(iii) Los escribas tenían la obligación de dar el veredicto en casos individuales; porque era un hecho que cualquier caso individual tenía que plasmarse en una nueva ley.
¿Por qué era la enseñanza de Jesús tan diferente de la de los escribas? Porque Jesús enseñaba con autoridad personal. Ningún escriba daba nunca un veredicto por sí mismo. Siempre empezaba diciendo: «Hay una enseñanza de que…» Y entonces citaba todas sus autoridades. Si hacía una afirmación, la respaldaba con esta y esa y aquella citas de los grandes maestros legales del pasado. Jamás se le ocurriría emitir un juicio personal. ¡Qué diferente era Jesús! Cuando Él hablaba, no necesitaba citar ninguna autoridad fuera de Sí mismo: Hablaba con una independencia absoluta. No citaba autoridades ni mencionaba a expertos. Hablaba con la autoridad de la voz de Dios. Para los que Le escuchaban era como percibir una brisa del Cielo. La seguridad tremenda y positiva de Jesús era la antítesis de las cuidadosas citas de los escribas. La nota de autoridad personal resonaba en todas Sus palabras -y esa es la nota que capta la atención de todas las personas.
LA PRIMERA VICTORIA SOBRE LOS PODERES DEL MAL
Marcos 1:23-28
Había en la sinagoga un hombre -al que tenía en s garras un espíritu inmundo. De pronto, se puso a grita
-¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús Nazaret? -dijo-. Has venido a destruirnos. Sé m bien Quién eres: el Santo de Dios.
Jesús le reprendió seriamente, y le dijo:
-¡Cállate, y sal de él!
EL espíritu inmundo le produjo convulsiones al hombre, y le hizo dar gritos, y finalmente salió de él. Todos los presentes estaban tan alucinados que no hacían que preguntarse unos a otros:
-¿Qué es esto? ¡Es una nueva clase de enseñanza! Le da órdenes con autoridad hasta a los espíritus inmundos, y Le obedecen.
Y la noticia de Jesús se difundió en seguida por todo los aledaños del distrito de Galilea.
Si las palabras de Jesús habían sorprendido a la gente d la sinagoga, Sus obras los dejaron alucinados. En aquella sinagoga había un hombre al que tenía dominado un espíritu inmundo. Este armó una gran confusión, y Jesús le sanó.
En los evangelios nos encontramos constantemente cono personas que tenían espíritus inmundos y que estaban poseídas por demonios o diablos. ¿Qué había detrás de todo eso?
Los judíos, y por supuesto todos los pueblos de la antigüedad, creían firmemente en los demonios y los diablos. Como dijo Harnack: «Todo el mundo y la atmósfera que lo circundaba estaban llenos de diablos; no solamente la idolatría, sino todas las fases y las formas de la vida estaban gobernadas por ellos. Se sentaban en los tronos, jugueteaban en las cunas. La Tierra era literalmente un infierno.»
El doctor A. Rendle Short cita un hecho que muestra la intensidad con que el mundo antiguo creía en los demonios. En muchos cementerios antiguos se han encontrado cráneos trepanados; es decir, en los que se había hecho un agujero. En un cementerio, seis cráneos de ciento veinte estaban trepanados. Con la técnica quirúrgica limitada de que disponían, aquella no era una operación fácil. Además, estaba claro que los habían trepanado en vida porque el hueso había crecido después de la operación. También estaba claro que el agujero del cráneo era demasiado pequeño para tener ninguna utilidad quirúrgica; y se sabe que el disco de hueso que se extraía se llevaba colgado al cuello como un amuleto. La razón para estas trepanaciones era permitir que el demonio escapara del cuerpo de la persona. Si los cirujanos primitivos estaban dispuestos a realizar tal operación, y las personas dispuestas a sufrirla, la creencia en la posesión diabólica tiene que haber sido real.
