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Marcos 1: El principio de la historia

Aprendamos, por último, en estos versículos, que hay tiempos en que debemos guardar silencio respecto a las obras de Cristo, y otros en que debemos proclamarlas.

Esta verdad se nos enseña de una manera muy notable. Vemos a nuestro Señor que encarga estrictamente a este hombre que no hable a nadie de su curo, que «no diga a ninguna persona» Vemos después a este hombre desobedecer esta orden en el ardor de su celo, y publicar y «vociferar» por do quiera su curación; y se nos dice que todo ello tuvo por resultado que Jesús «no pudiera volver a entrar en la ciudad, sino que estaba fuera en lugares solitarios.

Esta es una lección profunda e importante, aunque sea dificultoso aplicarla rectamente. Claro es que hay épocas en que el Señor quiere que trabajemos para El con quietud y en silencio, antes que atraer la atención pública con un celo ruidoso. Hay un celo que «no es ilustrado» y otro que es el verdadero y digno de alabanza. Todo es bello en su sazón. En algunos casos podemos con tranquilidad y paciencia servir mejor que de otra manera cualquier la causa de nuestro Maestro. No debemos «dar lo que es santo a los perros» ni «arrojar perlas ante los cerdos» por olvidar estas reglas podemos hacer más mal que bien y retardar la causa que deseamos ayudar.

No hay duda que el punto es delicado y de difícil apreciación. Es incuestionable que la mayoría de los cristianos se siente muchos más inclinada a guardar silencio respecto a su glorioso Señor, que a confesarlo delante de los hombres -y no necesitan tanto de la brida como del acicate. Pero tambpoco puede negarse que hay un tiempo para caca cosa; y conocer ese tiempo debe ser el gran empeño de todos los cristianos. Hay hombres muy buenos que tienen más celo que discreción y que hasta ayudan al enemigo de la verdad con palabras y actos inoportunos.

Pidamos todos nosotros a Dios que nos conceda el Espíritu de sabiduría y la firmeza de alma. Empeñémonos en descubrir diariamente la senda de nuestro deber, y diariamente impetremos discreción y buen sentido. Seamos valientes como leones para confesar a Cristo y no temamos «hablar de El ante los príncipes», si necesario fuere. Pero no olvidemos jamás que la «Sabiduría es provechosa para guiar» Ecl. 10.11, y guardémonos de hacer daño con un celo mal entendido.

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