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Salmo 119: Excelencias de la Ley Divina

Salmo 119:1 a Alef. ¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR!

Alef (encabezamiento del salmo): Este salmo acróstico, exquisitamente escrito, es una verdadera obra de arte dividida en 22 estrofas, formadas cada una de ellas por ocho parejas de versos. Todos los versos pareados de la primera estrofa comienzan con la primera letra del alfabeto hebreo, Alef; con la segunda letra los de la siguiente estrofa, bet, y así sucesivamente hasta el final del poema. El sublime tópico que hábilmente presenta el salmo es el de la divina revelación de «la Ley», a veces llamada «mandamientos», «testimonios», «estatutos», «mandatos», «juicios», «palabra» y «camino». Parece como una ampliación de lo que se dice en 19.7-11.

Bienaventurados (felices): Da la pauta para todo el resto del poema; la clave para la felicidad es cumplir la voluntad de Dios, tal cual ésta se revela en su Palabra. Este es el salmo y el capítulo más largo de la Biblia. Quizás Esdras lo escribió después de la reconstrucción del templo como una meditación repetitiva acerca de la belleza de la Palabra de Dios y de la forma en que nos ayuda a permanecer puros y a crecer en la fe. Este salmo tiene veintidós secciones estructuradas con esmero. Cada una corresponde a una letra diferente del alfabeto hebreo y cada versículo comienza con la letra que corresponde a su sección. Casi todos los versículos mencionan el término Palabra de Dios o un sinónimo. Tal repetición era común en la cultura hebrea. La gente no tenía copias particulares de las Escrituras para leerlas como lo hacemos nosotros, así que entre la gente común, la Palabra de Dios se memorizaba y trasmitía en forma oral. La disposición de este salmo permitió la fácil memorización. Recuerde, la Palabra de Dios, la Biblia, es la única guía segura para una vida pura.

Salmo 119:2 ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan!

Salmo 119:3 No cometen iniquidad, sino que andan en sus caminos.

Salmo 119:4 Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia.

Salmo 119:5 ¡Ojalá mis caminos sean afirmados para guardar tus estatutos!

Salmo 119:6 Entonces no seré avergonzado, al considerar todos tus mandamientos.

Salmo 119:7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.

Salmo 119:8 Tus estatutos guardaré; no me dejes en completo desamparo.

Salmo 119:9 b Bet. ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra.

Nos ahogamos en un mar de impureza. A cualquier parte donde miremos, descubriremos que la tentación conduce a la vida impura. El salmista hizo una pregunta que nos preocupa a todos: ¿Cómo podemos permanecer puros en un ambiente impuro? No podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, sino que debemos tener consejos y fortaleza mucho más dinámicos que las influencias tentadoras que nos rodean. ¿Dónde encontramos esa medida de fortaleza y sabiduría? Al leer la Palabra de Dios y al practicar lo que ella dice.

Salmo 119:10 Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos.

Salmo 119:11 En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti.

119.11 Guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones es una fuerza de disuasión contra el pecado. Esto únicamente nos debe inspirar a querer memorizar las Escrituras. Pero la memorización por sí sola no nos impedirá pecar, debemos también poner en práctica la Palabra de Dios en nuestras vidas, haciendo de ella una guía vital para todo lo que hagamos.

Salmo 119:12 Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos.

La mayoría nos irritamos con las reglas, ya que pensamos que nos limitan para hacer lo que queremos. A primera vista, entonces, parece raro escuchar al salmista hablar de que se regocija en las leyes de Dios más que en las riquezas. Sin embargo, las leyes de Dios se dieron para librarnos, poder ser todo lo que El quiere que seamos. Nos limitan para no hacer cosas que nos incapacitarían e impedirían sacar de nosotros lo mejor. Las leyes de Dios son principios que nos ayudan a seguir en su camino y a no vagar en caminos que nos conduzcan a la destrucción.

Salmo 119:13 He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca.

Salmo 119:14 Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas.

Salmo 119:15 Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos.

mandamientos, piqud: Un precepto, estatuto o mandato. Algo autorizado o designado por Dios. Esta palabra viene del verbo paqad que quiere decir «designar, supervisar, situar o registrar». El verbo tiene el sentido de «contar» o «enumerar» los cargos personales (aquellos por los cuales se es responsable). Piqud aparece 24 veces, siempre en los Salmos (21 de ellas en el Salmo 119, el resto en 19.8; 103.18; 117.7) Los piqudim divinos son sus estatutos, mandatos, preceptos numerados, y la relación autorizada de sus mandamientos.

Salmo 119:16 Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra.

Salmo 119:17 g Guímel. Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra.

Salmo 119:18 Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.

Salmo 119:19 Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos.

El salmista dice: «Forastero soy yo en la tierra», por lo tanto, necesita dirección. Casi cualquier viaje requiere de un mapa o un guía. Cuando viajemos por la vida, la Biblia debe ser nuestro mapa de carreteras, señalándonos las rutas seguras, los obstáculos que debemos evitar y nuestro destino final. Debemos reconocer que somos peregrinos aquí en la tierra y que necesitamos estudiar el mapa de Dios para conocer el camino. Si pasamos por alto el mapa, vagaremos indefensos por la vida y nos arriesgaremos a perder nuestro verdadero destino.

Salmo 119:20 Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.

Salmo 119:21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.

Salmo 119:22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque yo guardo tus testimonios.

Salmo 119:23 Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos.

Salmo 119:24 También tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros.

Salmo 119:25 d Dálet. Postrada está mi alma en el polvo; vivifícame conforme a tu palabra.

Salmo 119:26 De mis caminos te conté, y tú me has respondido; enséñame tus estatutos.

Salmo 119:27 Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas.

Nuestras vidas están llenas de libros de reglas, pero los autores nunca vienen a ayudarnos a seguirlas. Dios sí. Esta es la singularidad de nuestra Biblia. Dios no solo proporciona las reglas y los principios, sino que viene personalmente todos los días a donde estamos para ayudarnos a vivir de acuerdo con esas leyes. Por supuesto, tenemos que invitarlo a hacerlo y responder a su dirección.

Salmo 119:28 De tristeza llora mi alma; fortaléceme conforme a tu palabra.

Salmo 119:29 Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley.

Salmo 119:30 He escogido el camino de la verdad; he puesto tus ordenanzas delante de mí.

Salmo 119:31 Me apego a tus testimonios; SEÑOR, no me avergüences.

Salmo 119:32 Por el camino de tus mandamientos correré, porque tú ensancharás mi corazón.

Salmo 119:33 h He. Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin.

Salmo 119:34 Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.

Salmo 119:35 Hazme andar por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito.

mandamientos, mitsvah, el plural es mitsvot; Ordenanza, precepto o ley. Un cargo, orden o directiva. Mitsvah deriva del verbo tsavah, «comandar, designar o hacerse cargo» de algo. Tsavah pudo haber implicado «grabar» órdenes, ya que uno de sus derivados (tsiyun) significa «señal». Dios grabó los mandamientos que dio a Israel en tablas de piedra. Mitsvah aparece 180 veces en el Antiguo Testamento: 43 veces en Deuteronomio y 22 en el Salmo 119, honrando así las multifacéticas instrucciones de Dios para sus siervos. Aunque mitsvah designa a veces las órdenes de un «rey», regularmente se refiere a los mandamientos divinos. El término Bar Mitsvah («Hijo del mandamiento») marca la mayoría de edad de un joven judío que acepta sus deberes según la Ley de Moisés.

Salmo 119:36 Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta.

En nuestro mundo actual, la gente muy a menudo codicia las ganancias económicas. El dinero representa poder, influencia y éxito. Para muchos el dinero es un dios. No piensan demasiado en otra cosa. En verdad, puede comprar ciertas comodidades y ofrecer alguna seguridad. El dinero se ha vuelto tan importante para algunos, que harían casi cualquier cosa para obtenerlo. Pero mucho más valiosa que la riqueza es la obediencia a Dios, debido a que es más un tesoro celestial que uno terrenal. Debemos hacer lo que Dios quiere a pesar de las implicaciones financieras. Haga suya la oración del salmista, pídale a Dios que lo ayude a preferir la obediencia antes que el dinero, a la larga será para su propio beneficio.

Salmo 119:37 Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos.

Salmo 119:38 Confirma a tu siervo tu palabra, que inspira reverencia por ti.

Salmo 119:39 Quita de mí el oprobio que me causa temor, porque tus juicios son buenos.

Salmo 119:40 He aquí, anhelo tus preceptos; vivifícame por tu justicia.

Salmo 119:41 w Vav. Venga también a mí tu misericordia, oh SEÑOR, tu salvación, conforme a tu palabra.

Salmo 119:42 Y tendré respuesta para el que me afrenta, pues confío en tu palabra.

Salmo 119:43 No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, porque yo espero en tus ordenanzas.

Salmo 119:44 Y guardaré continuamente tu ley, para siempre y eternamente.

El salmista habla acerca de guardar las leyes y aun así ser libre. Contrario a lo que muchas veces esperamos, obedecer las leyes de Dios no nos inhibe ni restringe. Por el contrario, nos libera para ser lo que El quiere que seamos. Al buscar la salvación y el perdón de Dios, somos libres del pecado y de su consiguiente culpabilidad opresora. Al vivir en el camino de Dios, tenemos libertad para cumplir el plan que El tiene para nosotros.

Salmo 119:45 Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos.

Salmo 119:46 Hablaré también de tus testimonios delante de reyes, y no me avergonzaré.

Salmo 119:47 Y me deleitaré en tus mandamientos, los cuales amo.

Salmo 119:48 Levantaré mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos.

Salmo 119:49 z Zain. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.

Salmo 119:50 Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado.

Salmo 119:51 Los soberbios me insultaron en gran manera, sin embargo, no me he apartado de tu ley.

Salmo 119:52 Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh SEÑOR, y me consuelo.

Salmo 119:53 Profunda indignación se ha apoderado de mí por causa de los impíos que abandonan tu ley.

Salmo 119:54 Cánticos para mí son tus estatutos en la casa de mi peregrinación.

Salmo 119:55 Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SEÑOR, y guardo tu ley.

Salmo 119:56 Esto se ha hecho parte de mí: guardar tus preceptos.

Salmo 119:57 x Jet. El SEÑOR es mi porción; he prometido guardar tus palabras.

Salmo 119:58 Supliqué tu favor con todo mi corazón; ten piedad de mí conforme a tu promesa.

Salmo 119:59 Consideré mis caminos, y volví mis pasos a tus testimonios.

Salmo 119:60 Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos.

Salmo 119:61 Los lazos de los impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu ley.

Salmo 119:62 A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas.

Salmo 119:63 Compañero soy de todos los que te temen, y de los que guardan tus preceptos.

Compañero, chaber: Un amigo, acompañante, o socio. Alguien que ha sido «unido» o juntado con otra persona. Chaber viene del verbo chabar que significa «juntar, tener comunión, o asociarse con». El plural chaberim se refiere a las «amistades» que están estrechamente unidas en amor o en un propósito común. En esta referencia el salmista asevera que «Yo soy amigo de todos aquellos que reverencian al Señor», o dicho de otra manera: «Cualquier amigo de Dios es mi amigo».

Salmo 119:64 La tierra, oh SEÑOR, está llena de tu misericordia; enséñame tus estatutos.

Salmo 119:65 u Tet. Bien has obrado con tu siervo, oh SEÑOR, conforme a tu palabra.

Salmo 119:66 Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos.

Salmo 119:67 Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra.

Salmo 119:68 Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos.

Salmo 119:69 Los soberbios han forjado mentira contra mí, pero de todo corazón guardaré tus preceptos.

Salmo 119:70 Su corazón está cubierto de grasa, pero yo me deleito en tu ley.

Salmo 119:71 Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos.

Salmo 119:72 Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata.

Salmo 119:73 y Yod. Tus manos me hicieron y me formaron; dame entendimiento para que aprenda tus mandamientos.

Salmo 119:74 Que los que te temen, me vean y se alegren, porque espero en tu palabra.

Salmo 119:75 Yo sé, SEÑOR, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has afligido.

Salmo 119:76 Sea ahora tu misericordia para consuelo mío, conforme a tu promesa dada a tu siervo.

Salmo 119:77 Venga a mí tu compasión, para que viva, porque tu ley es mi deleite.

Salmo 119:78 Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentira; pero yo en tus preceptos meditaré.

Salmo 119:79 Vuélvanse a mí los que te temen y conocen tus testimonios.

Salmo 119:80 Sea íntegro mi corazón en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.

Salmo 119:81 k Caf. Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero.

Salmo 119:82 Mis ojos desfallecen esperando tu palabra, mientras digo: ¿Cuándo me consolarás?

Salmo 119:83 Aunque he llegado a ser como odre al humo, no me olvido de tus estatutos.

Salmo 119:84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra mis perseguidores?

Salmo 119:85 Fosas me han cavado los soberbios, los que no están de acuerdo con tu ley.

Salmo 119:86 Todos tus mandamientos son fieles; con mentira me han perseguido; ¡ayúdame!

Salmo 119:87 Casi me destruyen en la tierra, mas yo no abandoné tus preceptos.

Salmo 119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia, para que guarde el testimonio de tu boca.

Salmo 119:89 l Lámed. Para siempre, oh SEÑOR, tu palabra está firme en los cielos.

La autoridad de la Palabra de Dios en nuestras vidas, LA PALABRA DE DIOS. Este texto considera la absoluta autoridad de la Palabra de Dios como algo inalterable y firmemente asegurado en el cielo. El pasaje señala:

1) Lo eterno del dominio divino mediante su Palabra. Aunque los tiempos y las estaciones cambian y las costumbres sociales, las opiniones humanas y las orientaciones filosóficas varían, ello no afecta la permanencia o la autoridad de la Palabra de Dios.
2) Dios es fiel en el ejercicio de su poder, en el cumplimiento de su promesa y las bendiciones de su Palabra, tanto como en su exigencia de justicia y juicio. Así como habló y la tierra fue creada y se sostiene, de la misma manera también ha hablado en cuanto a las leyes que rigen la vida. El relativismo del pensamiento humano no afecta su autoridad o sus normas.
3) Aunque la creación subsiste por su Palabra (todas las cosas creadas le sirven, versículo 91), el hombre contradice a menudo la autoridad del Creador. Pero, cualquiera que sea nuestra pasada rebelión, cuando acudimos a Cristo debe ocurrir una restauración de la Palabra de Dios como principio orientador de nuestras vidas. No sólo se declara esto en forma conclusiva en los evangelios por el mismo Jesús, sino que para Pablo, responder de otra manera, compromete el tipo de vida al cual hemos sido llamados. Como pueblo «espiritual» debemos rechazar las inclinaciones «naturales» de la humanidad caída. Al escuchar y rendirnos a la autoridad de la Palabra Divina, comprobamos que ya no somos dominados por el espíritu mundano del error.

Salmo 119:90 Tu fidelidad permanece por todas las generaciones; tú estableciste la tierra, y ella permanece.

Salmo 119:91 Por tus ordenanzas permanecen hasta hoy, pues todas las cosas te sirven.

Salmo 119:92 Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción.

Salmo 119:93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado.

Salmo 119:94 Tuyo soy, Señor, sálvame, pues tus preceptos he buscado.

Salmo 119:95 Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré.

Salmo 119:96 He visto un límite a toda perfección; tu mandamiento es sumamente amplio.

Salmo 119:97 m Mem. ¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

La Palabra de Dios nos hace sabios. Más sabios que nuestros enemigos y que cualquier maestro que la olvida. La verdadera sabiduría va más allá de un conocimiento acumulado, es la aplicación de ese conocimiento para cambiar la vida. Las personas inteligentes o experimentadas, no son necesariamente sabias. Somos sabios cuando permitimos que nos guíe lo que Dios nos ha enseñado.

Salmo 119:98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre.

Salmo 119:99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.

Salmo 119:100 Entiendo más que los ancianos, porque tus preceptos he guardado.

viejos, zaqen: Anciano, una persona vieja, un hombre viejo. El verbo significa «envejecer». Zaqan quiere decir «barba», algo que crece con la edad. Las personas mayores son respetadas en la Escritura porque su experiencia en la vida les ha dado sabiduría. Los ancianos que acompañaban a Moisés o aconsejaban a los reyes eran hombres mayores y maduros. En esta referencia el salmista ha sido instruido por el Señor de tal manera que sabe más que cualquier persona mayor. Jóvenes y adultos deberían, de igual manera, escuchar a Dios cuando se derrama el Espíritu Santo.

Salmo 119:101 De todo mal camino he refrenado mis pies, para guardar tu palabra.

Salmo 119:102 No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado.

Salmo 119:103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca.

Salmo 119:104 De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira.

Salmo 119:105 n Nun. Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino.

La Palabra de Dios y una vida práctica y fructífera, LA PALABRA DE DIOS. Todos tenemos muy poca experiencia en la vida como para vivirla sin guía alguna. La Palabra de Dios es esa guía. El Salmo 119 revela múltiples aspectos de la Palabra de Dios, y muestra cuánto puede asistirnos en las circunstancias prácticas de la vida. Pero ningún versículo en particular aborda esto más claramente que el versículo 105, donde la Palabra de Dios se compara a una lámpara que alumbra nuestro camino, dirige cada uno de nuestros pasos («a mis pies»), y brinda sabiduría a nuestros planes futuros («a mi camino»). Josué vincula la aplicación regular de la Palabra de Dios a la vida como el camino más seguro, tanto para el éxito como para la prosperidad. Además, el Salmo 119:130 destaca la sabiduría que la Palabra de Dios ofrece al «simple» (del hebreo pethawee , una verdad que advierte contra tomar decisiones basadas en sinrazones o engaños humanos. También Proverbios 6:23 nos recuerda que las «admoniciones» o correcciones que la Biblia contiene son parte de la «luz» que nos ofrece, tanto como cualquier otra afirmación positiva que podamos hallar en ella. Permite que la Palabra de Dios te guíe, corrija, instruya, dirija, enseñe y confirme. Jamás te apresures a actuar sin ella.

Es obvio que si caminamos en la noche en medio del bosque necesitaremos una luz que nos impida tropezar con las raíces de algún árbol o caer en algunos hoyos. En esta vida, andamos a través de un bosque oscuro de maldad. No obstante, la Biblia puede ser la luz que nos muestre el camino hacia adelante para así no tropezar al caminar. Nos revela las raíces enredadas de filosofías y falsos valores. Estudie la Biblia para que pueda ver su camino con la suficiente claridad y así permanecer en la senda correcta.

Salmo 119:106 He jurado, y lo confirmaré, que guardaré tus justas ordenanzas.

Salmo 119:107 Estoy profundamente afligido; SEÑOR, vivifícame conforme a tu palabra.

Salmo 119:108 Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh SEÑOR, y enséñame tus ordenanzas.

Salmo 119:109 En peligro continuo está mi vida, con todo, no me olvido de tu ley.

Salmo 119:110 Los impíos me han tendido lazo, pero no me he desviado de tus preceptos.

Salmo 119:111 Tus testimonios he tomado como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón.

Salmo 119:112 He inclinado mi corazón para cumplir tus estatutos por siempre, y hasta el fin.

Salmo 119:113 s Sámec. Aborrezco a los hipócritas, empero amo tu ley.

Los hipócritas no pueden decidirse entre lo bueno y lo malo. Cuando se tiene que obedecer a Dios, no existen términos medios, usted debe decidirse: le obedece o no. Hace lo que El quiere o hace lo que usted quiere. Decídase a obedecer a Dios y a decir junto con el salmista: «Amo tu ley».

Salmo 119:114 Tú eres mi escondedero y mi escudo; en tu palabra espero.

Salmo 119:115 Apartaos de mí, malhechores, para que guarde yo los mandamientos de mi Dios.

Salmo 119:116 Sostenme conforme a tu promesa, para que viva, y no dejes que me avergüence de mi esperanza.

Salmo 119:117 Sostenme, para estar seguro, y que continuamente preste atención a tus estatutos.

Salmo 119:118 Has rechazado a todos los que se desvían de tus estatutos, porque su engaño es en vano.

Salmo 119:119 Como escoria has quitado de la tierra a todos los impíos, por tanto amo tus testimonios.

Salmo 119:120 Mi carne se estremece por temor a ti, y de tus juicios tengo miedo.

Salmo 119:121 e Ayin. He practicado el juicio y la justicia; no me abandones a mis opresores.

Salmo 119:122 Sé fiador de tu siervo para bien; que no me opriman los soberbios.

Salmo 119:123 Desfallecen mis ojos por tu salvación, y por la promesa de tu justicia.

Salmo 119:124 Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.

Salmo 119:125 Yo soy tu siervo, dame entendimiento para que conozca tus testimonios.

El salmista le pide a Dios entendimiento. La fe cobra vida cuando aplicamos las Escrituras a las tareas y preocupaciones diarias. Necesitamos entendimiento para discernir y también el deseo de aplicar las Escrituras donde necesitamos ayuda. La Biblia es como una medicina: solo actúa cuando la aplicamos en las áreas afectadas. Cuando lea la Biblia, esté alerta para las lecciones, mandamientos o ejemplos que puede poner en práctica.

Salmo 119:126 Es tiempo de que actúe el SEÑOR, porque han quebrantado tu ley.

Salmo 119:127 Por tanto, amo tus mandamientos más que el oro, sí, más que el oro fino.

Salmo 119:128 Por tanto, estimo rectos todos tus preceptos acerca de todas las cosas, y aborrezco todo camino de mentira.

Salmo 119:129 p Pe. Maravillosos son tus testimonios, por lo que los guarda mi alma.

Salmo 119:130 La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos.

Salmo 119:131 Abrí mi boca y suspiré, porque anhelaba tus mandamientos.

Salmo 119:132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como acostumbras con los que aman tu nombre.

Salmo 119:133 Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine.

Salmo 119:134 Rescátame de la opresión del hombre, para que yo guarde tus preceptos.

Salmo 119:135 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.

Salmo 119:136 Ríos de lágrimas vierten mis ojos, porque ellos no guardan tu ley.

Salmo 119:137 c Tsade. Justo eres tú, SEÑOR, y rectos tus juicios.

Salmo 119:138 Has ordenado tus testimonios con justicia, y con suma fidelidad.

Salmo 119:139 Mi celo me ha consumido, porque mis adversarios han olvidado tus palabras.

Salmo 119:140 Es muy pura tu palabra, y tu siervo la ama.

Salmo 119:141 Pequeño soy, y despreciado, mas no me olvido de tus preceptos.

Salmo 119:142 Tu justicia es justicia eterna, y tu ley verdad.

Salmo 119:143 Angustia y aflicción han venido sobre mí, mas tus mandamientos son mi deleite.

Salmo 119:144 Tus testimonios son justos para siempre; dame entendimiento para que yo viva.

Salmo 119:145 q Cof. He clamado con todo mi corazón; ¡respóndeme, SEÑOR! Guardaré tus estatutos.

Salmo 119:146 A ti clamé; sálvame, y guardaré tus testimonios.

Salmo 119:147 Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero.

Salmo 119:148 Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra.

Salmo 119:149 Oye mi voz conforme a tu misericordia; vivifícame, oh SEÑOR, conforme a tus ordenanzas.

Salmo 119:150 Se me acercan los que siguen la maldad; lejos están de tu ley.

Salmo 119:151 Tú estás cerca, SEÑOR, y todos tus mandamientos son verdad.

Salmo 119:152 Desde hace tiempo he sabido de tus testimonios, que para siempre los has fundado.

Salmo 119:153 r Resh. Mira mi aflicción y líbrame, porque no me olvido de tu ley.

Salmo 119:154 Defiende mi causa y redímeme; vivifícame conforme a tu palabra.

Salmo 119:155 Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos.

Salmo 119:156 Muchas son, oh SEÑOR, tus misericordias; vivifícame conforme a tus ordenanzas.

Salmo 119:157 Muchos son mis perseguidores y mis adversarios, pero yo no me aparto de tus testimonios.

Salmo 119:158 Veo a los pérfidos y me repugnan, porque no guardan tu palabra.

Salmo 119:159 Mira cuánto amo tus preceptos; vivifícame, SEÑOR, conforme a tu misericordia.

Salmo 119:160 La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna.

Una de las características de Dios es la veracidad. Personifica la verdad perfecta y, por lo tanto, su Palabra no puede mentir. Es verdadera y confiable para guiarnos y ayudarnos. La Biblia es completamente verdadera y digna de confianza.

Salmo 119:161 v Sin. Príncipes me persiguen sin causa, pero mi corazón teme tus palabras.

Salmo 119:162 Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín.

Salmo 119:163 Aborrezco y desprecio la mentira, pero amo tu ley.

Salmo 119:164 Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas.

Salmo 119:165 Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar.

La sociedad moderna anhela paz mental. Aquí tenemos una instrucción muy clara de cómo llevarlo a cabo en la vida. Si amamos a Dios y obedecemos sus leyes, tendremos «mucha paz». Confíe en Dios. El es el único que está por encima de las presiones diarias de la vida y nos da seguridad total.

Salmo 119:166 Espero tu salvación, SEÑOR, y cumplo tus mandamientos.

Salmo 119:167 Mi alma guarda tus testimonios, y en gran manera los amo.

Salmo 119:168 Guardo tus preceptos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti.

Salmo 119:169 t Tau. Llegue mi clamor ante ti, SEÑOR; conforme a tu palabra dame entendimiento.

Salmo 119:170 Llegue mi súplica delante de ti; líbrame conforme a tu palabra.

Salmo 119:171 Profieran mis labios alabanzas, pues tú me enseñas tus estatutos.

Salmo 119:172 Que cante mi lengua de tu palabra, porque todos tus mandamientos son justicia.

Salmo 119:173 Pronta esté tu mano a socorrerme, porque tus preceptos he escogido.

Salmo 119:174 Anhelo tu salvación, SEÑOR, y tu ley es mi deleite.

Salmo 119:175 Viva mi alma para alabarte, y que tus ordenanzas me ayuden.

Salmo 119:176 Me he descarriado como oveja perdida; busca a tu siervo, porque no me olvido de tus mandamientos.

Alabanza, amor, poder y uso de la palabra de dios

Es el arreglo acróstico más grande del Salterio. Cada estrofa representa una letra del alfabeto heb. Mientras en otros poemas acrósticos cada versículo o cada linea empieza con cierta letra en el orden del alfabeto, aquí cada uno de los ocho versículos de la estrofa empiezan con la misma letra, y las estrofas siguen las letras en el orden de las 22 letras del alfabeto heb.

El salmista quiere mostrar la Palabra de Dios en su totalidad; usa una serie de sinónimos; cada uno habla de la Palabra de Dios, pero también destaca ciertos aspectos de ella.

Ley (torah) viene de un verbo que significa “dirigir” o “enseñar”. Significa “ley” y “revelación”; es la voluntad de Dios revelada, tanto en leyes específicas como en toda su revelación. El Pentateuco se llama Torah, y a veces la palabra se usa para toda la Escritura.

Testimonios (?edot) es del verbo, “dar testimonio”; dan testimonio en cuanto a Dios mismo, su voluntad y sus promesas.

Mandamientos (miswot) es del verbo “mandar” o “dar orden”; pone énfasis en la autoridad del que da la orden.

Estatutos (huqquim a menudo leyes en RVA) se deriva del verbo “grabar” o “inscribir”; indica una ley, escrita, definida; subraya la permanencia y la autoridad de las Escrituras.

Juicios (mishpatim) es del verbo “gobernar” o “juzgar”; se refiere a las normas éticas, los deberes y derechos que Dios, el juez sabio, ha dado para asegurar justicia entre los seres humanos.

Palabra (dabar) es el término más amplio; se refiere a la voluntad revelada por Dios, su mandato, su oráculo; en fin, es toda la revelación expresada por Dios.

Dicho (?imra) indica lo que Dios ha dicho o prometido.

Ordenanzas o preceptos (piqqudim), del verbo “encargar”, son ordenanzas de Dios que tienen que ver con la conciencia y la responsabilidad del ser humano como un ser inteligente; son instrucciones particulares con énfasis en los detalles.

Caminos (derakim) y sendas (?orjot) indican acción moral y carácter, el estilo de vida que corresponde a las normas reveladas por Dios. Jesús dijo: Yo soy el camino. En el NT los cristianos fueron llamados “los del camino”.

Anda en los caminos de Dios

El salmista empieza con dos “bienaventurazas”, semejante al Salmo 1. Estos versículos 1 y 2 dan el tema de todo el Salmo. De la manera que el salmista empieza con bienaventuranzas, así debemos bendecir a otros y mostrarles cómo ser bienaventurados. “Bienaventurado” quiere decir “feliz” o “dichoso”; Dios quiere que todos sus hijos tengan una felicidad sana. Todo ser humano busca la felicidad, pero muchos la buscan en cualquier otra cosa. La única felicidad que realmente satisface es la que viene de una comunión íntima y personal con Dios.

Camino y andan destacan que el salmista habla de un estilo de vida, no sólo un sentimiento pasajero. Este camino es íntegro, “completo” o “perfecto” (en sentido de madurez) y se basa en la ley, lo que Dios ha revelado. Desde el principio el salmista combina la Palabra de Dios con los hechos de la vida cotidiana. La comunión con Dios se realiza por el amor a su Palabra que es el medio que el Espíritu Santo usa para comunicarse con el espíritu de la persona.

La repetición de bienaventurados recalca su importancia; como el salmista empieza el Salmo, así debe empezar cada día el creyente, buscando a Dios, usando su Palabra. Las Escrituras son los testimonios de Dios a las grandes verdades tocante a nuestra relación con él; debemos desear conocerlos; conociéndolos, debemos creerlos; creyéndolos, debemos amarlos; y amándolos debemos guardarlos contra todo que se opone

El salmista sigue combinando el uso de la Palabra de Dios con la experiencia espiritual. En la Biblia la mente no está separada de los sentimientos y la voluntad. Todo el ser busca la relación íntima con Dios; El uso de la Biblia dirige a esta búsqueda, y esta búsqueda resulta en más amor hacia la Biblia. La frase con todo el corazón es característica del Salmo.

No practican iniquidad los que siguen este camino, como dice 1 de Juan :9. El salmista señala los dos lados, uno tiene que rechazar lo que es iniquidad. Pero esto no es suficiente, tiene que andar en sus caminos que implica también servir a Dios en la sociedad. Uno evita el mal si se ocupa en hacer bien.

El tú en el versículo 4 es énfatico; estas ordenanzas o preceptos tienen la autoridad personal de Dios. Muy guardadas recalca la actitud de obediencia activa, no distraída. No hemos de ser diligentes en hacer ordenanzas, como eran los fariseos, sino en guardar las que Dios dio.

¡Ojalá! expresa un deseo fuerte que es una oración, pues se dirige a Dios personalmente. Es evidente que el salmista ha tenido una larga y profunda experiencia de caminar con Dios. Dice Spurgeon que sólo el que disfruta esta misma experiencia puede entender en profundidad este salmo. Aun después de su larga experiencia, el salmista sigue siendo humilde, reconoce que le falta más crecimiento. Mientras uno crece en experiencia con el Señor, su capacidad de cumplir la voluntad de Dios también crece.

No sería avergonzado habla de la confianza y firmeza de vida que viene de tomar en serio los mandamientos de Dios. El salmista no será defraudado, tampoco sentirá vergüenza. Observar es “mirar con cuidado”.

Se nota un progreso en el Salmo; empezó con la tercera persona; después se dirige a Dios en una oración personal; ahora el salmista alaba a Dios. De nuevo el salmista expresa su deseo de seguir creciendo en el conocimiento de tus justos juicios y en la santidad, rectitud de corazón, que a su vez, aumenta su capacidad de alabar a Dios. El creyente que ama a Dios y a su Palabra sigue subiendo una espiral de más comunión, más servicio, más felicidad verdadera, más santidad y más alabanza.

Tus leyes (estatutos) guardaré; el salmista reconoce que tiene que mantenerse en guardar la Palabra de Dios y siempre depende de Dios para guardarle a él; no queda lugar para el orgullo espiritual.

Busca a Dios desde la juventud

¿Con qué limpiará…? es la pregunta más importante que uno puede hacer, y el mejor tiempo de hacerla es cuando se es joven. La tendencia de todo ser humano es corromperse, de modo que siempre hace falta esta exhortación del salmista. Algunos traducen: “¿Con que mantedrá limpio…?” Lo que sigue muestra que el salmista tenía en mente los dos énfasis. La mejor respuesta es guardar tu palabra. Lo demás de la estrofa va explicando cómo hacerlo: buscar a Dios; memorizar la Palabra; hablarla; sujetar sus emociones a ella; meditarla; y deleitarse en ella. No es solamente estudiar la Biblia con la mente, ni es sólo la experiencia emocional; el salmista, y toda la Biblia, enseña un sano equilibrio que no descuida ninguno de los dos.

Con todo mi corazón indica la sinceridad y ahínco con que uno debe buscar a Dios. Aun después de toda su experiencia con Dios, el salmista muestra una profunda humildad; reconoce su debilidad, pide que Dios le guarde de caer. Es la actitud opuesta a la de los fariseos.

El versículo 11 enseña una gran verdad: una de las mejores maneras de evitar el pecado es memorizar la Palabra de Dios. Otros pasajes explican los buenos efectos. Este consejo no es sólo para niños, todo creyente debe estar constantemente memorizando las Escrituras.

El versículo 12 incluye adoración y petición; las dos indican una actitud de humildad y sujeción a Dios, El que ama a Dios y su Palabra siempre quiere aprender más de él y cómo agradarle. ¡Qué bendición es que Dios mismo nos enseña!

El que es enseñado ahora, en el versículo 13, enseña a otros. Todo lo que el salmista ha dicho resulta en el deseo de compartir con otros lo que Dios dice y hace. Se nota un lindo balance literario en el versículo: con mis labios… de tu boca.

Para el que ama a Dios, sus testimonios no son una carga sino un motivo de gozo. Gozarse en la Palabra de Dios es una prueba de que ha echado raíz en su vida. Proverbios habla del valor de las palabras de sabiduría.

“Meditar” en la Palabra de Dios requiere tiempo; el compañerismo y comunión con cualquier persona requiere tiempo. Las presiones de la vida moderna y urbana han robado a muchos cristianos del tiempo que deben dedicar a la oración y meditación en la Palabra de Dios. No hay ningún sustituto. “Ningún ejercicio espiritual es más provechoso al alma que la meditación en la Palabra de Dios”.

Consideraré es del verbo “mirar con cuidado”. Después de meditar en la Palabra, el salmista escrudiña sus caminos. Sólo el que profundiza en la comunión con Dios puede entender sus caminos.

Me deleitaré… . ¡Qué buena manera de terminar la estrofa! Este camino no es aburrido ni pesado, lleva al deleite del espíritu del ser humano, al cumplimiento del propósito por el cual Dios lo creó. Hay un progreso en los versículos 15 y 16: el salmista medita, después mira con cuidado o escudriña; luego se deleita. Se nota cierto paralelo entre el versículo 8, que termina la primera estrofa, y éste, que termina la segunda estrofa.

1. Adoración: ¡Bendito seas tú, oh Jehová!
2. Súplica: Enséñame tus leyes
3. Proclamación: Con mis labios he contado
4. Regocijo: Me he gozado en el camino de tus testimonios
5. Decisión: En tus ordenanzas meditaré

Se contaba de los cocheros judíos pobres de Varsovia, que ocupaban su tiempo de espera en celosos coloquios sobre la Torah, y cuando uno tenía que hacer un viaje, se apresuraba, para poder volver al coloquio lo antes posible.

¡Y esto lo hacían aquellos de quienes el apóstol Pablo dice que tienen la Escritura todavía cubierta por un velo! ¡Qué lección para nosotros! ¡Qué herencia tan incomparable ha puesto Dios ante nosotros en las páginas de la Biblia!

Guarda sus testimonios

Esta estrofa indica que el salmista está lejos de casa y sufre ataques de los enemigos. Pero, en vez de ensimismarse en sus propios problemas, dirige su mente a la Palabra de Dios. El propósito de su vida es guardar los testimonios de Dios.

Haz bien (gamal) significa “conferir un beneficio”. Es sólo por la gracia de Dios que uno puede guardar su Palabra. Si la vida física es un don de Dios, cuánto más lo es la vida espiritual. El salmista reconoce su lugar como siervo de Dios y sabe que Dios trata bien a sus siervos.

Las maravillas (nifla?ot) indica todo lo que está más allá de lo natural o lo que uno naturalmente esperaría. Solamente si Dios “abre los ojos” puede uno ver estas riquezas de la Palabra de Dios. De esta manera se cumple la petición del versículo anterior. “No necesitamos que Dios nos dé más beneficios, sino que nos dé la habilidad de ver lo que ya nos ha dado”.

El salmista, como peregrino, es extraño a los deseos y valores del mundo, y es propenso a perderse. Para evitarlo necesita conocer el sentido verdadero y la aplicación correcta de la Palabra de Dios.

En los versículos 20-23 el salmista destaca el contraste entre el que anhela sinceramente sus preceptos y los que se desvían y son orgullosos. A través de la Biblia Dios rechaza a los orgullosos. “Es solamente la fe que nos humilla y toda rebelión surge del orgullo” (Calvino).

Se pueden notar paralelos entre las estrofas del Salmo: p. ej., el versículo 20, el cuarto en esta estrofa, y el versículo 28, el cuarto de la próxima estrofa; el versículo 22, el sexto de esta estrofa, y el versículo 14; el versículo 24 y el versículo 16. Spurgeon dice que son tantos los paralelos que no puede ser mera casualidad.

El contraste entre las dos partes del versículo 23 nos enseña:

1) que cuando hay oposición, la mejor defensa contra la depresión es ocupar la mente con la Palabra de Dios; y
2) uno no debe contestarles a los opositores de la misma manera, sino meditar en lo que Dios dice.

¿Cómo vemos? Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.

Es conocida la historia que contaba C. H. Spurgeon: “Una dama le dijo una vez a un artista: ‘¿Por qué emplea unos colores tan extravagantes para sus cuadros? Nunca he visto tal cosa en la naturaleza.’ Con sagacidad, el pintor le respondió: ‘¿Y no le gustaría que fuera así, señora?’”

Spurgeon comentaba entonces que de una manera muy semejante, los creyentes pueden ver maravillas divinas que los incrédulos no pueden percibir.

Determina entender y seguir la verdad

En esta estrofa también el salmista sufre: pegada al polvo indica extrema angustia. Sea la depresión física, emocional o espiritual, hace falta nueva vida que sólo Dios puede dar. Vivifícame (jayeni) aparece nueve veces en este Salmo, siempre relacionada con uno de los sinónimos de la Palabra de Dios.

Cinco de los ocho versículos en esta estrofa empiezan con la palabra camino (derek). En el versículo 26 el salmista expone delante de Dios sus caminos. Siempre, uno debe ser franco con Dios, y él responde. Antes de actuar, siempre debemos consultar con él; este diálogo abre el apetito para que nos enseñe más, petición que se repite en los versículos 27 y 29. La respuesta del alumno es que medita, decide, persiste y se esfuerza (correré) para aplicar la enseñanza.

Según el versículo 28, cuando uno está triste y ansioso, la respuesta es la Palabra de Dios. El versículo 28 es similar al versículo 25. Otros versículos donde este salmista habla de su vida interior, su alma, son: 20, 25, 81, 109, 167 y 175.

El camino de engaño es el de error, hipocresía, falsedad e infidelidad. El salmista no quiere ser engañado y no quiere ser falso. Los dos se evitan profundizándose en tu ley. Esto se hace con una decisión definida de escoger el camino de la verdad. Hace falta decisión pues la profundización en la Palabra no viene por naturaleza. El versículo 31 sigue hablando de su determinación de seguir los testimonios de Dios. El resultado es el crecimiento, amplitud a mi corazón, y este crecimiento amplía la capacidad de servir y ser un canal de bendición a otros. Esta es la tercera estrofa en que el salmista termina diciendo lo que hará: guardaré; me deleitaré; correré.

Halla entendimiento en sus caminos

Esta estrofa enfatiza el entendimiento del camino de la ley de Dios. El salmista pide que Dios le guíe y le enseñe; cada versículo desde el 33 al 39 empieza con un verbo imperativo (en heb.) y el versículo 40 lo tiene en la segunda parte. El camino de tus leyes no es cuestión de obediencia legalista a leyes aisladas, sino un estilo de vida conforme a toda la revelación de Dios.

El salmista pide entendimiento, pues para guardar la ley tiene que entenderla. Además, necesita la guía de Dios, pues seguir esta senda en medio de un mundo hostil a Dios, requiere más que la sabiduría y el esfuerzo humanos. “Solamente obedece a Dios el que puede decir, ‘Mi Señor, quiero servirte con todo el corazón’; nadie puede verdaderamente decir esto hasta que haya recibido la iluminación interior del Espíritu Santo” .

A pesar de su amor hacia Dios y su Palabra, el salmista sabe que la inclinación a la avaricia es fuerte; necesita que Dios incline su corazón a sus testimonios; porque la santidad de corazón es la cura de la avaricia. Según el salmista las ganancias deshonestas y el seguir la Palabra de Dios se oponen.

Nótese la relación entre corazón y ojos. Muchas tentaciones entran por los ojos; el avivamiento (v. 39) del Espíritu de Dios da victoria sobre la tentación. De nuevo, en el versículo 40, el salmista pide avivamiento; sabe que el ser humano necesita avivamiento constantemente; tal avivamiento continuo es el derecho y el privilegio del creyente en Cristo.

Joya bíblica Enséñame, oh Jehová, el camino de tus leyes, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley.

Vive hablando de su salvación

El salmista quiere predicar la Palabra de Dios en toda situación. La recibe; confía en ella; la obedece; la busca; la predica; y la ama. El versículo 41 muestra la estrecha relación entre la misericordia de Dios, su salvación y su promesa. Con su propia experiencia de salvación ya el salmista puede dar respuesta a todos los que preguntan o se burlan de él.

El salmista quiere siempre estar preparado para hablar de la Palabra de Dios. ¿Cuáles son las cosas que pudieran quitarla de su boca¿ Mayormente son el pecado, el orgullo y la falta de fe. Pero con su firme propósito de guardar la ley y con la libertad que esto le da, tendrá el coraje de hablar aun a personas importantes

Alzaré mis manos normalmente se usa como gesto de adoración. Aquí podría indicar reverencia a la Palabra de Dios porque representa a Dios, o mejor, indica un gesto de adoración a Dios de quien quiere recibir más enseñanza acerca de sus mandamientos.

Ahonda en el consuelo de Dios

Aunque el salmista está pasando por pruebas, la Palabra de Dios es su consuelo, su alegría y su esperanza. Habla de consuelo en los versículos 50 y 52.

El salmista empieza hablando de la promesa de Dios. No pide nuevas promesas sino el cumplimiento de la que ya se dio; no apela a su propio servicio a Dios sino a lo que Dios le dijo a él. Esta promesa de Dios y lo que ha experimentado de su Palabra, que le ha vivificado, le dan esperanza y consuelo. Otros encuentran su consuelo en su dinero, o posesiones, o fama, o placeres, pero la persona cuya esperanza viene de Dios lo encuentra en la Palabra de Dios. El poder de Dios se manifiesta por medio de su Palabra. “Los impíos a veces pueden experimentar una elevación de su espíritu durante sus sufrimientos, pero están totalmente destituidos de esta fuerza interior” (Calvino).

Los arrogantes u orgullosos se sienten incómodos ante la honestidad de los que siguen a Dios, entonces tratan de esconder su temor con la burla hacia los creyentes. Se nota la identificación del salmista con Dios porque cuando piensa en los impíos y su abandono de la ley, siente indignación (zal?af “calor intenso”).

El pensar en los hechos de Dios desde tiempos antiguos, en sus propias peregrinaciones y en la noche le da al salmista consuelo y gozo. Ciertamente es un consuelo grande poder conversar con Dios y contar con su presencia cuando uno se despierta en la noche. Nótese en el versículo 55 que estos buenos pensamientos en la noche producen buenos hechos en el día.

Júntate a los que temen a Dios

En esta estrofa se destaca la determinación del salmista de seguir a Dios según su Palabra. La comunión con Dios produce el deseo de tener comunión con otras personas que conocen a Dios.

Para el salmista, Dios es su porción o “herencia”. ¡Qué buena herencia! Esta seguridad en Dios no produce letargo, más bien le motiva más a obedecer tus palabras.

Aunque el salmista ya tiene una comunión profunda con Dios, reconoce su necesidad de misericordia. La actitud de humildad es una señal de la verdadera comunión con Dios. El versículo 59 sigue en la misma actitud, pues reconoce que tiene que corregir su camino de acuerdo con tus testimonios. Primero reflexiona sobre la dirección en que va su vida; luego actúa según la Palabra de Dios. La reflexión honesta tiene que dirigir a la decisión y la acción.

El salmista sigue con su determinación de guardar los testimonios de Dios. La postergación se desliza en la negación; lo que cura la postergación es la decisión definida de “apresurar” la acción. La oposición de los impíos también puede desviar al salmista de su propósito. La decisión del versículo 60 le dio la firmeza para no olvidar tu ley.

La actitud de humildad y gratitud se expresa en el anhelo de alabar a Dios aun en la noche. El pensamiento es semejante al del versículo 52, pero se profundiza aquí.

La herencia de la comunión con Dios dirige al compañerismo con otros que aman a Dios. El salmista es compañero de todos los que… temen a Dios. Aunque son pobres y humildes, el justo no se avergüenza de indentificarse con sus hermanos en Cristo. El salmista, en comunión con Dios y con sus hermanos, ve muestras de la misericordia de Dios en toda la tierra.

Triunfa por medio de humillación y disciplina

La palabra tob “bueno” o “bien”, empieza con tet; en esta estrofa, cinco de los versículos empiezan con esta palabra. Por su propia experiencia, el salmista da testimonio de que Dios es bueno. Lo que sucede en la vida del creyente concuerda con lo que dicen las promesas de Dios.

Dios actúa en respuesta a la fe en su Palabra, pero necesitamos discernimiento en cómo aplicarla. Buen sentido; el vocablo traducido sentido también significa “discernimiento”.

Yo me he deleitado en tu ley

La palabra humillado (?anah), también se usa en el versículo 71, traducido afligido. Dios usa el quebrantamiento y la aflicción para purificar y hacer crecer al creyente. El primer paso en la obediencia es mortificar la carne, que a nadie le es grato. “Cuando no hay ninguna vida espiritual, la aflicción no produce beneficios espirituales; pero donde el corazón tiene vida, la aflicción despierta la conciencia, los errores son confesados, y el alma de nuevo se hace obediente al mandato de Dios”.

Los versículos 69-72 muestran el contraste entre el corazón “humillado” y el de los soberbios. Los soberbios engañan, aman la vida fácil, pero son insensibles a Dios y a los valores verdaderos. En cambio, el salmista reconoce que Dios usó la aflicción para su bien (v. 71), pues ahora está firme en su decisión de seguir los mandamientos de Dios, se deleita en ellos, y los valoriza mucho más que oro y plata.

Inspírate en la bondad del Creador

Esta estrofa destaca la fidelidad, la bondad y la misericordia de Dios. El salmista era un verdadero artista; uno puede ver aquí una construcción A B C D D C B A, es decir, los versículos 73 y 80 van juntos, y así hasta hacer cuatro pares.

Si Dios me creó, dice el salmista, es él quien me hace entender sus mandamientos; entonces puedo tener corazón íntegro y así no ser avergonzado. Si el corazón es íntegro en obediencia a Dios, todo está bien.

Los versículos 74 y 79 hablan de la identificación del salmista con los que temen a Dios. El buen liderazgo del pueblo de Dios depende de vivir según su Palabra; y los que temen a Dios lo reconocen (v. 79), pues tal líder es una fuente de bendición a los demás.

Tus manos me hicieron

Dios es justo en su trato con sus hijos, de modo que los que se oponen y usan engaño serán avergonzados. Aunque sufre por sus fallas, el salmista sabe que es para su bien, aun más encuentra su mayor apoyo en los preceptos de Dios. Se ve que el salmista se examinó a sí mismo. “Un rasgo de la verdadera piedad es ser menos duro con las fallas de otros que con las de uno mismo”.

El salmista pide consolación conforme a su promesa y apela a su misericorida porque ya se deleita en su Palabra. “Nuestras oraciones están conformes con la mente de Dios cuando están conformes a su palabra” .

Confía en la salvación de Dios

En el versículo 81 el salmista espera la salvación de Dios; en el versículo 88 clama: vivifícame. La Biblia, habla de muchas formas de salvación: salvación de pecado y condenación, de peligro físico, de angustia o de decaimiento espiritual. El salmista no distingue los diferentes sentidos; está en serios problemas físicos de oposición y persecución. Para él, la salvación de Dios incluye todos los aspectos de su vida.

Desfallecen… pone énfasis en la paciencia del salmista. Aunque está débil y agotado, sigue confiando en la Palabra de Dios. La salvación que experimentó en el pasado le da esta paciencia y firmeza; a pesar de la situación alarmante, está decidido a seguir a Dios. El versículo 82, también indica la urgencia de su necesidad.

Como un odre colgado en una tienda donde el calor y humo del fuego lo secan, así el salmista se siente cansado, arrugado y seco, pero sigue apegado a las leyes (los estatutos) de Dios. Dice que esta vida es corta; teme no vivir para ver el juicio de Dios sobre los malignos.

Los versículos 85-87 continúan el mismo tema, los enemigos arrogantes le ponen trampas, como hacen los cazadores de animales; le engañan y le hacen daño físicamente. Con todo, el salmista sigue creyendo las promesas de Dios y sigue obedeciendo sus ordenanzas. Pide que Dios le vivifique, siempre de acuerdo con la misericordia que se expresa tan claramente en su Palabra. Todo creyente, en todo problema de toda índole puede hacer la misma petición, basado en las mismas promesas.

Levántate con esperanza en su palabra

La estrofa anterior enfocó una situación desesperante; aquí se levanta la visión a lo permanente y eterno que es Dios y su palabra. El versículo 92 puede referirse a la aflicción de la estrofa anterior, pero Dios contestó; ahora el salmista entiende y experimenta más esta calidad sin límite de comunión con Dios basada en su Palabra.

Para siempre… en los cielos. El salmista habla de la tierra, la creación y la historia, pero por encima de todo lo cambiable que pueda ser la tierra está la Palabra de Dios. Tiene vigencia universal, no sólo en la tierra ni solamente en nuestro tiempo.

Las leyes de la naturaleza siguen en vigencia después de milenios; mucho más permanente es la Palabra de Dios. Sus promesas no se agotaron con las generaciones pasadas; en cinco, o diez, o veinte generaciones venideras será igualmente vigente.

Ya habría perecido. El salmista reconoce que solamente por la Palabra de Dios fue liberado; pero, a la vez, reconoce que su responsabilidad era deleitarse en la ley de Dios. Esta experiencia le da un desafío para el futuro: no olvidar nunca sus ordenanzas. El salmista habla todo esto basado en su propia experiencia. “Qué bendición es tener los preceptos escritos en el corazón con la pluma dorada de la experiencia, y grabados en la conciencia con el divino lápiz de la gracia”.

En los versículos 94 y 95 el salmista todavía habla de oposición. Los impíos son enemigos naturales de las personas piadosas y los pensamientos santos. En el versículo 96 se nota el contraste entre todo lo terreno y la Palabra de Dios. Aun lo que parece perfecto es limitado, pero Dios y su Palabra no tienen límites. El creyente en comunión con Dios encuentra que el Espíritu Santo siempre le está enseñando más maravillas de su Palabra.

Medita en su ley

No hay ninguna petición a Dios en esta estrofa, pero presenta una reflexión preciosa. El secreto de la profundización en la comunión con Dios es la meditación y la obediencia. Es decir, el creyente reflexiona sobre la Palabra de Dios y su aplicación a su propia vida, siempre con el propósito de obedecer a Dios

¡Cuánto amo tu ley! es una exclamación; es un amor sincero que es resultado de la meditación y se dirige a la meditación. Esta meditación en la Palabra de Dios hace que, en cuanto a sabiduría y entendimiento, el salmista supere a sus enemigos, sus instructores y los ancianos. No hay sustituto; por más brillante que sea un profesor, si no está abierto a la obra de Dios en su vida, estará ciego a los mayores valores. “Los discípulos sencillos de Cristo que se sientan a sus pies, a menudo son más hábiles en asuntos divinos que los doctores de teología”.

Me has hecho. Es Dios quien hace todo esto; el salmista nunca piensa en la Palabra de Dios separada de Dios mismo. Dios usa su Palabra en la vida de cada creyente. El salmista siempre habla de tus mandamientos o tus testimonios. No adoramos a la Biblia sino al Dios que nos habla por medio de la Biblia. Lo que han dicho otros creyentes sobre la Biblia (los comentarios) es importante, pero para experimentar lo que habla el salmista hace falta que el Espíritu de Dios la enseñe y la aplique constantemente en cada situación de la vida personal y de la iglesia.

Esta obra del Espíritu Santo en la vida produce el amor a la Palabra de Dios de manera que uno es atraído a ella como a la miel. Una prueba de la buena relación con Dios es que sus palabras son dulces a su paladar. Para seguir recibiendo todos estos efectos de la Palabra de Dios es necesario rechazar lo malo, especialmente todo lo que es mentira

No te desvíes de la luz

Caminamos en un mundo de oscuridad, pero podemos caminar a la luz de la Palabra de Dios. “Cada persona tiene que usar la Palabra de Dios de manera personal, práctica y constante, para que pueda ver su camino y discernir lo que en ello hay… La cabeza necesita iluminación, pero aun más los pies necesitan dirección”.

El versículo 106 habla de decisión y compromiso para obedecer, y el versículo 107 habla de aflicción. A menudo, después de un nuevo compromiso con Dios, viene aflicción y oposición. Pablo dice que los que quieren vivir piadosamente sufrirán persecución. Pero el salmista se aferra más a Dios y muestra su gratitud a él.

Las aflicciones y persecuciones a veces se usan como excusas para bajar la ética (e.g. “mentiritas”) o desviarse del camino. El propósito del maligno es hacernos desviar. El salmista está consciente de estos peligros. Sigue firme en su decisión de poner por obra tus leyes.

La fuente de gozo. La verdadera fuente del gozo es la salvación. Cosas que producen gozo:

1. Unidad
2. Estar en la presencia de Dios
3. Obediencia
4. Amor mutuo
5. Comunión
6. Amistad
7. Fortaleza

“Lo que adorna y protege al cristiano, lo que lo capacita para mantener su cabeza en alto con confianza y gozo, es el hecho de que es salvo.” Charles Hodge

Sepárate de los impíos

Una parte del temor de Jehová es aborrecer el mal. El que ama la ley de Dios no puede andar con los impíos; de hecho, sus valores diferentes los separan. Esta separación de propósitos trae persecusión y aflicción. El salmista siempre encuentra su refugio en Dios.

Casi toda la estrofa habla de conflicto. En la batalla contra la maldad, que experimenta todo creyente, solamente se encuentra sustento en Dios. El salmista conoce las promesas de Dios y apela a ellas. “Nadie cumplirá los estatutos del Señor por largo tiempo a menos que los respeta de corazón, y esto nunca sucede a menos que la mano del Señor continuamente sustente su corazón en amor santo… Perseverancia hasta el fin y obediencia continua sólo son posibles por el poder de Dios” .

Lo que los hombres llaman buena estragegia o astucia, a menudo es engaño y Dios lo trata como tal. Dios juzga a tales impíos; por eso el salmista siente más reverencia (temor) hacia él. El amor a Dios y el temor de él no son antagónicos, van juntos; por eso todo el ser (corazón, cuerpo, emociones, mente y espíritu) se involucra en la adoración, servicio y obediencia de acuerdo con su Palabra.

Apela a Dios

Gran parte del Salmo 119 es una oración dirigida a Dios. En esta estrofa el salmista apela a Dios conforme a su Palabra en una situación de aflicción y persecución. Todo creyente puede usar las mismas razones, pues el salmista apela a Dios porque es un siervo de él y en base a su promesa, su misericordia y la urgencia de la situación.

El salmista es persistente en su clamor a Dios. En el versículo, dice que hace mucho está clamando. No puede esperar más, pide la intervención de Dios ahora. A la vez, reconoce que necesita más enseñanza y entendimiento. “El Señor puede obrar por juicios que derriban las fortalezas del enemigo o por avivamientos que construyen los muros de su propia Jerusalén”.

Persigue la Palabra de Dios

Los que más conocen sus testimonios son los que más ven sus maravillas. Uno que sigue en comunión con Dios nunca deja de maravillarse de su Palabra. Esta actitud maravillada no resulta en especulaciones vanas sobre los testimonios de Dios, sino en obedecerlos.

La exposición (de un vocablo que significa “puerta”, “apertura” o “abrirse”. El Espíritu Santo “abre” la Palabra de Dios al creyente; también usa a expositores fieles que la exponen al pueblo de Dios. Así los ingenuos (o, mejor, “gente sencilla”) entienden. Dios sigue haciendo lo mismo; todo creyente debe hacer todo lo posible para conocer la Palabra de Dios.

La obra de Dios en el corazón produce el anhelo del versículo 131; y esto le dirige a la petición del versículo 132. Pide que Dios actúe de acuerdo con su Palabra y por medio de ella. Su Palabra escrita es efectiva sólo cuando Dios la usa, solamente en el poder de Dios.

La frase como acostumbras traduce el heb. mishpat “juicio”, el singular de la palabra “juicios” en otros versículos. Si lo tomamos en sentido adverbial, como la traducción aquí, este versículo es uno de los dos que no contienen un sinónimo de la Palabra de Dios. Si lo tomamos en sentido de “juicio”, “según es tu norma” (o “juicio”), se puede considerar como sinónimo también, dejando solamente el versículo 122 sin tal sinónimo.

Haz que tu rostro resplandezca hace eco de la bendición en Num 6:24-26. Es lo que siempre necesitamos; este resplandecer trae luz y todo lo bueno, incluyendo la enseñanza de sus leyes (estatutos). El versículo 136 muestra el crecimiento del salmista; ahora está tan unido al corazón de Dios que le da tristeza cuando otros no guardan su ley.

Sé celoso por su justicia

La palabra justicia (tsedeq) empieza con tsade, así, en esta estrofa, el salmista hace hincapié en la justicia de Dios, que en el AT enfatiza la rectitud de Dios y su acción justa, de acuerdo con su propia rectitud. El salmista muestra el contraste entre la perfecta justicia de Dios y los que olvidan sus palabras; también muestra el contraste entre su propia pequeñez y la maravilla de estar relacionado con Dios tan justo, grande y perfecto. La Palabra de Dios refleja el carácter de él; esto hace que el salmista siempre reconozca el valor y la autoridad de la Palabra de Dios.

Los incrédulos a menudo piensan que Dios es demasiado severo; el problema es que no entienden su justicia y rectitud. Los cristianos nunca debemos tener miedo de la justicia de Dios, pues sabemos que el Dios de amor nos justificó en Cristo, y lo hizo porque Cristo sufrió el justo castigo por nuestros pecados. A la vez, nuestro crecimiento en Cristo y en su Palabra nos hace más conscientes de la justicia de Dios y de su propósito de santificarnos. Con esta perspectiva el cristiano se identifica con el salmista en esta estrofa.

El salmista se identifica con Dios y se maravilla ante su justicia y su fidelidad. En el versículo 139, no menciona lo que los enemigos le hacen, sino se preocupa porque no toman en cuenta la Palabra de Dios. Toda la estrofa destaca que las cualidades de Dios también caracterizan su Palabra.

Entender tus testimonio da vida en todo sentido: da gozo; renueva la vida física, emocional y espiritual. Si creemos esto, tomaremos en serio la necesidad de profundizar en el entendimiento de las Escrituras. “He aquí nuestra necesidad del Espíritu Santo, el señor y dador de la vida, y el guía de todos los que tienen ‘vida’; él nos guiará a toda la verdad. ¡Oh, que nos visite en su gracia en esta buena hora!”.

Quebrántate delante de él cada mañana

Aunque hace mucho que el salmista camina con Dios, sigue clamando cada mañana. El hecho que clamo (qarah) empieza con qof, ayuda al salmista a destacar esta necesidad de clamar a Dios cada día. El que quiere avivamiento continuo tiene que humillarse delante de Dios y buscar su presencia y su poder cada día. “El que ha estado con Dios en el aposento tendrá la presencia de Dios en el horno”. Toda la estrofa exhibe una cadena de detalles sobre la oración del salmista; indica cómo oró, qué y a quién oró, cuándo oró, cuánto tiempo oró, la petición que oró, qué crisis pasó, cómo se salvó y cómo testificó.

El salmista indica que toda su oración está íntimamente ligada a la Palabra de Dios. La obediencia a sus leyes acompaña la oración; la confianza en su palabra lo motiva; la meditación en sus palabras es parte de su comunión con Dios.

Se nota un contraste en los versículos 150 y 151: los malos se acercan pero el salmista triunfa porque cercano está Jehová. Vence porque sigue sus mandamientos que son verdad. “Virtud es la verdad en acción, y es lo que Dios pide; pecado es la falsedad en acción, y es lo que Dios prohíbe”.

Reclama el socorro de Dios

En esta estrofa el salmista reclama la salvación porque es perseguido y afligido por los enemigos de Dios. Tres veces clama vivifícame. Todo creyente, en cualquier necesidad sea física o espiritual, puede reclamar lo mismo, líbrame, redímeme, vivifícame. Este clamor siempre debe estar conforme a la Palabra de Dios y guiado por ella, pues no hay salvación para los que no buscan sus leyes (estatutos).

A través de la estrofa el salmista pide que Dios mire y haga algo en su situación porque es perseguido injustamente. Apela a su propia fidelidad a la Palabra de Dios, no de jactancia sino porque Dios promete su liberación a los que le honran. A pesar del sufrimiento injusto, sigue amando sus ordenanzas y apela a la misericordia de Dios. Es buen ejemplo para todo creyente, pues el mal le causa disgusto y quiere conocer toda la Palabra de Dios porque la suma de ella es verdad. Nótese el énfasis en la Palabra de Dios como eterna en el último versículo de las últimas tres estrofas.

Sigue amando su palabra

Esta estrofa, como la de los versículos 97-104, no contiene ninguna petición a Dios. Más bien es un testimonio de amor a su Palabra. Los resultados de amar a Dios y su Palabra se ven a través de la estrofa: fortaleza aun frente a la oposición de príncipes, gran gozo, rechazo de la mentira y la falsa religión, una actitud continua de alabanza, paz y seguridad y confianza delante de Dios.

Los contrastes y figuras dan un dinamismo literario a la estrofa. El temor de Dios elimina el temor del príncipe porque Dios es el gran rey. El que encuentra un botín o un tesoro abunda en gozo; así es la Palabra de Dios para el creyente. El que ama la ley de Dios aborrece la mentira. La palabra mentira a menudo se usa para hablar de falsos dioses y “abominar” se usa refiriéndose al odio de Dios contra costumbres paganas. Siete veces significa multiplicidad y plenitud; alaba a Dios constantemente.

En los últimos tres versículos de la estrofa, el salmista da testimonio de su actitud expectante, de su esperanza, de su amor a tus testimonios y de su obediencia. En las dos palabras, ordenanzas y testimonios, podemos ver un énfasis en lo práctico y en lo doctrinal; hay que guardar los dos.

Trae alabanza y oración al Señor

Esta última estrofa resume muchas peticiones del Salmo, por entendimiento, por liberación de peligros, por la enseñanza de Dios, por el canto de su lengua, por socorro en la persecución, por su salvación; todo con el fin de experimentar la vida de Dios, un avivamiento y que su vida alabe a Dios.

Toda su oración se basa en la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios en el salmista determina su entendimiento, su oración, su habla, su voluntad, sus emociones y su corazón, un corazón humillado delante de Dios.

Errante como oveja extraviada

A través del Salmo se nota un crecimiento espiritual, o una profundización de su comunión con Dios. Así es que cuanto uno más conoce y anhela la salvación de Dios, tanto más se goza en su Palabra. Cuando uno decide seguir al Señor, vendrá persecución; el salmista depende de Dios para su socorro (v. 173). El resultado de haber aprendido más no le hace sentirse orgulloso, más bien le hace rebosar de alabanza.

Después de todo lo que ha dicho el salmista en cuanto a su amor a la ley de Dios y su decisión de seguirla, puede sorprendernos su confesión del último versículo. Sin embargo, no lo hemos de ver en sentido de fracaso; más bien muestra la profunda actitud de humildad del salmista. A pesar de las alturas espirituales que ha vivido, reconoce que todavía es humano, todavía falla en muchas cosas, todavía necesita que Dios le guarde, le enseñe y le vivifique. Comentando el versículo. Spurgeon habla también de los que se han descarriado, cómo Dios perdona y sigue obrando. Mejor es no salir del camino, pero aun así no podremos jactarnos como el fariseo, sino tenemos que orar con el publicano: “Dios, ten misericordia de mí, un pecador”, y con el salmista: “Busca a tu siervo.”

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