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Lucas 7: La Fe de un soldado

7.31-35 Los líderes religiosos odiaban a cualquiera que hablara la verdad y desenmascarara la hipocresía, y no se molestaron en ser lógicos en sus críticas. Criticaron a Juan el Bautista porque ayunaba y no tomaba vino, criticaron a Jesús porque comía en abundancia y tomaba vino con los recaudadores de impuestos y «pecadores». Su objeción real hacia ambos, por supuesto, no tenía nada que ver con sus hábitos de dieta. Lo que fariseos y expertos en la Ley no soportaban era que les descubrieran su hipocresía.

7.33, 34 A los fariseos no les preocupaba su actitud ilógica con Juan el Bautista y Jesús. Eran muy buenos para justificar su «sabiduría». La mayoría podemos encontrar razones muy válidas para hacer o creer cualquier cosa que encaje con nuestros propósitos. Sin embargo, si no examinamos nuestras ideas a la luz de Dios, llegaremos a ser tan autosuficientes como los fariseos.

7.35 Los hijos de la sabiduría seguían a Jesús y Juan. Tenían vidas cambiadas. Su estilo de vida recto demostraba la sabiduría que Jesús y Juan enseñaban.

7.36 Un incidente similar ocurrió más tarde en el ministerio de Jesús (véanse Mat_26:6-13; Mar_14:3-9; Joh_12:1-11).

7.37 Los vasos de alabastro eran tallados, caros y hermosos.

7.38 A pesar de que no invitaron a la mujer, de algún modo entró en la casa y se arrodilló ante Jesús. En la época de Jesús, se acostumbraba recostarse mientras se comía. Los invitados se recostaban sobre lechos con sus cabezas cerca de la mesa, permitiéndoles apoyarse en un codo y estirar sus pies. La mujer pudo con facilidad ungir los pies del Señor sin tener que acercarse a la mesa.

7.44ss Lucas compara de nuevo a los fariseos con los pecadores y de nuevo estos toman la delantera. Simón cometió varios errores sociales al pasar por alto lavar los pies de Jesús (una cortesía que se extendía a los invitados, ya que con el uso de las sandalias los pies se ensuciaban mucho), ungir su cabeza con aceite y ofrecerle el beso de bienvenida. ¿Pensó quizás que era demasiado bueno como para tratar a Jesús como igual? La mujer pecadora, por contraste, derramó lágrimas y perfume costoso y besó a su Salvador. En esta historia la prostituta es generosa, y no el avaro líder religioso, quien obtiene el perdón de sus pecados. Aunque es la gracia de Dios mediante la fe lo que nos salva y no actos de amor ni de generosidad, los hechos de esta mujer demostraron su verdadera fe, la cual Jesús honró.

7.47 El amor se desborda como reacción natural al perdón y al efecto apropiado de la fe. Pero solo los que reconocen la profundidad de su pecado pueden apreciar todo el perdón de Dios que se les ofrece. Jesús rescata a todos sus seguidores de la muerte eterna, sea que alguna vez fueran malvados en extremo o que fueran convencionalmente buenos. ¿Valora la infinita misericordia de Dios? ¿Está agradecido por su perdón?

7.49, 50 Los fariseos pensaban que solo Dios podía perdonar pecados, de manera que se admiraban que este hombre, Jesús, dijera que los pecados de la mujer eran perdonados. No veían a Jesús como Dios.

Lucas 7:1-10

Estos versículos describen la cura milagrosa de un enfermo, centurión ú oficial del ejército Romano acude a nuestro Señor interesarlo en favor de su siervo, y obtiene lo que pide. Milagro de curación mayor que este no se registra en ninguna parte de Evangelios. Aun sin ver al paciente, que estaba moribundo, tocarlo con la mano, ni mirarlo, nuestro Señor le restituye la salud por medio de una sola palabra. Habla, y el enfermo es curado. Manda, y la enfermedad desaparece. No leemos de ningún profeta ó apóstol, que obrara milagros de esta manera. He aquí el dedo de Dios.

Debemos de notar en estos versículos la bondad del centurión. Este rasgo de su carácter se manifiesta de tres modos distintos. Le vemos en el tratamiento que da a su siervo: lo cuida tiernamente cuando está enfermo, y se esmera en que recobre la salud. Le vemos también en su cariño por el pueblo Judío. No lo desprecia como otros gentiles lo hacían generalmente, pues los ancianos dan este testimonio importante: «él ama a nuestra nación.» Le vemos finalmente en la generosidad con que patrocinó la sinagoga de Capernaúm: no manifestó su amor para con Israel de palabra solamente, sino también con hechos. Los mensajeros que envió a nuestro Señor apoyaron la petición diciendo: «El nos edificó una sinagoga..

Ahora bien, ¿en dónde aprendió el centurión a ser bondadoso? ¿Cómo podemos explicarnos porqué uno que era pagano de nacimiento y soldado de profesión manifestara tal carácter? Cualidades como estas no es probable que se adquiriesen entre los paganos ni que se formasen en la sociedad de un campamento romano. La filosofía Griega y la Latina no las recomendaban. Los tribunos, cónsules, prefectos, y emperadores no podían fomentarlas. Ocurre solamente una razón: el centurión era lo que era «por la gracia de Dios.» El Espíritu había abierto los ojos de su entendimiento, y cambiándole el corazón. Su discernimiento de las cosas divinas era sin duda muy oscuro. Sus opiniones religiosas se fundaban probablemente en un conocimiento imperfecto de las Escrituras del Antiguo Testamento. Pero cualquiera que fuese la luz que hubiese recibido de lo alto, ella influyó en su vida, y uno de sus resultados fue la bondad descrita en este pasaje.

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