Como un odre colgado en una tienda donde el calor y humo del fuego lo secan, así el salmista se siente cansado, arrugado y seco, pero sigue apegado a las leyes (los estatutos) de Dios. Dice que esta vida es corta; teme no vivir para ver el juicio de Dios sobre los malignos.
Los versículos 85-87 continúan el mismo tema, los enemigos arrogantes le ponen trampas, como hacen los cazadores de animales; le engañan y le hacen daño físicamente. Con todo, el salmista sigue creyendo las promesas de Dios y sigue obedeciendo sus ordenanzas. Pide que Dios le vivifique, siempre de acuerdo con la misericordia que se expresa tan claramente en su Palabra. Todo creyente, en todo problema de toda índole puede hacer la misma petición, basado en las mismas promesas.
Levántate con esperanza en su palabra
La estrofa anterior enfocó una situación desesperante; aquí se levanta la visión a lo permanente y eterno que es Dios y su palabra. El versículo 92 puede referirse a la aflicción de la estrofa anterior, pero Dios contestó; ahora el salmista entiende y experimenta más esta calidad sin límite de comunión con Dios basada en su Palabra.
Para siempre… en los cielos. El salmista habla de la tierra, la creación y la historia, pero por encima de todo lo cambiable que pueda ser la tierra está la Palabra de Dios. Tiene vigencia universal, no sólo en la tierra ni solamente en nuestro tiempo.
Las leyes de la naturaleza siguen en vigencia después de milenios; mucho más permanente es la Palabra de Dios. Sus promesas no se agotaron con las generaciones pasadas; en cinco, o diez, o veinte generaciones venideras será igualmente vigente.
Ya habría perecido. El salmista reconoce que solamente por la Palabra de Dios fue liberado; pero, a la vez, reconoce que su responsabilidad era deleitarse en la ley de Dios. Esta experiencia le da un desafío para el futuro: no olvidar nunca sus ordenanzas. El salmista habla todo esto basado en su propia experiencia. “Qué bendición es tener los preceptos escritos en el corazón con la pluma dorada de la experiencia, y grabados en la conciencia con el divino lápiz de la gracia”.
En los versículos 94 y 95 el salmista todavía habla de oposición. Los impíos son enemigos naturales de las personas piadosas y los pensamientos santos. En el versículo 96 se nota el contraste entre todo lo terreno y la Palabra de Dios. Aun lo que parece perfecto es limitado, pero Dios y su Palabra no tienen límites. El creyente en comunión con Dios encuentra que el Espíritu Santo siempre le está enseñando más maravillas de su Palabra.
Medita en su ley
No hay ninguna petición a Dios en esta estrofa, pero presenta una reflexión preciosa. El secreto de la profundización en la comunión con Dios es la meditación y la obediencia. Es decir, el creyente reflexiona sobre la Palabra de Dios y su aplicación a su propia vida, siempre con el propósito de obedecer a Dios
¡Cuánto amo tu ley! es una exclamación; es un amor sincero que es resultado de la meditación y se dirige a la meditación. Esta meditación en la Palabra de Dios hace que, en cuanto a sabiduría y entendimiento, el salmista supere a sus enemigos, sus instructores y los ancianos. No hay sustituto; por más brillante que sea un profesor, si no está abierto a la obra de Dios en su vida, estará ciego a los mayores valores. “Los discípulos sencillos de Cristo que se sientan a sus pies, a menudo son más hábiles en asuntos divinos que los doctores de teología”.
