119.11 Guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones es una fuerza de disuasión contra el pecado. Esto únicamente nos debe inspirar a querer memorizar las Escrituras. Pero la memorización por sí sola no nos impedirá pecar, debemos también poner en práctica la Palabra de Dios en nuestras vidas, haciendo de ella una guía vital para todo lo que hagamos.
Salmo 119:12 Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos.
La mayoría nos irritamos con las reglas, ya que pensamos que nos limitan para hacer lo que queremos. A primera vista, entonces, parece raro escuchar al salmista hablar de que se regocija en las leyes de Dios más que en las riquezas. Sin embargo, las leyes de Dios se dieron para librarnos, poder ser todo lo que El quiere que seamos. Nos limitan para no hacer cosas que nos incapacitarían e impedirían sacar de nosotros lo mejor. Las leyes de Dios son principios que nos ayudan a seguir en su camino y a no vagar en caminos que nos conduzcan a la destrucción.
Salmo 119:13 He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca.
Salmo 119:14 Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas.
Salmo 119:15 Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos.
mandamientos, piqud: Un precepto, estatuto o mandato. Algo autorizado o designado por Dios. Esta palabra viene del verbo paqad que quiere decir «designar, supervisar, situar o registrar». El verbo tiene el sentido de «contar» o «enumerar» los cargos personales (aquellos por los cuales se es responsable). Piqud aparece 24 veces, siempre en los Salmos (21 de ellas en el Salmo 119, el resto en 19.8; 103.18; 117.7) Los piqudim divinos son sus estatutos, mandatos, preceptos numerados, y la relación autorizada de sus mandamientos.
Salmo 119:16 Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra.
Salmo 119:17 g Guímel. Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra.
Salmo 119:18 Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.
Salmo 119:19 Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos.
El salmista dice: «Forastero soy yo en la tierra», por lo tanto, necesita dirección. Casi cualquier viaje requiere de un mapa o un guía. Cuando viajemos por la vida, la Biblia debe ser nuestro mapa de carreteras, señalándonos las rutas seguras, los obstáculos que debemos evitar y nuestro destino final. Debemos reconocer que somos peregrinos aquí en la tierra y que necesitamos estudiar el mapa de Dios para conocer el camino. Si pasamos por alto el mapa, vagaremos indefensos por la vida y nos arriesgaremos a perder nuestro verdadero destino.
Salmo 119:20 Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.
Salmo 119:21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.
Salmo 119:22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque yo guardo tus testimonios.
Salmo 119:23 Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos.
