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Marcos 10: En la enfermedad y en la salud

10.32 Los discípulos temían lo que les esperaba en Jerusalén, porque Jesús les habló de enfrentar persecuciones.

10.33, 34 La muerte y resurrección de Jesús no debió sorprender a los discípulos. Aquí les explicó con toda claridad lo que le ocurriría. Es lamentable, pero no entendieron bien lo que les dijo. Jesús afirmó que El era el Mesías, pero ellos creían que el Mesías era un rey conquistador. Les habló de la resurrección, pero no entendían cómo una persona podía volver a la vida después de estar muerta. Debido a que Jesús a menudo hablaba por parábolas, es posible que los discípulos pensaran que sus referencias a la muerte y a la resurrección eran otra parábola que no entendían. Los Evangelios incluyen las profecías de Jesús acerca de su muerte y resurrección para demostrar que ello estaba en el plan de Dios desde el principio y no se trataba de un accidente.

10.35 Marcos narra que Juan y Jacobo fueron a Jesús con una petición; en Mateo, también la madre hizo la petición. No hay contradicción en los relatos: madre e hijos estaban de acuerdo en hacer la petición de permitirlos ocupar lugares de honor en el Reino de Cristo.

10.37 Los discípulos, como muchos judíos de hoy en día, tenían una idea errada del reino mesiánico predicho por los profetas del Antiguo Testamento. Creían que Jesús establecería un reino terrenal que liberaría a Israel de la opresión romana y Jacobo y Juan querían lugares de honor en él. Pero el Reino de Jesús no es de este mundo; no se centra en palacios ni tronos, sino en los corazones y en las vidas de los creyentes. Los discípulos no lo entendieron sino hasta después de la resurrección de Jesús.

10.38, 39 Jacobo y Juan dijeron que estaban dispuestos a sufrir toda prueba por Cristo. Ambos la sufrieron: Jacobo murió como un mártir (Act_12:2) y a Juan lo forzaron a vivir en el destierro (Rev_1:9). Es fácil decir que estamos dispuestos a sufrir por Cristo, pero la mayoría nos quejamos cada día cuando cosas insignificantes nos irritan. Si decimos que estamos dispuestos a sufrir en gran escala por Cristo, debemos estar listos a sufrir la irritación que se origina al servir a otros.

10.38-40 Jesús no ridiculizó a Jacobo ni a Juan por su petición, pero la denegó. Sintámonos libres de pedir a Dios cualquier cosa, pero es muy posible que la respuesta sea negativa. Dios quiere darnos lo mejor, no simplemente lo que deseamos tener. Algunas de las cosas que pedimos se nos niegan precisamente para nuestro bien.

10.42-45 Jacobo y Juan apetecían la más alta posición en el Reino de Jesús. Pero El les dijo que la verdadera grandeza estaba en servir a otros. Pedro, uno de los discípulos que oyó el mensaje, desarrolló este pensamiento en 1Pe_5:1-4.
La mayoría de los negocios, organizaciones e instituciones en nuestro mundo miden la grandeza por los altos logros de la persona. En el Reino de Cristo, sin embargo, el servicio es la forma de tomar la delantera. El deseo de estar en la cima puede ser un estorbo y no una ayuda. En vez de buscar la satisfacción de sus necesidades, procure maneras de ministrar las necesidades de otros.

10.45 Este versículo no solo revela el motivo del ministerio de Jesús, sino también el fundamento de nuestra salvación. Rescate era el precio a pagar por la libertad de un esclavo. Jesús pagó el rescate por nosotros, ya que no podíamos pagarlo. Su muerte nos liberó de la esclavitud del pecado. Los discípulos creían que la vida y el poder de Jesús los salvaría de Roma; Jesús dijo que su muerte los salvaría del pecado, una esclavitud mayor que la de Roma. En 1Pe_1:18-19 se habla más acerca del recate que Jesús pagó por nosotros.

10.46 Jericó era una ciudad importante, un balneario popular que Herodes el Grande reconstruyó en el desierto de Judea, no lejos del cruce del Jordán. Jesús iba camino a Jerusalén (10.32) y, después de pasar por Perea, entró en Jericó.

10.46 Los mendigos eran un espectáculo común en muchas ciudades. Debido a que la mayoría de las ocupaciones de esos días requerían trabajo físico, cualquier paralítico o impedido estaba en severa desventaja y era obligado a pedir limosna, aunque la Ley de Dios mandaba cuidar a los necesitados (Lev_25:35-38). La ceguera se consideraba un castigo de Dios por el pecado (Joh_9:2); pero Jesús rechazó la idea cuando se mostró dispuesto a sanar a los ciegos.

10.47 «Hijo de David» era una manera popular de referirse al Mesías, ya que se sabía que este sería descendiente del rey David (Isa_9:7). El hecho de que Bartimeo llamara a Jesús «Hijo de David» demuestra que lo reconoció como Mesías. Su fe en Dios como Mesías logró su sanidad.

Mar 10:1-12

E primer versículo de este pasaje muestra la paciencia y perseverancia de nuestro Señor Jesucristo como maestro. Se nos dice que vino «á los términos de la Judea al otro lado del Jordán; y el pueblo volvió a juntársele; y, como de costumbre, le enseñaba..

Á donde quiera que nuestro Señor iba, se ocupaba siempre de los negocios de su Padre, predicando, enseñando, y tratando de hacer bien a las almas. No perdía ninguna oportunidad. En toda la historia de su ministerio terrestre no vemos que ni un día permaneció ocioso. De El puede en verdad decirse que ‹›sembraba sobre las aguas,» y que «por la mañana sembraba la semilla, y por la noche no paraba su mano.» Isaías 32.20; Ecles. 11.6.

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