Pero lo significativo es que este pasaje nos presenta dos verdades importantes:
(i) La primera, la misión de un apóstol, que era ser testigo de la Resurrección de Jesús. El distintivo de un cristiano no es saber cosas acerca de Jesús, sino conocer a Jesús. El error más fundamental que se puede cometer con Jesús es considerarle como alguien que vivió y murió, y cuya vida estudiamos, y cuya historia leemos. Pero Jesús no es el personaje de un libro, sino una presencia viva, y el cristiano es aquel cuya vida entera es un testimonio del hecho de que se ha encontrado con el Señor Resucitado y Le conoce.
(ii) La segunda, los requisitos de un apóstol, que eran haber convivido con Jesús. El cristiano verdadero es el que vive todos los días con Jesús. Se decía del gran predicador escocés John Brown of Haddington -que fue uno de los antepasados de la familia de obreros evangélicos españoles Fliedner Brown-que, cuando estaba predicando, se paraba a menudo como si estuviera escuchando una voz. Y Jerome K. Jerome nos cuenta que un viejo zapatero remendón dejaba abierta la puerta de su taller los días más fríos; y contestaba a los que le preguntaban por qué lo hacía: «Para que Él entre si pasa por aquí.» Hablamos a veces de lo que sucedería si Jesús estuviera aquí, y de lo diferente que sería nuestra vida si Él estuviera en nuestras casas y trabajos.
La señora Acland nos cuenta que una vez su hija tuvo un ataque de mal genio; y, cuando pasó la tormenta, madre e hija estaban sentadas en la escalera poniendo en orden sus pensamientos, y dijo la pequeña: « Me gustaría que Jesús viniera a quedarse en casa para siempre.» Pero, lo bonito del caso es que Jesús está aquí; y el cristiano verdadero, como el apóstol verdadero, vive toda la vida con Cristo.
El día de Pentecostés
Puede que nunca sepamos explicar exactamente lo que pasó el Día de Pentecostés; pero sabemos que fue uno de los días auténticamente grandes de la Iglesia Cristiana, porque ese día vino el Espíritu Santo a la Iglesia de una manera especial.
El Libro de los Hechos se ha llamado El Evangelio del Espíritu Santo; si hay .alguna doctrina que nos hace falta descubrir de nuevo, es la doctrina del Espíritu Santo; así es que, antes de estudiar en detalle el capítulo 2 de Hechos, vamos a echarle una ojeada a lo que este libro tiene que decir y enseñar acerca del Espíritu Santo.
La venida del Espíritu
Tal vez no sea muy afortunado que hablemos tair a menudo de lo que sucedió en Pentecostés como la venida del Espíritu Santo. El peligro es que pensemos que el Espíritu Santo empezó a existir entonces, y eso no es cierto; Dios es eternamente Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hechos lo deja bien claro. El Espíritu Santo habló por medio de David (Hechos 1:16); habló por medio de Isaías (28:25); Esteban acusa en su discurso a los judíos de haberse opuesto al Espíritu a lo largo de toda su historia (7:51). Ahí vemos que el Espíritu Santo es Dios revelando su verdad y su voluntad a los hombres en cada generación. Sin embargo, al mismo tiempo, algo especial sucedió en Pentecostés.
La Obra del Espíritu en Hechos
A partir de Pentecostés, el Espíritu Santo es la realidad dominante en la vida de la Iglesia Primitiva.
(i) El Espíritu Santo es la fuente de toda dirección. Es el Espíritu el Que mueve a Felipe a ponerse en contacto con el eunuco etíope (Hechos 8:29); el Que prepara a Pedro para recibir a los emisarios de Cornelio (10:19); el Que manda a Pedro que vaya con ellos sin dudar (11:12); el Que inspira aAgabo para que anuncie el hambre que se avecina (11:28); el Que ordena que aparten a Bernabé y a Saulo para que- lleven el Evangelio a los gentiles (13:2, 4); el Que guía a las decisiones del concilio de Jerusalén (15:28); el Que guía a Pablo a través de las provincias romanas de Asia, Misia y Bitinia, a Troas, y de allí a Europa (16:6), y el Que le dice a Pablo lo que le espera en Jerusalén (20:23). Jamás se tomó ninguna decisión ni se dio ningún paso que fueran importantes en la Iglesia Primitiva sin la dirección del Espíritu Santo. La Iglesia Primitiva era una comunidad guiada por el Espíritu Santo.
(ii) Todos los líderes de la Iglesia eran hombres llenos del Espíritu. Los Siete eran hombres llenos del Espíritu (Hechos 6:3); Esteban y Bernabé estaban llenos del Espíritu (7:55; 11:24). Pablo les dice a los ancianos de Éfeso que había sido el Espíritu Santo el Que los había puesto como supervisores en la Iglesia de Dios (20:28). Todos los miembros de la Iglesia Primitiva vivían en el Espíritu, Que era la nueva atmósfera que respiraban.
