(a) Nunca veía más allá de sí mismo. Es la parábola en que aparecen más palabras de la primera persona: yo, me, mí, mi, mío. A un alumno le preguntaron una vez qué clase de palabras eran mío y tuyo, y contestó: «Pronombres agresivos» -en vez de posesivos. El rico insensato era agresivamente egoísta. Si le sobraba algo, no pensaba en dárselo a nadie. Toda su actitud era lo contrario del Evangelio: en vez de negarse a sí mismo se afirmaba agresivamente a sí mismo; en vez de encontrar la felicidad en el dar, la buscaba en el guardar para sí.
El principio de John Wesley era ahorrar todo lo que pudiera, y dar todo lo que pudiera. Cuando estaba en Oxford tenía unos ingresos de 30 libras al año: vivía con 28 y daba las otras 2. Cuando sus ingresos ascendieron a 60 libras, a 90 y a 120 al año, todavía vivía con 28 y daba el resto. El inspector general de la plata le dijo que tenía que pagar un impuesto, y Wesley contestó: « Tengo dos cucharillas de plata en Londres y otras dos en Bristol. Esa es toda la plata que tengo de momento, y no tengo intención de comprar más mientras haya tantas personas a mi alrededor que necesitan pan.» Los Romanos tenían el dicho de que el dinero es como el agua del mar: cuanta más se bebe, más sed se tiene. Mientras se tenga la actitud del rico insensato, el deseo es tener más -y eso es lo contrario del Evangelio.
(b) Nunca veía más allá de este mundo. Todos sus planes eran para esta vida. Una vez estaban hablando un joven ambicioso y un hombre mayor que conocía la vida. El joven decía: « Me prepararé para una profesión.» Y el hombre le preguntaba: « ¿Y luego?» «Pondré un negocio.» «¿Y luego?» « Haré una fortuna.» «¿Y luego?» «Supongo que me iré haciendo viejo, y me retiraré y viviré de las rentas.» «¿Y luego?» «Bueno, supongo que algún día me tendré que morir.» «¿Y luego?» ¡Inquietante final! El que no quiere acordarse de que hay otra vida está destinado a sufrir la más trágica desilusión.
(ii) Pero Jesús tenía algo que decirles a los que tenían pocos bienes de este mundo. En todo este pasaje, lo que Jesús prohíbe es la ansiedad ola preocupación. Jesús no dijo nunca que tenemos que vivir como unos vagos, o manirrotos, o pródigos. Lo que sí dijo es que tenemos que hacerlo todo lo mejor posible, y dejar el resto a Dios. Los lirios de los que habla Jesús eran las amapolas, que pueblan las laderas de los montes después de los infrecuentes chubascos veraniegos. En un día florecen y mueren. La leña escaseaba en Palestina, y se usaba la hierba y las flores secas para calentar el horno. «Si Dios -dijo Jesús- se cuida de los pájaros y de las flores, ¡cuánto más se cuidará de vosotros!»
Jesús dijo: « Buscad en primer lugar el Reino de Dios.» Ya hemos visto que el Reino de Dios se hace realidad en la Tierra cuando se hace la voluntad de Dios tan perfectamente como en el Cielo; así es que Jesús estaba diciendo: « Aplicad todo vuestro esfuerzo a obedecer a la voluntad de Dios, y contentaos con eso. Mucha gente aplica todos sus esfuerzos a amontonar cosas que por naturaleza no pueden durar. Trabajad por las cosas que duran para siempre, que no tendréis que dejar atrás cuando salgáis de este mundo, sino que podréis llevar con vosotros.»
En Palestina, como en el resto del mundo, la riqueza se veía muchas veces en la manera de vestir; ¡pero la ropa lujosa puede ser presa de las polillas! En cambio, si una persona viste su alma con ropa de honor y pureza y bondad, nada de este mundo la puede estropear. Si buscamos nuestro tesoro en el Cielo, allí se orientarán los anhelos del corazón; y, si en la Tierra, en ella quedará retenido nuestro corazón, y algún día tendremos que decirles adiós; porque, como dice el tenebroso y realista proverbio español, «Una mortaja no tiene bolsillos.»
ESTAD PREPARADOS
Lucas 12:35-48
Jesús siguió diciéndoles:
-Tened bien ajustado el cinturón, y mantened las lámparas encendidas; figuraos que sois unos siervos que están esperando a su Señor, que vuelve de celebrar su boda, y que están listos para abrirle en seguida en cuando llegue y llame a la puerta. ¡Felices los siervos a los que halle velando su Señor cuando regrese! ¡Os aseguro que se pondrá el delantal, los invitará a sentarse a la mesa y se pondrá a servirles! Aunque llegue al filo de la medianoche, o de madrugada, ¡felices los siervos a los que su Señor encuentre así! Tened esto bien presente: que si el amo de la casa supiera a qué hora se le puede presentar el ladrón, no correría el riesgo de que le minaran la casa por haberse ido a la cama. Así es que vosotros, aplicaos el cuento, y manteneos alerta, ¡porque este Hijo del Hombre se os va a presentar a cualquier hora inesperada!
Pedro entonces le preguntó:
-Señor, ¿esa parábola va sólo por nosotros, o es para todo el mundo?
-¿Quién crees tú que puede ser el mayordomo fiel y precavido al que su Señor va a poner al cuidado de toda su casa para que organice el trabajo de todos y le dé a cada uno su tarea y su ración? -le contestó Jesús-. ¡Feliz el siervo al que encuentre su Señor haciéndolo así a su regreso! Os aseguro que será a ese al que pondrá al cuidado de todos sus bienes. Pero si el tal siervo dice para sus adentros: «El regreso de mi Señor va para largo»; y se pone a maltratar a los criados y a las criadas, y no se dedica más que a comer y a beber y a emborracharse, el día y la hora que llegue inesperadamente el Señor de ese siervo le dará su merecido y le retirará totalmente su confianza. El siervo que sabía lo que quería su Señor que hiciera, y no se organizó, ni lo hizo, recibirá más palos que otro, que a lo mejor no sabía lo que quería su amo, y que en su ignorancia mereció el castigo. Está claro que, al que se le haya confiado mucho, se le pedirán cuentas de mucho; y al que se haya encargado mucho, mucho se le exigirá.
