El salmista pide entendimiento, pues para guardar la ley tiene que entenderla. Además, necesita la guía de Dios, pues seguir esta senda en medio de un mundo hostil a Dios, requiere más que la sabiduría y el esfuerzo humanos. “Solamente obedece a Dios el que puede decir, ‘Mi Señor, quiero servirte con todo el corazón’; nadie puede verdaderamente decir esto hasta que haya recibido la iluminación interior del Espíritu Santo” .
A pesar de su amor hacia Dios y su Palabra, el salmista sabe que la inclinación a la avaricia es fuerte; necesita que Dios incline su corazón a sus testimonios; porque la santidad de corazón es la cura de la avaricia. Según el salmista las ganancias deshonestas y el seguir la Palabra de Dios se oponen.
Nótese la relación entre corazón y ojos. Muchas tentaciones entran por los ojos; el avivamiento (v. 39) del Espíritu de Dios da victoria sobre la tentación. De nuevo, en el versículo 40, el salmista pide avivamiento; sabe que el ser humano necesita avivamiento constantemente; tal avivamiento continuo es el derecho y el privilegio del creyente en Cristo.
Joya bíblica Enséñame, oh Jehová, el camino de tus leyes, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley.
Vive hablando de su salvación
El salmista quiere predicar la Palabra de Dios en toda situación. La recibe; confía en ella; la obedece; la busca; la predica; y la ama. El versículo 41 muestra la estrecha relación entre la misericordia de Dios, su salvación y su promesa. Con su propia experiencia de salvación ya el salmista puede dar respuesta a todos los que preguntan o se burlan de él.
El salmista quiere siempre estar preparado para hablar de la Palabra de Dios. ¿Cuáles son las cosas que pudieran quitarla de su boca¿ Mayormente son el pecado, el orgullo y la falta de fe. Pero con su firme propósito de guardar la ley y con la libertad que esto le da, tendrá el coraje de hablar aun a personas importantes
Alzaré mis manos normalmente se usa como gesto de adoración. Aquí podría indicar reverencia a la Palabra de Dios porque representa a Dios, o mejor, indica un gesto de adoración a Dios de quien quiere recibir más enseñanza acerca de sus mandamientos.
Ahonda en el consuelo de Dios
Aunque el salmista está pasando por pruebas, la Palabra de Dios es su consuelo, su alegría y su esperanza. Habla de consuelo en los versículos 50 y 52.
El salmista empieza hablando de la promesa de Dios. No pide nuevas promesas sino el cumplimiento de la que ya se dio; no apela a su propio servicio a Dios sino a lo que Dios le dijo a él. Esta promesa de Dios y lo que ha experimentado de su Palabra, que le ha vivificado, le dan esperanza y consuelo. Otros encuentran su consuelo en su dinero, o posesiones, o fama, o placeres, pero la persona cuya esperanza viene de Dios lo encuentra en la Palabra de Dios. El poder de Dios se manifiesta por medio de su Palabra. “Los impíos a veces pueden experimentar una elevación de su espíritu durante sus sufrimientos, pero están totalmente destituidos de esta fuerza interior” (Calvino).
