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Marcos 1: El principio de la historia

(iv) Su mensaje era eficaz porque señalaba a algo y a alguien más allá de sí mismo. Le decía a la gente que si bautismo los empapaba de agua, pero el que venía lo empapa del Espíritu Santo; y mientras el agua podía limpiar el cuerpo de una persona, el Espíritu Santo podía limpiar su vida interior y corazón. El doctor G. J. Jeffrey tenía una ilustración favorita: Cuando estaba haciendo una llamada telefónica por medio del operador y había algún retraso, el operador solía decir: «Estoy tratando de ponerle a usted en contacto.» Y cuando estaba establecido el contacto, el operador se desvanecía y le dejaba en contacto directo con la persona con la que quería hablar.

El único propósito de Juan era no ocupar él mismo el centro de la escena, sino tratar de poner a las personas en contacto con Uno Que era más grande y poderoso que él. Y la gente le escuchaba porque él no se señalaba a sí mismo, sino al Que todas las personas necesitaban.

EL DÍA DE LA DECISIÓN

Marcos 1:9-11

Por aquellos días llegó Jesús de Nazaret de Galilea, y Juan Le bautizó en el Jordán. Y tan pronto como salió Jesús del agua vio que los cielos se abrían, y el Espíritu descendía sobre Él como si fuera una paloma. Y vino una voz del Cielo:

-Tú eres Mi Hijo amado; en Ti me complazco plenamente.

Para cualquiera que piense un poco, el bautismo de Jesús presenta un problema. El bautismo de Juan era un bautismo de arrepentimiento, y concernía a los que eran consecuentes de sus pecados y deseaban expresar su decisión de acabar con ellos. ¿Qué tenía que ver tal bautismo con Jesús? ¿No estaba Él sin pecado, y no era tal bautismo innecesario y hasta irrelevante por lo que a Él se refería? Para Jesús el bautismo representaba cuatro cosas.

(i) Fue el momento de decisión. Había pasado treinta en Nazaret cumpliendo fielmente con Su trabajo cotidiano con Sus obligaciones familiares. Había comprendido que ha llegado Su hora de manifestarse, y estaba esperando una señal. El surgimiento de Juan fue esa señal. Este, reconoció Él, el momento en que tenía que lanzarse a cumplir Su misión.

En todas las vidas hay un momento decisivo que hay que aceptar o rechazar. Aceptarlo es realizarse; rechazarlo es fracasar. La vida que rehuye la decisión es la vi gastada, frustrada, fracasada, y a menudo trágica. La vida q se deja arrastrar a la deriva no es nunca la vida feliz. Jesús cuando surgió Juan que había llegado para Él el momento la decisión. Nazaret era tranquilo, y Su hogar dulce; pero Jesús acudió a la cita y al desafío de Dios.

(ii) Fue el momento de la identificación. Es verdad que Jesús no necesitaba arrepentirse del pecado; pero había en pueblo un movimiento de vuelta a Dios; y Él decidió identificarse con ese movimiento hacia Dios. Puede que uno tenga tranquilidad y comodidad y riqueza, y sin embargo se ¡den fique con un movimiento a favor de los marginados, los oprimidos, los explotados y los desafortunados. La identificación realmente grande es la del que se identifica con un movimiento no por lo que pueda sacar para sí mismo, sino para otros. El sueño de Juan Bunyan, Cristiano se unió con Intérprete en su viaje hacia el Palacio que estaba sumamente guardado y que requería luchas para entrar en él. Había un hombre sentado a la puerta, con una pluma y tinta, para escribir los nombres d los que se arriesgaran al asalto del Palacio. Todos se iban retirando, cuando Cristiano vio «a un hombre de firme rostro dirigirse al que estaba allí sentado para escribir, y decirle: «Señor, apunte mi nombre.»» Cuando se esperan grandes cosas; el cristiano está obligado a decir: «Señor, apunta mi nombre,» porque eso fue lo que, hizo Jesús cuando vino a bautizarse.

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