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Salmo 119: Excelencias de la Ley Divina

Salmo 119:80 Sea íntegro mi corazón en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.

Salmo 119:81 k Caf. Mi alma desfallece por tu salvación; en tu palabra espero.

Salmo 119:82 Mis ojos desfallecen esperando tu palabra, mientras digo: ¿Cuándo me consolarás?

Salmo 119:83 Aunque he llegado a ser como odre al humo, no me olvido de tus estatutos.

Salmo 119:84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra mis perseguidores?

Salmo 119:85 Fosas me han cavado los soberbios, los que no están de acuerdo con tu ley.

Salmo 119:86 Todos tus mandamientos son fieles; con mentira me han perseguido; ¡ayúdame!

Salmo 119:87 Casi me destruyen en la tierra, mas yo no abandoné tus preceptos.

Salmo 119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia, para que guarde el testimonio de tu boca.

Salmo 119:89 l Lámed. Para siempre, oh SEÑOR, tu palabra está firme en los cielos.

La autoridad de la Palabra de Dios en nuestras vidas, LA PALABRA DE DIOS. Este texto considera la absoluta autoridad de la Palabra de Dios como algo inalterable y firmemente asegurado en el cielo. El pasaje señala:

1) Lo eterno del dominio divino mediante su Palabra. Aunque los tiempos y las estaciones cambian y las costumbres sociales, las opiniones humanas y las orientaciones filosóficas varían, ello no afecta la permanencia o la autoridad de la Palabra de Dios.
2) Dios es fiel en el ejercicio de su poder, en el cumplimiento de su promesa y las bendiciones de su Palabra, tanto como en su exigencia de justicia y juicio. Así como habló y la tierra fue creada y se sostiene, de la misma manera también ha hablado en cuanto a las leyes que rigen la vida. El relativismo del pensamiento humano no afecta su autoridad o sus normas.
3) Aunque la creación subsiste por su Palabra (todas las cosas creadas le sirven, versículo 91), el hombre contradice a menudo la autoridad del Creador. Pero, cualquiera que sea nuestra pasada rebelión, cuando acudimos a Cristo debe ocurrir una restauración de la Palabra de Dios como principio orientador de nuestras vidas. No sólo se declara esto en forma conclusiva en los evangelios por el mismo Jesús, sino que para Pablo, responder de otra manera, compromete el tipo de vida al cual hemos sido llamados. Como pueblo «espiritual» debemos rechazar las inclinaciones «naturales» de la humanidad caída. Al escuchar y rendirnos a la autoridad de la Palabra Divina, comprobamos que ya no somos dominados por el espíritu mundano del error.

Salmo 119:90 Tu fidelidad permanece por todas las generaciones; tú estableciste la tierra, y ella permanece.

Salmo 119:91 Por tus ordenanzas permanecen hasta hoy, pues todas las cosas te sirven.

Salmo 119:92 Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción.

Salmo 119:93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado.

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