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Juan 6: Los panes y los peces

6.67, 68 Después que muchos de los seguidores lo abandonaron, Jesús preguntó a los doce discípulos si también lo dejarían. Pedro respondió: «¿A quién iremos?» En su estilo directo, Pedro respondió por todos nosotros: no hay otro camino. A pesar de que existen muchas filosofías y autoridades autoproclamadas, únicamente Jesús tiene palabras de vida eterna. La gente busca la vida eterna por todas partes y no ven a Cristo, la única fuente. Permanezca con Jesús, sobre todo cuando esté confundido o se sienta solo.

6.70 Como respuesta al mensaje de Jesús, algunas personas se fueron; otros se quedaron y creyeron de verdad; y algunos, como Judas, se quedaron pero intentaron usar a Jesús para ganancia personal. Muchas personas hoy en día se alejan de Cristo. Otros fingen seguir, asistiendo a la iglesia por una cuestión social, para recibir aprobación de familia y amigos, o relaciones de negocio. Pero en realidad solo hay dos respuestas posibles a Jesús: lo acepta o lo rechaza. ¿Cómo ha respondido a Cristo?

6.71 Si desea más información sobre Judas, véase su perfil en Marcos 14.

Juan 6:1-14

En estos versículos se nos describe uno de los milagros más notables que jamás hizo nuestro Señor. Ninguno de sus actos fue ejecutado tan públicamente, y en presencia de tantos testigos. Pero hay otro hecho en relación a este milagro que merece particular atención, y es que de todos los que registran los Evangelios este es el único que se encuentra en todos cuatro.

En ese milagro percibimos, primeramente, el poder infinito de Jesucristo. Nuestro Señor alimentó a cinco mil hombres con cinco panes de cebada y dos pececillos. Que un hecho portentoso tuvo lugar lo prueba la circunstancia de que quedaron doce canastas después que todos hubieron satisfecho el hambre. No cabe duda de que se ejerció un poder creador, puesto que se hizo existir algo que antes no existía, a diferencia de los milagros de sanar a los enfermos y resucitar a los muertos, en los cuales se restituía algo que antes había existido.

Este episodio sirve de instrucción y de consuelo a todos los que se empeñan en promover el bien de las almas, por cuanto demuestra que nuestro Señor es poderoso para salvar. No solo puede unir lo que esté roto, reconstruir lo que esté arruinado, y comunicar fuerza a lo que esté débil: puede hacer existir lo que antes no existía. No perdamos la esperanza de la salvación de persona alguna. Puede parecemos que tal o cual pecador se encuentran tan endurecidos o en edad tan avanzada que no pueden convertirse; mas la fe nos dirá: « Nuestro Señor puede crear así corno también puede renovar.

Nada es imposible para un Salvador que, por medio de su Espíritu, puede crear un corazón nuevo..

En estos versículos se nos enseña también algo acerca de las funciones de los ministros. Los apóstoles recibieron el pan de manos de nuestro Señor cuando él lo hubo bendecido, y lo repartieron entre la multitud. No fueron ellos quienes lo hicieron crecer y multiplicar, sino su Maestro. Fue Su poder el que suministró abundantes provisiones. a ellos les tocaba tan solo recibir con humildad y distribuir con fidelidad.

He aquí un emblema a lo vivo de los deberes que incumben al verdadero ministro del Evangelio. No es este una especie de Mediador entre Dios y los hombres, ni tiene poder para absolver del pecado o comunicar la gracia divina. Todos sus deberes se reducen a recibir el pan de la vida que provee su Maestro, y a distribuirlo en medio de sus feligreses. No puede hacer que los hombres estimen el pan en su debido valor y lo reciban, ni tampoco puede trasmitirle la virtud de salvar o de dar vida a persona alguna. Ese no es su deber, y por lo tanto, su responsabilidad no alcanza hasta allá. Una vez que haya distribuido el pan de vida, ha llenado sus funciones.

Este milagro nos suministra finalmente una lección acerca de la suficiencia del Evangelio para satisfacer las necesidades de toda la humanidad. Nuestro Señor satisfizo el hambre de una muchedumbre de cinco mil hombres. Los víveres parecían, en tales circunstancias, exiguos por demás. Parecía imposible llenar tantas bocas en semejante desierto con tan pocas provisiones. Pero pronto se demostró que no solo había bastante sino de sobra. Ni uno solo se quejó de no haberse llenado.

No hay duda que con ese hecho quiso enseñársenos que el Evangelio de Jesucristo es suficiente para proveer a las necesidades de todo al mundo. Aunque a los hombres les parezca necia é insignificante la sencilla historia de la cruz, por ella pueden salvarse todos los hijos de Adán. Las nuevas de la muerte de Jesucristo por los pecadores y de la expiación que de ella surgió, alcanza a conmover los corazones y satisfacer las conciencias de todos los hombres, cualquiera que sea su raza, su idioma o su grado de civilización. «La predicación de la cruz, a la verdad, insensatez es para los que se pierden; mas para los que se salvan, es a saber, para nosotros, poder de Dios es.» 1Co_1:18.

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