2. EXPECTACIÓN SUPLICANTE (Hch/01/12-14).
12 Volviéronse entonces a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que sólo dista de Jerusalén lo que se puede andar en sábado.
En este versículo se nos da una noticia suplementaria, que nos nombra por primera vez el escenario de las últimas palabras de Jesús y de su «ascensión» El monte de los Olivos por su inmediata proximidad a Jerusalén y al templo ya desempeña un importante papel en la expectativa judía de la salvación. El Evangelio da informes sobre interesantes escenas de la vida de Jesús, que están vinculadas con este monte. Desde él, Jesús pronunció su discurso sobre el castigo de Jerusalén y sobre el fin del mundo (Mar_13:3). Citemos unas palabras de este discurso: «Entonces verán al Hijo del hombre venir entre nubes con gran poderío y majestad» (Mar_13:26). Estas palabras también las recuerdan los dos ángeles de la ascensión a los cielos. Desde el monte de los Olivos Jesús empezó su misteriosa entrada en Jerusalén (Luc_19:29) y lloró al divisar la ciudad (Luc_19:41). En el huerto de Getsemaní Jesús entró en agonía antes de su pasión, como nos lo describe san Lucas de una forma muy emotiva (Luc_22:39 ss). Tiene un sentido, considerado por los Hechos de los apóstoles con especial atención, el hecho de que descendiera de este monte a Jerusalén el pequeño grupo de personas, que estaban destinadas a llevar el testimonio de Cristo a través de los ámbitos de la tierra y de los siglos de la historia.
Era un camino corto. ¿Se debe tan sólo a la afición por los datos exactos que se calcule la distancia de la ciudad por «lo que se puede andar en sábado»? No es probable que con esta noticia se quiera indicar que la ascensión a los cielos tuvo lugar un sábado. Este pequeño trayecto, que aproximadamente mide un kilómetro ha llegado a tener una importancia decisiva para el camino de la Iglesia. Fue recorrido para obedecer la orden expresa del Señor (Luc_1:4). La Iglesia debía empezar en Jerusalén. Esta Jerusalén, símbolo del pueblo elegido por Dios, también seguirá siendo la imagen simbólica del nuevo pueblo de Dios, incluso cuando en su desarrollo la historia ya no presente tan visiblemente como al principio a Jerusalén como centro efectivo de la cristiandad.
13 Entraron y subieron a la habitación donde solían parar Pedro, y Juan, y Santiago, y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo, y Simón el Zelota, y Judas de Santiago.
No sabemos nada con seguridad sobre esta «habitación». Resulta muy natural que se piense en un lugar que ya era familiar a los discípulos desde los días en que permanecían con Jesús en Jerusalén. Se puede suponer que allí celebraron con su Maestro la memorable última cena. De acuerdo con la instrucción del Señor, Pedro y Juan probablemente habían preparado allí la pascua (Luc_22:8 ss). Por tanto los mismos que están al principio de la lista de los apóstoles. Si así lo consideramos, también hay en esta habitación un simbolismo de la relación histórica entre el tiempo de la Iglesia, que es anterior a la pascua y el que es posterior. En el Evangelio se dice que los apóstoles después de regresar del sitio donde habían presenciado la ascensión a los cielos, «estaban continuamente en el templo» (Luc_24:53). Esta noticia no contradice la suposición de que el aposento (que incluso en el ulterior desarrollo de la comunidad jerosolimitana probablemente servía de punto de reunión) 17 formaba parte de una casa particular fuera del templo. También puede pensarse en los pasajes de la Sagrada Escritura en que se nombra una habitación superior como sitio para orar piadosamente y recibir especiales revelaciones 18. A Pedro recogido en oración se le reveló en una terraza la misión a los paganos (Luc_10:9 ss).
Tiene un sentido profundo que san Lucas enumere los nombres de los apóstoles, aunque ya haya dado en su Evangelio la lista de los mismos (Luc_6:14 ss). Antes de la pascua los apóstoles formaban el séquito particular de Jesús, pero de aquí en adelante se presentan como los hombres a quienes Jesús resucitado ha dado plenos poderes y les ha confiado una misión, y en cuyas manos ha sido puesta la obra salvífica de la Iglesia. Así aparece desde un principio la forma externa y la ordenación de la Iglesia, cuya esencia es invisible y que sólo puede ser interpretada como obra del Espíritu Santo.
Si se compara esta lista con las precedentes, se pueden observar pequeñas diferencias, pero sobre todo la preeminente posición de Juan junto a Pedro. Esta posición corresponde a lo que también nos declara el Evangelio sobre la solidaridad entre los dos 19, y a lo que de ellos nos atestiguan los Hechos de los apóstoles 20. Falta el duodécimo de los apóstoles; la circunstancia de ser sólo once pide la elección de Matías (1,15 ss).
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17. Cf. 2,1.46; 12,12 ss.
18. 1Re_17:19 ss; 2Re_4:10s; 2Re_4:33; Dan_6:10s; cf. también Mat_6:6; Mat_24:26; Luc_12:3.
19. Luc_22:8; cf. Jua_13:23 ss; Jua_18:15; Jua_20:2 ss,Jua_21:20 ss.
202Re_3:1 ss; 2Re_4:13; 2Re_8:14.
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