-¡Vuelve a ponerla espada en su sitio, porque todos los que manejan la espada perecerán a espada: ¿Es que no te das cuenta de que puedo orar a Mi Padre, y Él mandaría en Mi ayuda al instante más de doce regimientos de ángeles? Pero entonces, ¿cómo se habrían de cumplir las Escrituras acerca de lo que es necesario que suceda?
En aquel momento; Jesús le dijo a aquel gentío:.
-¿Habéis salido a detenerte con espadas y con palos como si fuera un bandido? Diariamente Me sentaba a enseñar en el templo, y no Me echasteis mano. Todo esto ha sucedido para que se cumplieran los escritos de los profetas.
Entonces todos Sus discípulos Le abandonaron ‘y huyeron.
Había sido Judas el que había dado información a las autoridades de que podían encontrar a Jesús en Su retiro del huerto de Getsemaní: Las fuerzas a disposición de las autoridades judías eran la policía del templo; al mando del sagán o capitán del templo. Pero el gentío que se introdujo tras Judas en el huerto eran más bien una chusma dispuesta a linchar qué un destacamento dispuesto para una detención ordenada. Jesús no iba a ofrecer resistencia. Mateo nos dice sencillamente que uno de los discípulos sacó un cuchillo, y, preparado para resistir hasta la muerte y vender cara su vida; hirió a un siervo del sumo sacerdote.
Cuando Juan nos cuenta la misma historia (Joh_18:10 ), nos dice que el discípulo era Pedro, y el siervo se llamaba Malco. La razón por la que Juan menciona a Pedro mientras que Mateo no lo hace puede ser sencillamente porque Juan escribió bastante después, mientras que cuando escribió Mateo todavía no era prudente nombrar al discípulo que había estado dispuesto a defender a su Maestro. Aquí tenemos otro ejemplo del casi fantástico coraje de Pedro. Estuvo dispuesto a enfrentarse con toda una Compañía armada él solo; y recordemos también que fue después de aquello,, cuando ya sería un hombre marcado, cuando Pedro siguió a Jesús hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Pero en todos estos incidentes de la última hora es en Jesús en Quien se. concentra toda nuestra atención; y aquí aprendemos dos cosas más acerca de Él.
(i) Aceptó Su muerte voluntariamente. No tenía por qué ir a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Una vez allí, no tenía por qué haber seguido esta política de desafío imponente. Aun en el huerto, podría haberse evadido para ponerse a salvo, porque eran de noche, y tenía amigos que Le habrían ayudado a salir de la ciudad. Aun aquí; Él podría haber invocado en Su ayuda el poder de Dios, y -haber derrotado a Sus enemigos. Todos Sus pasos durante los últimos días dejan bien claro que Jesús entregó Su vida, y que nadie. Se la quitó Jesús no murió porque los hombres le mataron, sino porque Él escogió morir.
(ii) Escogió morir porque sabía que ese era el propósito de Dios. Siguió ese camino porque era lo que los profetas habían anunciado. Lo asumió porque el amor es el único camino. «El que, maneja la espada, perecerá a espada.» .La violencia no puede producir nada más que violencia; una espada desenvainada no se puede encontrar nada más que, con otra espada desenvainada. Jesús sabía que la guerra y la fuerza no resuelven nada, y solo producen una sucesión de males, y engendran una cadena de consecuencias peores que ellas mismas. Sabía que el propósito de Dios se puede llevar a cabo sólo mediante el amor sacrificial. Y la Historia ha demostrado que Jesús tenía razón; porque los judíos que se apoderaron de El por la fuerza, y que se gloriaban en la violencia, y que hubieran teñido con gusto sus espadas de sangre romana, vieron cuarenta años más tarde su ciudad destruida para siempre; mientras que el Hombre que no quiso pelear está entronizado para siempre en los corazones de los hombres.
EL JUICIO ANTE LOS JUDÍOS
Mateo 26:57, 59-68
Los que habían apresado a Jesús Le condujeron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos.
Los principales .sacerdotes y todo el sanedrín trataban de encontrar testimonio falso contra Jesús para condenarle a muerte; pero no lo podían encontrar, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Después de un tiempo salieron al frente dos que dijeron:
-Este tipo dijo: «Puedo destruir el templo de Dios, y en tres días lo puedo reedificar.»
El sumo sacerdote se levantó y Le dijo a Jesús:
-¿Es que no vas a contestar nada? ¿Qué es lo que dicen estos testigos contra Ti?
Pero Jesús guardaba silencio. El sumo sacerdote Le dijo:
