Salmo 119:94 Tuyo soy, Señor, sálvame, pues tus preceptos he buscado.
Salmo 119:95 Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré.
Salmo 119:96 He visto un límite a toda perfección; tu mandamiento es sumamente amplio.
Salmo 119:97 m Mem. ¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
La Palabra de Dios nos hace sabios. Más sabios que nuestros enemigos y que cualquier maestro que la olvida. La verdadera sabiduría va más allá de un conocimiento acumulado, es la aplicación de ese conocimiento para cambiar la vida. Las personas inteligentes o experimentadas, no son necesariamente sabias. Somos sabios cuando permitimos que nos guíe lo que Dios nos ha enseñado.
Salmo 119:98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre.
Salmo 119:99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.
Salmo 119:100 Entiendo más que los ancianos, porque tus preceptos he guardado.
viejos, zaqen: Anciano, una persona vieja, un hombre viejo. El verbo significa «envejecer». Zaqan quiere decir «barba», algo que crece con la edad. Las personas mayores son respetadas en la Escritura porque su experiencia en la vida les ha dado sabiduría. Los ancianos que acompañaban a Moisés o aconsejaban a los reyes eran hombres mayores y maduros. En esta referencia el salmista ha sido instruido por el Señor de tal manera que sabe más que cualquier persona mayor. Jóvenes y adultos deberían, de igual manera, escuchar a Dios cuando se derrama el Espíritu Santo.
Salmo 119:101 De todo mal camino he refrenado mis pies, para guardar tu palabra.
Salmo 119:102 No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado.
Salmo 119:103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca.
Salmo 119:104 De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira.
Salmo 119:105 n Nun. Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino.
La Palabra de Dios y una vida práctica y fructífera, LA PALABRA DE DIOS. Todos tenemos muy poca experiencia en la vida como para vivirla sin guía alguna. La Palabra de Dios es esa guía. El Salmo 119 revela múltiples aspectos de la Palabra de Dios, y muestra cuánto puede asistirnos en las circunstancias prácticas de la vida. Pero ningún versículo en particular aborda esto más claramente que el versículo 105, donde la Palabra de Dios se compara a una lámpara que alumbra nuestro camino, dirige cada uno de nuestros pasos («a mis pies»), y brinda sabiduría a nuestros planes futuros («a mi camino»). Josué vincula la aplicación regular de la Palabra de Dios a la vida como el camino más seguro, tanto para el éxito como para la prosperidad. Además, el Salmo 119:130 destaca la sabiduría que la Palabra de Dios ofrece al «simple» (del hebreo pethawee , una verdad que advierte contra tomar decisiones basadas en sinrazones o engaños humanos. También Proverbios 6:23 nos recuerda que las «admoniciones» o correcciones que la Biblia contiene son parte de la «luz» que nos ofrece, tanto como cualquier otra afirmación positiva que podamos hallar en ella. Permite que la Palabra de Dios te guíe, corrija, instruya, dirija, enseñe y confirme. Jamás te apresures a actuar sin ella.
