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Marcos 1: El principio de la historia

(iii) Tenemos la palabra creed. «Creed -dice Jesús- la buena noticia.» Creer la Buena Noticia quiere decir simplemente tomarle la palabra a Jesús, creer que Dios es la clase de Dios que Jesús nos ha presentado, creer que Dios ama de tal manera al mundo que hará cualquier sacrificio para hacerlo volver a Él, creer que lo que nos parece demasiado bueno para ser verdad es verdad en realidad.

JESÚS ESCOGE A SUS AMIGOS

Marcos 1:16-20

Cuando Jesús iba andando por la orilla del Marcos de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces Jesús les dijo:

-¡Seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres!

Y ellos dejaron las redes al momento, y Le siguieron. Jesús fue un poco más adelante y vio a Santiago hijo de Zebedeo y a su hermano Juan que estaban en la barca remendando las redes. Acto seguido, Jesús los llamó, «y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con sus empleados y siguieron a Jesús.

Tan pronto como Jesús hizo Su decisión y escogió Su método, Se puso a preparar Su personal. Un líder tiene que empezar en alguna parte. Tiene que conseguirse un grupo reducido de almas semejantes a quienes pueda descargar su propio corazón y en cuyos corazones pueda escribir su mensaje. Así es que Marcos nos muestra aquí a Jesús literalmente echando los cimientos de Su Reino y llamando a Sus primeros seguidores.

Había muchos pescadores en Galilea. Josefo, el gran historiador de los judíos, que fue gobernador de Galilea, nos dice que en su tiempo había trescientas treinta barcas de pesca en las aguas del lago. Las personas corrientes de Palestina rara vez comían carne, probablemente no más de una vez por semana. El pescado era su dieta diaria (Luk_11:11 ; Mat_7:10 ; Mar_6:30-44 ; Luk_24:42 ). Lo más corriente era salar el pescado, porque no había medios para transportarlo fresco. El pescado fresco era una de las golosinas de las grandes ciudades como Roma. Los mismos nombres de las poblaciones alrededor del lago muestran la importancia del negocio del pescado. Betsaida quiere decir Casa de pescado; Tariquea quiere decir Lugar del pescado salado, y era allí donde preparaba el pescado para exportarlo a Jerusalén y aun a 1 misma Roma. La industria del pescado salado era un negocio importante en Galilea.

Los pescadores usaban dos clases de redes, que se mencionan o se implican en los evangelios. Usaban la red que llama ban saguéné. Esta era una clase de red barredera. Se dejaba cae desde la punta de la barca, y tenía pesas que la hacían mantenerse, digamos, de pie en el agua. Entonces la barca se movía hacia adelante tirando juntamente de los cuatro extremos de la red, que era como un gran saco que se moviera por el agua encerrando a los peces. La otra clase de red, la que estaban usando aquí Pedro y Andrés, se llamaba amfíbléstron. Era mucho más pequeña; se echaba al agua hábilmente a mano, y tenía la forma como de una sombrilla.

Naturalmente, es de sumo interés estudiar a los hombres que escogió Jesús como Sus primeros seguidores.

(i) Debemos fijarnos en lo que eran. Eran personas sencillas. No procedían de las escuelas ni de los colegios; no eran eclesiásticos ni aristócratas; no eran ni eruditos ni adinerados. Eran pescadores. Es decir: eran gente corriente y moliente. Nadie creyó tanto en las personas normales y corrientes como Jesús. Una vez dijo George Bemard Shaw: «No he sentido nunca ningún interés en las clases trabajadoras, excepto el deseo de acabar con ellas y reemplazarlas por personas sensatas.» En The Patrician -El Patricio-, John Galsworthy hace decir a Miltoun, uno de sus personajes: «¡La masa! ¡Cómo me repugna! Aborrezco su mezquina estupidez, me repelen el sonido de su voz y sus gestos, ¡tan vulgares, tan insignificantes!» Una vez declaró Carlyle en un momento de mal genio que había veintisiete millones de personas en Inglaterra -¡la mayor parte, estúpidos! Jesús no tenía esa actitud. Lincoln decía: «Dios- tiene que querer mucho a las personas corrientes por eso ha hecho tantas.» Era como si Jesús dijera: «Dadme doce personas normales y corrientes, y con ella si se entregan a Mí, cambiaré el mundo.» Uno no debería pensar tanto en lo que es como en lo que Jesucristo puede hacer con él.

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