14 Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y con los hermanos de éste.
La comunidad orante. Los Hechos de los apóstoles nos la ponen siempre ante nuestra mirada 21. En ella, el modelo y las instrucciones del Señor se nos muestran eficaces. Jesús ha asegurado que el Padre escuchará la oración hecha «en mi nombre» (Jua_16:23s). Las cartas de san Pablo también atestiguan con ahínco el poder de la oración comunitaria 22. Es característico de san Lucas que además de los apóstoles nombre las mujeres como miembros de la comunidad orante. Ya en su Evangelio san Lucas ha prestado especial atención a las mujeres que rodeaban a Jesús 23. El mensaje de salvación de la nueva alianza vence prejuicios heredados. San Pablo, aunque guarde mucha reserva, que se explica por la mentalidad de su tiempo, sin embargo también es testigo de una nueva valoración de la mujer 24. Los Hechos de los ap6stoles muestran todavía con mayor frecuencia la vocación y la actividad de la mujer 25.
María, la madre de Jesús, es nombrada aparte, lo cual podría corresponder a la atención que san Lucas en su Evangelio, especialmente en la historia de la infancia, ha prestado a la Madre del Señor 26. En nuestro pasaje solamente se la menciona en la información sobre la Iglesia naciente. María formaba parte del grupo que había de presenciar los siguientes sucesos de pentecostés. Se cita su nombre entre las otras mujeres, cuando empieza la Iglesia. Ya entonces se indica la especial posición de la Madre de Jesús en el nuevo pueblo de Dios.
Pero los datos particulares que las narraciones evangélicas de la pasión dan acerca de las mujeres allí nombradas, podría indicarse que los hermanos de Jesús no son hermanos en el sentido más estricto en que nosotros solemos usar el término. Por la manera general de hablar que se usa en la Biblia y que se basa en la jurisprudencia de la familia en oriente, se puede mostrar cómo el concepto de «hermano» y «hermana» puede designar todos los grados y clases de relaciones de parentesco 27. Tenemos un buen motivo para ver, en los «hermanos» que aquí se nombran, parientes de Jesús que ya antes de la pascua se habían declarado discípulos suyos. ¿Había de ser imposible que los parientes de Jesús fueran llamados como apóstoles? Los lazos naturales de la sangre y de la familia no son motivo ni de un privilegio ni de un obstáculo para la vocación a ser discípulos de Jesús ni tampoco para ser «hermanos» en la unión íntima de la fe.
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21. Cf. 1,24 ss; 2,42; 4,24 ss; 12,5.12; 13,2 20 36
22. Rom_1:9s; Rom_8:26s; 1Co_11:2 ss; 1Co_14:12 ss; 2Co_1:11; 2Co_9:14; E£ 3,14 ssi 5,18 ss; 6,18 ss; Flm_1:3 ss; Col_1:3.9; ITes 1,2s.
23. Cf. 1,5.24.41 ss; 2,36; 4,38s; 7,12 s; 7,36 ss;8,2s;8,40 ss; 10,38 ssi 23,27 ss; 23,49.55; 24,1 ss; 24,10.
24. Cf. 1Co_11:11s; 1Co_7:13 ss; Efe_5:12 ss y las mujeres a quienes san Pablo saluda en Rom_16:1 ss.
252Re_12:12s; 2Re_17:4.12.34; especialmente 18,2.8.26.
26. Cf. Lc 1-2; 8,19 ss; 11,27s; a diferencia de Jua_19:25 ss, Lucas no nombra aparte a María entre las mujeres que estaban junto a la cruz de Jesús.
27. No tiene interés para nuestro texto que apoyemos con más razones lo antedicho. Tampoco se debería seguir precipitadamente la tesis hoy día tan divulgada, según la cual los «hermanos» de Jesús solamente llegaron a creer en Jesús con las apariciones de Jesús resucitado (1Co_15:6), y luego pronto consiguieron una posición de primer orden en la primitiva Iglesia. En Jua_7:5 no se declara que todos sus «hermanos» hayan rehusado creer en Jesús. Para esta cuestión tampoco se debería reivindicar con exceso los textos de Mar_3:21.31. Acerca de toda la cuestión cf. sobre todo J. SCHMID, Los «hermanos» de Jesús, en El Evangelio según san Marcos, Herder, Barcelona 1967, p. 126-128.
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