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Lucas 12: El credo del valor y la confianza

Este pasaje tiene dos sentidos. El más literal se refiere a la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo; y un sentido más amplio se refiere a cuando el Señor nos llama a su servicio, y que debemos estar preparados para rendirle cuentas.

Se alaba al siervo que está preparado. La ropa larga y suelta de los orientales no era la más adecuada para ciertos trabajos; así es que cuando uno se disponía a trabajar se sujetaba bien el cinturón para tener más movilidad. La lámpara oriental era una mecha de algodón que flotaba en una jarrita de aceite; había que mantener la mecha recortada y el depósito de aceite lleno para que no se apagara.

Nadie sabe el día ni la hora en que la eternidad invadirá el tiempo y habremos de dar cuenta. ¿Cómo queremos que nos encuentre Dios?

(i) Querríamos que nos encontrara con nuestra tarea terminada. Para muchos de nosotros la vida está llena de cabos sueltos: tenemos cosas sin acabar y cosas a medio hacer, cosas aplazadas y cosas que ni siquiera hemos intentado. Siempre ha habido quienes se han dado cuenta de esta tendencia humana, como Lope de Vega:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras?

¡Ah, cuánto fueron mis entrañas duras pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía: «Alma, asómate ahora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía!»

¡Y cuántas, Hermosura soberana, «Mañana le abriremos», respondía para lo mismo responder mañana!

Jesús pudo decirle al Padre: «He acabado la obra que me diste que hiciera» (Joh_17:4 ). Y Pablo: «He acabado la carrera» (2 Timoteo_4:7 ). No debe sorprendernos la noche con nuestro trabajo sin terminar.

(ii) Querríamos que Dios nos encontrara en paz con los demás. Sería horrible salir de este mundo llevando o dejando amargura. No debiéramos dejar que se pusiera el sol sin zanjar un desacuerdo (Efesíos 4:26), y menos si el sol se ha de poner por última vez para nosotros -que no sabemos cuándo será.

(iii) Querríamos que Dios nos encontrara en paz con Él. Al final todo dependerá de si pensamos que vamos a encontrarnos con un extraño o con un enemigo, o a dormir en los brazos de un Padre.

En la segunda sección de este pasaje, Jesús traza las semblanzas del mayordomo fiel y del infiel. En Oriente, el mayordomo tenía unos poderes casi ilimitados. Era un esclavo como los demás, pero estaba a cargo de los otros. Un mayordomo de confianza gobernaba la casa de su amo y administraba su hacienda. El mayordomo insensato cometió dos errores.

(i) Se dijo: Haré lo que me dé la gana mientras mi amo esté fuera. Olvidó que el día de rendir cuentas tenía que llegar. Tenemos la costumbre de dividir la vida en compartimentos estancos: hay una parte en la que nos acordamos de Dios, y otra en la que no. Trazamos una línea entre lo sagrado y lo profano. Pero, si nos hemos enterado de lo que es el Evangelio, sabremos que no hay una parte de nuestra vida de la que el Señor está ausente. Trabajamos y vivimos siempre ocupados en los negocios del Señor, y Él nos ve siempre.

(ii) Se dijo: Me sobra tiempo para arreglar las cosas antes que venga el amo. No hay nada más fatal que el creernos que hay tiempo de sobra. Jesús dijo: « Me es necesario hacer las obras del que me envió entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar» (Joh_9:4 ). Denis Mackail nos cuenta que cuando Sir James Barrie era viejo no quería hacer planes o invitaciones para dentro de mucho tiempo, sino que decía: « Todo a corto plazo.» Los españoles sabemos muy bien las oportunidades que perdemos y lo que se queda sin hacer por dejar las cosas para mañana.

Este pasaje termina advirtiéndonos que el conocimiento y el privilegio siempre conllevan responsabilidad. El pecado es doblemente pecaminoso en una persona que sabe lo que se hace; el fracaso es doblemente culpable en el que ha tenido la oportunidad de hacer las cosas bien.

LA VENIDA DE LA ESPADA

Lucas 12:49-53

-Yo he venido para pegarle fuego al mundo. ¡Qué más quisiera que ya estuviera ardiendo! -siguió diciendo Jesús-. Tengo que sumergirme en la marea del sufrimiento, ¡y cómo me angustio hasta pasarlo todo hasta el fin! ¿Es que creéis que he venido para que el mundo descanse en paz? ¡De eso nada! He venido para producir inquietud. Desde ahora en adelante, si en una familia son cinco, van a estar divididos tres contra dos y dos contra tres. Se van a enfrentar el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

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