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Hechos 1: Poder para seguir adelante

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2. La transmisión del texto de los Hechos de los apóstoles se ha efectuado en dos formas que muestran entre sí diferencias mayores de las que se dan en los otros libros del Nuevo Testamento, si sólo tenemos en cuenta los textos que hacen al caso. El hecho de que existan estas dos formas de transmisión ha hecho suponer que el mismo san Lucas ha efectuado una doble redacción. Sin embargo esta suposición es muy poco probable. Las variantes, que de hecho son numerosas, y las frecuentes interpolaciones al texto hoy día son reputadas como cambios secundarios, en los cuales quizás todavía se discute en particular cuál es la transmisión fidedigna. Sobre estas cuestiones cf. A. WIKENHAUSER, Introducción al Nuevo Testamento, Herder, Barcelona 2 1966, p. 238 ss; espec. 253-254.

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Parte primera

1. PROMESA E INSTRUCCIONES (1,1-11).

El que conoce el Evangelio de san Lucas y recuerda su úItimo capítulo, al leer los primeros once versículos de los Hechos de los apóstoles en seguida echa de ver que se refieren a lo que se dijo en Lc 24. Esta referencia no consiste en una mera repetición, sino en un libre enlace, con ello se destaca con mayor fuerza el propósito del autor.

El propósito del autor está encaminado a la venida del Espíritu Santo, de quien también se habla con ahinco en las últimas palabras de despedida del Señor, que se leen en el Evangelio (Luc_24:49). En estos versículos introductorios relacionados con las últimas palabras del Evangelio, el lector una vez más ha de darse cuenta de que la resurrección no solamente es el término glorioso de la vida de Jesús, sino que al mismo tiempo es el vivificante fundamento salvífico de la Iglesia. La «nueva criatura» (Gal_6:15; cf. Rom_6:4) recibe de este fundamento su realidad y significado. No hay por qué inquietarse si en esta introducción, que hace referencia a Lc 24, no todos los pormenores coinciden exactamente con lo que se dice en aquel capítulo del Evangelio. Lucas, sin dejar de mantener la «solidez» en la retransmisión del mensaje, se acredita como un narrador que describe los sucesos con libre naturalidad. Esto también se puede observar en los relatos paralelos de los Hechos de los apóstoles. Por ello no es necesario postular un lapso de tiempo considerable que hubiera permitido a Lucas enterarse de lo que esta introducción añade al relato del Evangelio o modifica en alguna de sus partes.

a) Mirada retrospectiva al Evangelio (Hch/01/01-03).

1 Escribí mi primer relato, oh Teófilo, acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó 2 hasta el día en que fue arrebatado a lo alto, después de haber dado a los apóstoles, que él se había elegido, instrucciones con referencia al Espíritu Santo.

Conocemos este primer relato o, como también se podría decir, este «primer libro» o sea el Evangelio de san Lucas, que nos es familiar a todos nosotros: Lo tendríamos que leer con atención, si aspiramos a entender más profundamente los Hechos de los apóstoles. Los dos libros no sólo coinciden en la forma literaria -pese a peculiaridades del Evangelio, debidas a las fuentes de información-, sino que también están en armonía en sus fines espirituales y teológicos.

El contenido del Evangelio se compendia en la frase: «lo que Jesús hizo y enseñó.» Es una formulación significativa, que dice mucho en favor de la primitiva tradición. Los hechos y las palabras desde un principio formaron parte de la historia de Jesucristo y, por tanto, de lo que declara el Evangelio. Acá y allá pudo haberse tenido interés, como muestran los modernos hallazgos de manuscritos, en reunir distintas sentencias de Jesús, y entonces en la total proclamación los hechos, por una necesidad interna, se refirieron a las palabras. Puesto que las palabras de Jesús debían significar la verdad y la salvación, también se tenía que decir lo que él era y lo que él hizo que se manifestara en sus acciones. Esto se patentiza de una forma muy intuitiva en el Evangelio según san Marcos, que se suele considerar como el más antiguo de los cuatro evangelios. En él se muestra claramente la primacía de los hechos ante las palabras. Y quien piense que en un principio se dedicaba toda la atención especialmente a la historia de la pasión, también ve en ello el interés de los primeros discípulos por lo que sucedió a Jesús. En este texto se antepone «lo que Jesús hizo» a lo que «enseñó». Ello podría ser una manifestación espontánea de cómo también para san Lucas las acciones del Señor forman parte del Evangelio. El marco indicado brevemente: «hasta el día en que fue arrebatado a lo alto» nos muestra asimismo cómo el evangelista san Lucas está obligado a guardar la limitación observada por la proclamación general del cristianismo primitivo. Volvemos a encontrar este marco en 1,21, y en el esquema fundamental de los cuatro Evangelios aparece claramente que el relato siempre empieza con Juan el Bautista y concluye con el mensaje del Señor glorificado. El hecho de que en el «primer relato» nada se dice de la historia de la infancia de Jesús contenida en el Evangelio de Lucas (Lc 1-2), no autoriza la conclusión de que el evangelista considerara que no tenía importancia. A lo más, sólo significa que no encajaba en el esquema del mensaje de salvación adoptado por la Iglesia primitiva.

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