(b) Estaba la ropa que llevaba: una túnica tejida de pelo de camello sujeta por la cintura con un cinto de cuero. Así era como había vestido Elías (2Ki_1:8 ). Al ver a este hombre, uno se acordaba, no de los oradores de moda del momento, sino de los antiguos profetas, que vivían al borde de las grandes sencilleces y evitaban los lujos blandos y afeminados que matan el alma.
(c) Estaba la comida de que se alimentaba: langostas y miel silvestre. Resulta que las dos palabras se prestan a dos interpretaciones. Las langostas podían ser los saltamontes que la Ley permitía comer Lev_11:22 s); pero también puede que fuera una especie de judía o fruto seco, el jarob, la algarroba, que era el alimento de los más pobres de los pobres. La miel puede que fuera la que hacían las abejas silvestres; o puede que fuera una especie de sabia dulce que destila la corteza de algunos árboles. No importa mucho lo que quieran decir las palabras exactamente. En cualquier caso, la dieta de Juan era de lo más simple.
Así surgió Juan. La gente tenía que prestarle atención a un hombre así. Se decía de Carlyle que «predicó el evangelio del silencio en veinte volúmenes.» Muchos vienen con un mensaje que niegan con sus vidas, con una cómoda cuenta corriente y predicando que no se deben hacer tesoros en la Tierra. Muchas personas exaltan las bendiciones de la pobreza desde un hogar confortable y aun lujoso. Pero en el caso de Juan, el hombre era el mensaje, y por eso le escuchaba la gente.
(ii) Su mensaje era eficaz porque le decía a la gente lo que ya sabía en lo más íntimo del corazón, y le traía lo que estaba esperando en lo más hondo del alma.
(a) Los judíos tenían un dicho: «Si Israel cumpliera la Ley de Dios perfectamente un solo día, el Reino de Dios se haría realidad.» Cuando Juan convocó al pueblo al arrepentirme estaba invitando a una decisión que todos sabían en lo más íntimo de su corazón que debían hacer. Mucho tiempo ante Platón había dicho que la educación no consistía en decirle a la gente cosas nuevas, sino en extraer de su memoria lo que ya sabía. Ningún mensaje es tan eficaz como el que habla la propia conciencia de la persona, y ese mensaje llega a se casi irresistible cuando el que lo presenta es una persona que tiene derecho a hablar.
(b) El pueblo de Israel era plenamente consciente de que hacía trescientos años que había estado callada la voz de 1 profecía. Estaba esperando alguna auténtica palabra de Dio; Y en Juan la oyó. Al experto se le puede reconocer en cualquier estrato de la vida. Un famoso violinista nos dice que tan pronto como Toscanini llegaba al atril la orquesta sentía una ola de autoridad que fluía de él hacia ella. Reconocemos en seguid al médico que tiene verdadera ciencia. Reconocemos instantáneamente al conferenciante que domina su tema. Juan había venido de Dios, y no lo podía por menos de notar cualquier que le oyera.
(iii) Su mensaje era efectivo porque él era totalmente humilde. Su propio veredicto acerca de sí mismo era que no merecía hacer ni la labor de un esclavo. Las sandalias estaba hechas sencillamente de una suela de material que se sujetaba al pie con unas correas que pasaban entre los dedos. La; carreteras no estaban pavimentadas. En tiempo seco estaba llenas de polvo, y en tiempo húmedo, de barro. El quitarle la; sandalias al que llegaba a la casa era algo que no correspondía nada más que a un esclavo. Juan no esperaba nada para s mismo, y sí todo para el Cristo al Que proclamaba. Se olvidaba totalmente de sí mismo, se entregaba totalmente, se perdí totalmente en su mensaje, y eso era lo que hacía que la gente le escuchara.
