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Mateo 26: El principio del último acto de la tragedia

Esta acusación se formuló repitiendo e interpretando deliberada y maliciosa y falsamente algunas cosas que Jesús había dicho. A esa acusación, Jesús se negó en rotundo a contestar. En eso la ley estaba de Su parte, porque a nadie se le podía obligar a contestar en un juicio a una pregunta que le inculpara.

Fue entonces cuando el sumo sacerdote lanzó la pregunta decisoria. Ya hemos visto que Jesús había advertido repetidas veces a Sus discípulos que no le dijeran a nadie que Él era el Mesías. Entonces, ¿cómo llegó a saber el sumo sacerdote hacer la pregunta que Jesús no podía rehusar contestar? Bien puede ser que, cuando Judas presentó información contra Jesús, también les dijo a las autoridades judías que Jesús les había revelado a Sus discípulos que Él era el Mesías. Bien puede ser que Judas quebrantara entonces intencionadamente el secreto que Jesús les había impuesto a Sus discípulos que no dijeran a nadie.

En cualquier caso, el sumo sacerdote hizo la pregunta, y la hizo formulándola con un juramento: «¿Eres Tú el Mesías? -preguntó- ¿Pretendes ser el Hijo de Dios?» Este fue el momento crucial del juicio. Bien podríamos decir que todo el universo contuvo la respiración esperando la respuesta de Jesús. Si Jesús decía: “No,» el juicio perdía su razón de ser; no se Le podía acusar de nada. Jesús podía decir simplemente: “No» , y salía libre y Se escapaba antes de que el sanedrín pudiera urdir otra manera de enredarle. Por otra parte, si decía: “Sí», firmaba Su propia sentencia de muerte. Nada más que un simple «Sí» se necesitaba para convertir la Cruz en algo definitivo e inescapable.

Puede ser que Jesús Se detuviera y guardara silencio un momento otra vez para calcular el costo antes de hacer la gran decisión; y entonces dijo “Sí». Pero dijo más: Citó a Dan_7:13 con su gráfica profecía del triunfo definitivo y de la majestad del Escogido de Dios. Sabía muy bien lo que estaba haciendo. Inmediatamente surgió el clamor de «¡Blasfemia!» Se rasgaron vestiduras en una especie de horror sintético e histérico; y Jesús fue condenado a muerte.

Luego siguió el escupirle, el abofetearle, el golpearle el rostro en burla. Hasta las cosas externas de la justicia se olvidaron, y la hostilidad venenosa de las autoridades judías se manifestó. Esa reunión nocturna había empezado como .un tribunal de justicia, y acabó en una manifestación frenética de odio, en la que no se hizo el menor intento de mantener ni siquiera las superficialidades de una justicia imparcial.

Hasta el día de hoy, cuando una persona se encuentra cara a cara con Jesucristo, tiene que odiarle o amarle; no puede hacer más que someterse a El o desear destruirle. Ninguna persona que se dé cuenta de lo que Jesucristo exige puede ser neutral. Tiene que ser, o Su aliada, o Su enemiga.

EL FALLO DEL CORAJE

Mateo 26:57-58, 69-75

Los que habían detenido a Jesús se Le llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro siguió a Jesús a distancia hasta el patio de la casa del sumo sacerdote, y entró y se sentó entre los servidores para ver en qué paraba todo.

Pedro estaba fuera, sentado. en. el patio. Una criada se le acercó y ,le dijo:

-¡Tú también estabas can Jesús el Galileo!

Pedro lo negó delante de todos los qué estaban allí, y dijo: –

-¡No sé de lo que estás hablando!

Cuando se salió del porche, le vio otra mujer y les dijo a los que estaban allí.-

-¡Este también estaba con Jesús de Nazaret!

Y de nuevo Pedro lo negó, jurándolo:

-¡Yo ni siquiera conozco a ese Hombre!

Un poco después, los que se encontraban allí le -dijeron a Pedro:

-Seguro que tic también eras uno de ellos; se te nota por el acento.

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