Tendremos una mejor posibilidad de que nuestro matrimonio resulte. No seamos duros de corazón como los fariseos, hagámonos el firme propósito, con la ayuda de Dios, de permanecer juntos.
10.6, 9 Las mujeres se trataban como objetos. El matrimonio y el divorcio se consideraban como una transacción similar a comprar o vender tierra. Pero Jesús condenó esta práctica y aclaró la intención original de Dios: que el matrimonio produjera unidad (Gen_2:24). Jesús dignificó el ideal de Dios en cuanto al matrimonio y dijo a sus seguidores que vivieran de acuerdo con él.
10.13-16 A menudo se criticaba mucho a Jesús por pasar demasiado tiempo con cierto tipo de personas: niños, recaudadores de impuestos, pecadores (Mat_9:11; Luk_15:1-2; Luk_19:7). Algunos, incluso los discípulos, pensaban que Jesús debía pasar más tiempo con los líderes importantes y con la gente devota, porque era la mejor manera de mejorar su posición y evitar críticas. Pero Jesús no necesitaba mejorar su posición. Era Dios y anhelaba hablar con los más necesitados.
10.14 Los adultos no son tan confiados como los niños. Todo lo que los niños necesitan para sentirse seguros es una mirada de amor y un toque afectuoso de alguien que se ocupe de ellos. No requieren una completa comprensión intelectual. Nos creerán si confían en nosotros. Jesús dijo que todos debemos creer en El con esta clase de fe infantil. No necesitamos entender todos los misterios del universo; será suficiente saber que Dios nos ama y nos ha perdonado de nuestros pecados. Esto no significa que debemos ser niños inmaduros, sino que debemos confiar en Dios con la sencillez y pureza de un niño.
10.17-23 Este joven quería estar seguro de poseer la vida eterna y por eso preguntó cómo lograrla. Dijo que jamás quebrantó ni siquiera una de las leyes que Jesús le mencionó (10.19), y tal vez guardaba hasta la versión llena de pretextos de los fariseos. Pero Jesús, lleno de amor, irrumpió a través del orgullo del joven con un desafío a que expusiera sus verdaderos motivos: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres». Aquí estaba la barrera que podía mantener a aquel joven fuera del Reino: su amor al dinero. El dinero representaba su orgullo, el éxito logrado y la autosuficiencia. Es irónico, pero su actitud lo incapacitaba para guardar el primer mandamiento de no permitir que nada llegara a ser más importante que Dios (Exo_20:3). No pudo cumplir el requerimiento que Jesús le hizo: entregar corazón y vida a Dios. El joven se acercó a Jesús deseando saber qué hacer; y se fue viendo lo que era incapaz de hacer. ¿Qué barreras le impiden entregar su vida a Cristo?
10.18 Cuando Jesús le hizo esta pregunta, en realidad le decía: «¿Sabes con quién hablas?» Como solo Dios es en verdad bueno, el joven llamaba a Jesús «Dios». Por supuesto, esto era correcto, pero él no se dio cuenta de ello.
10.21 ¿Qué significa para usted su dinero? Aunque Jesús le dijo a este joven que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres, no denota que Jesús pide a todos los creyentes que vendan sus posesiones. La mayoría de sus seguidores no lo vendieron todo, pero usaron sus posesiones para bendición de otros. En cambio, esta historia nos muestra que no debemos permitir que haya algo que nos frene a seguir a Jesús. Debemos quitar toda barrera que nos impida servir a Dios en forma plena. Si Jesús le pidiera su casa, ¿se la daría? ¿Y el automóvil? ¿Y su nivel de ingresos? ¿Su posición en la escalera de la promoción? Su reacción mostrará su actitud hacia el dinero, si es su servidor o su amo.
10.21 Jesús manifestó un amor verdadero hacia este hombre, aun sabiendo que no le seguiría. El amor verdadero es capaz de dar una clara advertencia; no se anda por las ramas respecto a la verdad. Cristo nos amó tanto que murió por nosotros, pero sigue dando claras advertencias. Si su amor fuera superficial, nos aprobaría en todo; pero como su amor es completo, nos presenta retos de cambios en nuestra vida.
10.23 Jesús dijo que era muy difícil para un rico entrar en el Reino de Dios, porque el rico tiene todas sus necesidades básicas resueltas y llega a confiar demasiado en sí mismo. Cuando se sienten vacíos, compran cualquier cosa para suavizar el dolor que pudo haberles llevado hacia Dios. Su abundancia llega a ser su pobreza. La persona que tiene todo lo que quiere en esta tierra puede carecer de lo más importante: la vida eterna.
10.26 Los discípulos estaban asombrados. ¿No son las riquezas bendiciones de Dios, recompensas por ser uno bueno? Aun hoy en día este falso concepto es muy común. Aunque muchos creyentes gozan de gran prosperidad material, otros tantos viven en dura necesidad. Las riquezas no prueban que uno tiene fe, ni parcialidad de Dios.
10.29, 30 Jesús aseguró a sus discípulos que cualquiera que diera algo de valor por su causa sería recompensado cien veces más en esta vida, aunque no necesariamente de la misma forma. Por ejemplo, si la familia de alguien lo rechaza por aceptar a Cristo, ganará una familia de creyentes más grande. Junto con estas recompensas, sin embargo, recibimos persecución porque el mundo odia a Dios. Jesús enfatizó la persecución para asegurarse que no lo siguiéramos por egoísmo, solo pensando en las recompensas.
10.31 Jesús dijo que en el mundo venidero, los valores serán a la inversa. Los que buscan posiciones e importancia aquí en la tierra, no la tendrán en el cielo. Los que son humildes serán grandes en el cielo. La condición corrupta de nuestra sociedad alienta la confusión en los valores. Nos bombardean mensajes que nos dicen cómo ser importantes y sentirnos bien, y las enseñanzas de Jesús en cuanto a servir a otros parecen extrañas. Sin embargo, los que sirven a los demás están mejor calificados para ser grandes en el reino de los cielos.
