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Salmo 119: Excelencias de la Ley Divina

A través de la estrofa el salmista pide que Dios mire y haga algo en su situación porque es perseguido injustamente. Apela a su propia fidelidad a la Palabra de Dios, no de jactancia sino porque Dios promete su liberación a los que le honran. A pesar del sufrimiento injusto, sigue amando sus ordenanzas y apela a la misericordia de Dios. Es buen ejemplo para todo creyente, pues el mal le causa disgusto y quiere conocer toda la Palabra de Dios porque la suma de ella es verdad. Nótese el énfasis en la Palabra de Dios como eterna en el último versículo de las últimas tres estrofas.

Sigue amando su palabra

Esta estrofa, como la de los versículos 97-104, no contiene ninguna petición a Dios. Más bien es un testimonio de amor a su Palabra. Los resultados de amar a Dios y su Palabra se ven a través de la estrofa: fortaleza aun frente a la oposición de príncipes, gran gozo, rechazo de la mentira y la falsa religión, una actitud continua de alabanza, paz y seguridad y confianza delante de Dios.

Los contrastes y figuras dan un dinamismo literario a la estrofa. El temor de Dios elimina el temor del príncipe porque Dios es el gran rey. El que encuentra un botín o un tesoro abunda en gozo; así es la Palabra de Dios para el creyente. El que ama la ley de Dios aborrece la mentira. La palabra mentira a menudo se usa para hablar de falsos dioses y “abominar” se usa refiriéndose al odio de Dios contra costumbres paganas. Siete veces significa multiplicidad y plenitud; alaba a Dios constantemente.

En los últimos tres versículos de la estrofa, el salmista da testimonio de su actitud expectante, de su esperanza, de su amor a tus testimonios y de su obediencia. En las dos palabras, ordenanzas y testimonios, podemos ver un énfasis en lo práctico y en lo doctrinal; hay que guardar los dos.

Trae alabanza y oración al Señor

Esta última estrofa resume muchas peticiones del Salmo, por entendimiento, por liberación de peligros, por la enseñanza de Dios, por el canto de su lengua, por socorro en la persecución, por su salvación; todo con el fin de experimentar la vida de Dios, un avivamiento y que su vida alabe a Dios.

Toda su oración se basa en la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios en el salmista determina su entendimiento, su oración, su habla, su voluntad, sus emociones y su corazón, un corazón humillado delante de Dios.

Errante como oveja extraviada

A través del Salmo se nota un crecimiento espiritual, o una profundización de su comunión con Dios. Así es que cuanto uno más conoce y anhela la salvación de Dios, tanto más se goza en su Palabra. Cuando uno decide seguir al Señor, vendrá persecución; el salmista depende de Dios para su socorro (v. 173). El resultado de haber aprendido más no le hace sentirse orgulloso, más bien le hace rebosar de alabanza.

Después de todo lo que ha dicho el salmista en cuanto a su amor a la ley de Dios y su decisión de seguirla, puede sorprendernos su confesión del último versículo. Sin embargo, no lo hemos de ver en sentido de fracaso; más bien muestra la profunda actitud de humildad del salmista. A pesar de las alturas espirituales que ha vivido, reconoce que todavía es humano, todavía falla en muchas cosas, todavía necesita que Dios le guarde, le enseñe y le vivifique. Comentando el versículo. Spurgeon habla también de los que se han descarriado, cómo Dios perdona y sigue obrando. Mejor es no salir del camino, pero aun así no podremos jactarnos como el fariseo, sino tenemos que orar con el publicano: “Dios, ten misericordia de mí, un pecador”, y con el salmista: “Busca a tu siervo.”

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