Fue un proceso fundamental, porque la Iglesia empezó a ver y a comprender los sucesos salvíficos en Cristo de acuerdo con la Sagrada Escritura. Aún encontraremos muchas veces en los Hechos de los apóstoles ejemplos de este modo de ver de la Iglesia. Ya en el judaísmo y en la forma como sus rabinos interpretaban la Escritura, estaba exteriormente preformada la manera como la Iglesia primitiva entendía la Escritura. Los comentarios de la comunidad de Qumrán ofrecen especialmente ejemplos concretos de esta actualización y aplicación de la Escritura del Antiguo Testamento. Así pues, la proclamación del mensaje cristiano -especialmente en el encuentro misional con el judaísmo- quería ver este mensaje y el anuncio de su obra salvífica en las profecías del Antiguo Testamento, y con la ayuda de estas profecías quería poner en claro el mensaje.
Con el concepto de profecías se iba con frecuencia muy lejos para nuestra mentalidad actual. Además de los escritos propiamente proféticos se interpretaron también especialmente los salmos con una visión cristológica. Esto lo vemos en nuestro discurso de Pedro. Porque las palabras de la Escritura que se indican son dos pasajes de los salmos, que han sido yuxtapuestos y se ha supuesto un vínculo entre ellos (1,20). David, a quien se atribuyen los salmos, forma parte de la serie de los profetas 32. Pero por medio de él habla el «Espíritu Santo». Según la concepción teológica de aquel tiempo las palabras de la Escritura son trasladadas desde el sentido literal a un plano superior, y desde allí son conducidas de acuerdo con la intención del comentarista a un nuevo sentido. La exégesis actual no nos permite admitir esta manera de explicar la Escritura. Pero ello no debe impedirnos que pensemos con atención en tales consideraciones de la Iglesia primitiva, para compenetrarse de la amplitud y profundidad de su visión creyente del misterio de Cristo. Nos impresiona el profundo deseo de la primera comunidad de ver y presentar en la historia de la salud la conexión entre las revelaciones antiguas y las nuevas, entre las vaticinadas y las cumplidas 33.
No se necesita ninguna motivación expresa para precaverse de falsas consecuencias, cuando Pedro dice que en Judas tenían que cumplirse las palabras de la Escritura. El sentido de esta afirmación no es que Judas tuvo que hacer la traición porque estaba predicho. Además la alusión a la Escritura no se refiere inmediatamente a la traición, sino (en el sentido de 1,20) a la situación que surgió por la traición y a la necesidad de elegir un apóstol. El cumplimiento del vaticinio no anula la responsabilidad personal de las personas sobre las que recae la predicción.
Pedro designa a Judas como el «guía de los que prendieron a Jesús». Aquí se trasluce el recuerdo personal del apóstol. En los cuatro Evangelios esta captura está relacionada con Jud_1:34. En el relato resulta emocionante la observación: «él pertenecía a nuestro grupo y le había correspondido su puesto en este ministerio.» Judas «pertenecía» al «grupo» de los doce, y aquí se indica la elección incomparable, la unicidad de una vocación. El número doce y su sentido salvador resplandece en esta frase y por lo tanto también, aunque no se diga expresamente, la urgencia de restablecerlo.
En las palabras «su puesto en este ministerio» se describe la pertenencia a los doce en su pleno significado.
Ministerio significa «servicio» y se refiere al oficio de apóstol. Es característico del testimonio de la Iglesia primitiva que al tratar de oficios haga resaltar siempre la vocación al servicio 35. En nuestro texto el panorama también incluye la grandeza y excelsitud de lo que Judas poseyó. Probablemente desde el mismo punto de vista, Jesús, según el Evangelio de san Juan, enlaza con el vaticinio de la traición las siguientes palabras: «El que recibe al que yo envíe, a mí me recibe, y el que a mí me recibe, recibe al que me envió» (Jua_13:20).
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28. Cf. 2,14 ss; 2,38s; 3,1 ss; 4,8 ss; 5,3 ss; 5,29; 8,14 ss; 8,20; 9,32 ss; 10,1 ss; 11,2 ss; 15,7 ss.
29. Cf.2,41; 4,4.
30. Cf. 11,1.29; 14,2; 15,1.23.36; 16.2; 17,10 2Re_14:18, 2Re_14:18; 2Re_21:17. En otras designaciones teológicamente signifi- dativas de los «cristianos» (2Re_11:26) encontramos en nuestro libro los nombres de «creyentes» (2Re_5:14), «discípulos» (2Re_6:1; 2Re_9:1.25.26.38; 2Re_11:26.29; 2Re_13:52; 2Re_14:21; 2Re_16:1; 2Re_18:27; 2Re_20:1; 2Re_21:16), «fieles» (2Re_9:13.32.41)
31. Cf. Jua_6:64 ss; Jua_12:4 ss; Jua_13:2.11.16 ss; Jua_18:2.5.
32. Cf. especialmente 2,30; y además 2,25 ss; 2,34s; 4,25 ss.
33. Esta manera de concebir es muy familiar al lector del Evangelio de san Mateo, que entre todos los Vena- gelios es el que más se acerca a la interpretación judeorrabínica de la Sagrada Escritura. En los primeros fragmentos de los Hch aparece esta manera de interpretar la Biblia, lo cual puede indicar que en ellos se manifiesta una más antigua tradición judeocristiana.
34. Mar_14:43 ss; Luc_22:47s; Mat_26:47 ss; Jua_18:2s; Jua_18:5.
35. Cf. 6,4; 20,24; Rom_11:13; 1Co_12:5; 2Co_3:85, etc.
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