Debemos recordar que aquellas personas de la antigüedad sabían lo que era el esfuerzo, el anhelo, el sueño de identificación con su dios y de la bendición de recibirle en su interior. No entenderían frases como comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre con un literalismo crudo. Sabrían algo de la experiencia inefable de unión, más íntima que ninguna unión material, de la que hablan estos versículos. Este era un mensaje que podía entender el mundo antiguo, y nosotros también.
Será bueno que recordemos que Juan está haciendo aquí lo que hace a menudo. No está reproduciendo, ni intentando reproducir, las mismísimas palabras de Jesús. Ha pasado setenta años pensando en lo que dijo Jesús; y ahora, guiado por el Espíritu Santo, nos transmite el significado espiritual de Sus palabras. No son las palabras lo que Juan reproduce -eso no habría sido más que la aportación de un buen reportero-;sino el sentido espiritual de las palabras: esa es la dirección del Espíritu Santo.
SU CUERPO Y SU SANGRE
Veamos ahora si podemos descubrir algo de lo que quiso decir Jesús y de lo que entendió Juan de palabras como éstas. Podemos tomar este pasaje de dos maneras.
(i) Podemos tomarlo en sentido general. Jesús habló de comer Su carne y beber Su sangre.
Ahora bien: la carne de Jesús era Su completa humanidad. Juan, en su primera carta, establece casi apasionadamente: «Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios.» De hecho, el espíritu que niega que Jesús ha venido en la carne es del anticristo (1Jo_4:2-3 ). Juan insistía en que debemos aferrarnos y no soltarnos nunca de la plena humanidad de Jesús, Que fue carne de nuestra carne y hueso de nuestro hueso. ¿Qué quiere decir esto? Jesús, como hemos visto una y otra vez, era la Mente de Dios Que se había presentado como una Persona. Esto quiere decir que, en Jesús, Dios ha asumido la vida humana, enfrentándose con nuestras situaciones, luchando con nuestros problemas, resistiendo nuestras tentaciones, sufriendo nuestros dolores y desarrollando nuestras relaciones humanas.
Por tanto, es como si Jesús dijera: «Alimentad vuestro corazón, vuestra mente y vuestra alma con Mi humanidad. Cuando estéis desanimados o desesperados, mordiendo el polvo y asqueados de la vida… ¡acordaos de que Yo tomé esa vida vuestra y esas luchas vuestras sobre Mí!» Y veremos que, de pronto, la vida y la carne se revisten de gloria, porque Dios ha dejado en ellas Su huella. Ha sido y es la gran convicción de la cristología griega ortodoxa que Jesús deificó nuestra carne al asumirla. El comer el cuerpo de Cristo es alimentarnos con el pensamiento de Su humanidad hasta que nuestra propia humanidad se fortalezca y limpie e impregne de la Suya.
Jesús dijo que hemos de beber Su sangre. En el pensamiento judío, la sangre representa la vida. Es fácil comprender por qué: cuando uno se desangra por una herida, se le va la vida. Además, para los judíos la sangre pertenece a Dios. Por eso, hasta el día de hoy, ningún judío fiel comerá carne que no haya sido completamente drenada de la sangre. «Pero carne con su vida, es decir, su sangre, no comeréis» (Gen_9:4 ). «Solamente que no comas su sangre: sobre la tierra la derramarás como agua» Deu_15:23 ). Ahora volvamos a lo que dice Jesús: «Tenéis que beber Mi sangre; es decir, poner Mi vida en el mismo centro de vuestro ser; y esa vida Mía es una vida que pertenece a Dios.» Cuando Jesús dijo que tenemos que beber Su sangre, quería decir que tenemos que recibir Su vida en lo más íntimo de la nuestra.
¿Qué quiere decir eso? Pensadlo así: figuraos que hay en un estante un libro que una persona no ha leído nunca. Puede que sea el Quijote, la más grande novela de la literatura universal; pero, mientras siga sin leerla, estará fuera de esa persona. Un buen día la toma en sus manos y la lee. La emociona, encanta y conmueve. Argumento y personajes quedan en su memoria; y, a partir de entonces, siempre que quiera, puede recuperar esa maravilla que tiene en su interior, y recordarla y meditarla y saborearla, y alimentar su mente y su corazón con ella. Hubo un tiempo en que aquel libro estaba fuera de la persona. Ahora está dentro de ella, y se puede alimentar de él.
Así sucede con todas las grandes experiencias de la vida: están fuera de nosotros hasta que las asumimos.
Eso es lo que sucede con Jesús. Mientras no sea para nosotros más que el personaje de un libro, está fuera de nosotros; pero cuando entra en nuestro corazón, podemos alimentarnos de la vida y la fuerza y la vitalidad que Él nos da. Jesús dijo que hemos de beber Su sangre. Está diciéndonos: «Tenéis que dejar de pensar en Mí como el tema de una discusión teológica; tenéis que recibirme en vuestro interior y entrar en Mi interior, y entonces tendréis la vida verdadera.» Eso era lo que quería decir Jesús cuando hablaba de morar en Él y Él en nosotros.
