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Hechos 1: Poder para seguir adelante

21 »Conviene, pues, que de entre los hombres que nos han acompañado todo el tiempo en que anduvo el Señor Jesús entre nosotros, 22 a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue arrebatado, uno de éstos sea constituido con nosotros testigo de su resurrección.»

La comunidad está convencida de la necesidad del nombramiento de un nuevo apóstol. El grupo de los doce de nuevo tiene que estar completo. La cita del salmo debe fortalecer este convencimiento. Son significativas las condiciones que se exigen al que hay que elegir. Debe ser «testigo» en el sentido de la última orden del Señor. En particular debe ser testigo de la resurrección. Este es el hecho decisivo de la salvación. De ella dice san Pablo: «Si Cristo no ha sido resucitado, vacía es entonces nuestra proclamación, y vacía también nuestra fe» ( 1Co_15:14). Pero quien quiere dar testimonio de la resurrección, también ha de estar familiarizado por experiencia personal con lo que precede a la resurrección, o sea con el tiempo en que el Señor Jesús estuvo con los hombres como el Salvador acreditado por Dios. Se considera el bautismo de Juan como el principio de este tiempo. Dicho bautismo es más que un término externo. Es la primera revelación del misterio que rodea a Jesús (Luc_3:21s). Entre ella y la resurrección tiene lugar la actuación salvadora del Señor. Es la actuación narrada en el Evangelio. Cuanto refieren los cuatro Evangelios está comprendido entre estos dos hechos. A quien ha de hacerse cargo válidamente del oficio de apóstol, se le exige que pueda atestiguar sobre dicha actuación. Desde un principio la Iglesia estuvo atenta a que su testimonio fuera fidedigno y seguro.

23 Y presentaron a dos: José, de apellido Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías. 24 y puestos en oración dijeron: «Tú, Señor, conocedor de los corazones de todos, indícanos a quién de estos dos has elegido 25 para ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual desertó Judas para irse al lugar que le correspondía.» 26 Les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías, que fue agregado a los once apóstoles.

El relato nos da sintomáticos golpes de vista sobre la manera de ser de la Iglesia. Nos muestra la cooperación de la actividad humana con la acción divina, que en último término es la única decisiva. Dos candidatos son presentados a una elección más restringida. Se supone que también otros hubiesen podido cumplir las condiciones puestas por Pedro. Por la Escritura no llegamos a saber nada en particular de los dos. Se podría pensar que el primer candidato (con los tres nombres que parecen indicar un rango superior) haya tenido una mayor probabilidad. Sin embargo fue elegido el segundo, del cual sólo sabemos el simple nombre, es decir, Matías.

La Iglesia sabe del gobierno divino. Deja en manos de Dios la decisión. La suerte ha de dar a conocer la voluntad de Dios. Debido al culto del templo, para la Iglesia era santa la costumbre de hacer hablar a Dios mediante la decisión de la suerte. En la plegaria que aquí tenemos ante nosotros como primera oración de la Iglesia, ésta denota la fe en el gobierno divino: ¿Se dirige la oración a Dios o de una forma especial a Cristo? El texto original permite ambas soluciones. Además, del tratamiento de «Señor» está también en favor de una oración a Cristo la súplica de que el Señor quiera indicar a quién ha «elegido». Ya al principio de este libro se dice que Jesús «había elegido» a los apóstoles (1,2). Pero quien lee las palabras de Pedro en Hec_15:7 podría sentirse inclinado a considerar nuestra oración como dirigida a Dios según el modo de orar del Antiguo Testamento. Esto también podría sugerirlo la oración comunitaria (Hec_4:24 ss). En la plegaria que como todas las oraciones litúrgicas está compuesta de un reconocimiento y de la súplica que en él se funda, se revela la fe en que Dios ya ha hecho su elección, y en que puede manifestar esta su elección en lo que decida la suerte.

Una vez más aparece en la oración la grandeza y la responsabilidad del oficio de apóstol, de nuevo caracterizado como diakonia, como servicio o ministerio. Y una vez más se hace visible la sombría acción de Judas, cuando de él se dice que desertó del puesto que le estaba reservado «para irse al lugar que le correspondía». «EI hijo del hombre sigue su camino conforme a lo que está determinado; pero ¡ay de ese hombre por quien va a ser entregado!» (Luc_22:22).

La suerte ha decidido. La tablilla que llevaba el nombre de «Matías» fue la primera que saltó fuera al sacudir la vasija. La comunidad lo toma como señal de la voluntad divina. De nuevo está completo el grupo de los doce. Doce apóstoles se mantienen dispuestos a recibir la fuerza del Espíritu prometido y a marcharse para dar el testimonio que les ha sido encargado.

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