Casi toda la estrofa habla de conflicto. En la batalla contra la maldad, que experimenta todo creyente, solamente se encuentra sustento en Dios. El salmista conoce las promesas de Dios y apela a ellas. “Nadie cumplirá los estatutos del Señor por largo tiempo a menos que los respeta de corazón, y esto nunca sucede a menos que la mano del Señor continuamente sustente su corazón en amor santo… Perseverancia hasta el fin y obediencia continua sólo son posibles por el poder de Dios” .
Lo que los hombres llaman buena estragegia o astucia, a menudo es engaño y Dios lo trata como tal. Dios juzga a tales impíos; por eso el salmista siente más reverencia (temor) hacia él. El amor a Dios y el temor de él no son antagónicos, van juntos; por eso todo el ser (corazón, cuerpo, emociones, mente y espíritu) se involucra en la adoración, servicio y obediencia de acuerdo con su Palabra.
Apela a Dios
Gran parte del Salmo 119 es una oración dirigida a Dios. En esta estrofa el salmista apela a Dios conforme a su Palabra en una situación de aflicción y persecución. Todo creyente puede usar las mismas razones, pues el salmista apela a Dios porque es un siervo de él y en base a su promesa, su misericordia y la urgencia de la situación.
El salmista es persistente en su clamor a Dios. En el versículo, dice que hace mucho está clamando. No puede esperar más, pide la intervención de Dios ahora. A la vez, reconoce que necesita más enseñanza y entendimiento. “El Señor puede obrar por juicios que derriban las fortalezas del enemigo o por avivamientos que construyen los muros de su propia Jerusalén”.
Persigue la Palabra de Dios
Los que más conocen sus testimonios son los que más ven sus maravillas. Uno que sigue en comunión con Dios nunca deja de maravillarse de su Palabra. Esta actitud maravillada no resulta en especulaciones vanas sobre los testimonios de Dios, sino en obedecerlos.
La exposición (de un vocablo que significa “puerta”, “apertura” o “abrirse”. El Espíritu Santo “abre” la Palabra de Dios al creyente; también usa a expositores fieles que la exponen al pueblo de Dios. Así los ingenuos (o, mejor, “gente sencilla”) entienden. Dios sigue haciendo lo mismo; todo creyente debe hacer todo lo posible para conocer la Palabra de Dios.
La obra de Dios en el corazón produce el anhelo del versículo 131; y esto le dirige a la petición del versículo 132. Pide que Dios actúe de acuerdo con su Palabra y por medio de ella. Su Palabra escrita es efectiva sólo cuando Dios la usa, solamente en el poder de Dios.
La frase como acostumbras traduce el heb. mishpat “juicio”, el singular de la palabra “juicios” en otros versículos. Si lo tomamos en sentido adverbial, como la traducción aquí, este versículo es uno de los dos que no contienen un sinónimo de la Palabra de Dios. Si lo tomamos en sentido de “juicio”, “según es tu norma” (o “juicio”), se puede considerar como sinónimo también, dejando solamente el versículo 122 sin tal sinónimo.
Haz que tu rostro resplandezca hace eco de la bendición en Num 6:24-26. Es lo que siempre necesitamos; este resplandecer trae luz y todo lo bueno, incluyendo la enseñanza de sus leyes (estatutos). El versículo 136 muestra el crecimiento del salmista; ahora está tan unido al corazón de Dios que le da tristeza cuando otros no guardan su ley.
