Consuelo deben también sentir los que realmente están sirviendo a Cristo y se hallan sin embargo agonizados con la idea de su debilidad. Muchos se encuentran en ese caso. Dudas y ansiedades los angustian, y algunas veces se imaginan que no llegarán nunca a alcanzar el cielo. Que no teman, su fuerza estará a la altura de sus pruebas. Las dificultades que ahora los asustan desaparecerán de su camino, y el león que los cerraba encontrarán que está encadenado. La misma mano misericordiosa que primero los tocó y curó, los sostendrá, robustecerá y guiará hasta el fin de su carrera. El Señor Jesús no perderá ninguna de sus ovejas, pues que a los que ama y perdona, los ama sin término. El alma curada continuará siempre sirviendo al Señor». La gracia conduce siempre a la Gloria.
Marcos 1:35-39
Todos los hechos de la vida de nuestro Señor, mientras estuvo en la tierra, y todas las palabras que salieron de sus labios, deben ser muy interesantes para todo cristiano verdadero. En el pasaje que acabamos de leer notamos un hecho y unas palabras que merecen una minuciosa atención.
Se nos da en él, ante todo, un ejemplo de los hábitos de nuestro Señor Jesucristo respecto al empleo de la plegaria privada. Se nos dice que «levantándose muy de mañana, aun muy oscuro, salio, y se fue a un lugar desierto, y allí oraba».
En la historia evangélica se nos referirá con frecuencia al mismo hecho respecto a nuestro Señor. Cuando fue bautizado, se nos dice, que estaba «orando».
Lucas 3.21. Cuando su transfiguración, se nos dice también, que «mientras oraba, se cambió el aspecto de su rostro». Lucas 9.29. Antes de elegir a los doce apóstoles, se nos vuelve a decir que «permaneció toda la noche en oración a Dios» Lucas. 6.12. Cuando todos hablaban bien de El y estuvieron a punto de hacerlo rey, se nos dice que «subió a una alta y apartada montaña para orar». Marco. 14.23. Cuando fue tentado en el jardín de Getsemaní, dijo, «Permaneced aquí sentados, mientras Yo esté orando». Marcos 14.23. En una palabra, nuestro Señor oraba siempre sin cansarse. Aunque en El no había pecado, nos presenta el ejemplo de una comunión incesante con su Padre. Su divinidad no le impide emplear como hombre todos los medios. Su misma perfección se mostraba en el ejercicio perfecto de la oración.
Esto nos prueba la importancia inmensa de la devoción privada. Si Aquel que era «santo, inocente, inmaculado, y estaba separado de los pecadores», oraba así continuamente ¿Cuánto más no deberemos hacerlo nosotros que estamos sujetos a tantas debilidades? Si creía necesario alzar sus súplicas con lamentos y lágrimas ¿cuánto más necesario no lo será para nosotros, que en tantas cosas ofendemos a Dios diariamente? ¿Qué diremos, teniendo ante la vista este pasaje, a los que nunca oran¡ Témome que hay muchos que así se manejan entre los que profesan ser cristianos, muchos que se levantan por la mañana minorar, y que sin pronunciar una oración se acuestan de noche: muchos que nunca dirigen una palabra a Dios. ¿Son cristianos? Imposible es darles ese nombre. Un Señor que estaba siempre orando, como Jesús, no puede tener siervos que no lo hagan. El Espíritu de adopción influirá siempre en el hombre para que clame a Dios. No orar es no creer en Cristo, ni en d, y encontrarse en mundo de la perdición.
¿Qué diremos a los que oran, pero que dedican muy poco tiempo a sus plegarias? Tenemos que decirles que muestran muy poco del espíritu que animaba a Cristo. Como piden poco, deben esperar conseguir poco; y como poco buscan, no puede sorprenderles el poseer poco. Se verá siempre que cuando las oraciones son escasas, la gracia, la fuerza, la paz y la esperanza son escasas.
Empeñémonos santamente en fortalecer nuestro hábito de orar. Ese es el pulso de nuestro cristianismo, la verdadera piedra de toque de nuestra condición espiritual. Así es como la verdadera religión empieza a desarrollarse en el alma; y cuando el hombre comienza a quedarse rezagado y a apartarse de Dios, empieza a perder el hábito de orar. Sigamos las huellas de nuestro bendito Maestro en esto como en todo lo demás. Seamos diligentes como El en nuestras oraciones privadas, y aprendamos lo que es «dirigirse a lugares apartados y orar».
