierba, que tal que hoy está en el campo, y mañana la usan para encender el horno, ¿os cuesta creer que Dios lo hará más todavía con vosotros? Así que no os preocupéis por lo que vais a comer o a beber, ni viváis sobre ascuas, como les pasa a los que no conocen a Dios. ¡Vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todo eso, y Él se preocupa de que no os falte! Así que vosotros, si os dedicáis por entero al Reino de Dios, recibiréis además todo lo demás que necesitáis. ¡No tengáis miedo, rebañito mío: a vuestro Padre le encanta daros el Reino! Vended vuestras posesiones y dadles el producto a los que no tienen nada; así es como se adquiere una riqueza que no se gasta nunca, y un tesoro que no se agota jamás; porque ahí no llegan las polillas, ni se introducen los ladrones. Así es que poned todas las ilusiones de vuestro corazón allí donde está vuestro verdadero tesoro.
No era extraño en la Palestina de aquel tiempo el llevar los pleitos a los rabinos más respetables; pero Jesús se negó a dejarse involucrar en cuestiones de dinero. Eso sí: aprovechó la ocasión para establecer cuál había de ser la actitud de sus seguidores en relación con las cosas materiales. Jesús tenía algo que decirles tanto a los que tenían abundancia de bienes materiales como a los que no.
(i) Jesús dirigió esta parábola del Rico Insensato a los que tienen muchos bienes de este mundo. Dos cosas resaltan en ese hombre.
