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Marcos 1: El principio de la historia

Cuando Billy Graham predicó en Shreveport, Lousiana, las ventas de licores descendieron un 40 %, y la venta de biblias se triplicó. Durante una misión en Seattle, entre los resultados se dijo sencillamente: « Se cancelaron varios trámites de divorcio que estaban pendientes.» En Greensboro, North Carolina, el informe fue que « la estructura social total de la ciudad había sido afectada positivamente.»

Una de las grandes historias de lo que el Evangelio puede hacer surgió de la « rebelión a bordo» del navío Bounty. Los amotinados fueron desembarcados en la isla de Pitcairn. Había nueve amotinados, seis varones nativos, diez mujeres nativas y una chica de 15 años. Uno de ellos consiguió producir alcohol crudo. Se produjo una situación terrible. Todos murieron, excepto Alexander Smith. Resultó que Smith se encontró una Biblia. La leyó, y decidió construir un estado con los indígenas de aquella isla basado directamente en la Biblia. Pasaron veinte años antes de que una corbeta americana atracara en la isla. Encontraron una comunidad totalmente cristiana. No había cárcel, porque no había crímenes. No había hospital, porque no había enfermedades. No había manicomio, porque no había locos. No había analfabetos; y en ningún lugar del mundo estaban tan seguras la vida y la propiedad humanas. El Evangelio había limpiado aquella sociedad.

Donde y cuando se Le permite la entrada a Cristo, el antiséptico del Evangelio limpia el veneno moral de la sociedad y la deja pura y limpia.

Juan vino anunciando un bautismo de -arrepentimiento. Los judíos estaban familiarizados con las abluciones rituales. Levítico 11-15 nos las detalla. « Los judíos -dice Tertuliano- se lavan todos los días porque todos los días están contaminados.» El lavamiento simbólico y el de purificación estaban entretejidos en la misma textura del ritual judío. Un gentil era inmundo por necesidad, porque nunca había cumplido nada de la ley judía. Por tanto, cuando un gentil se hacía prosélito, es decir, cuando se convertía a la fe judía, tenía que someterse a tres cosas. La primera era la circuncisión, que era la señal del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento; la segunda, se tenía que ofrecer un sacrificio por él, porque estaba necesitado de reconciliación con Dios, y sólo la sangre podía hacer expiación por su pecado; y la tercera, tenía que someterse al bautismo, que simbolizaba su purificación de toda la contaminación de su vida pasada. Por tanto, naturalmente, el bautismo no consistía en rociar con un poco de agua, sino en un baño en el que todo el cuerpo se sumergía.

Los judíos conocían el bautismo; pero lo sorprendente del bautismo de Juan era que él, un judío, estaba pidiéndoles a los judíos que se sometieran, laque se suponía que los gentiles eran los únicos que lo necesitaban. Juan había hecho el tremendo descubrimiento de que no era el ser judío en el sentido racial lo que hacía ser miembro del pueblo escogido de Dios; un judío podía encontrarse en exactamente la misma posición que un gentil; no la vida judía, sino la vida limpia era lo que pertenecía a Dios.

El bautismo iba acompañado de la confesión. En cualquier vuelta a Dios, la confesión ha de hacerse a tres personas.

(i) Una persona tiene que hacerse la confesión a sí misma. Es parte de la naturaleza humana el cerrar los ojos a lo que no queremos ver, y sobre todo a nuestros propios pecados. Alguien contó de la siguiente manera cómo dio el primer paso hacia la gracia. Cuando se estaba afeitando una mañana, se miró la cara al espejo, y de pronto se dijo: « ¡Eres un cerdo asqueroso!» Y desde ese día empezó a ser otro hombre.

Cuando el hijo pródigo se marchó de casa se creería un tipo simpático y aventurero. Antes de dar el primer paso de vuelta al hogar tuvo que mirarse a sí mismo y decirse: «Me levantaré, y volveré a casa, y le diré a mi padre que soy un desastre.»

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